22 junio, 2026

La Arquidiócesis Primada de México ha calificado de “iniciativa necesaria y oportuna” la propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum de iniciar un diálogo nacional sobre la regulación de la inteligencia artificial (IA), con un enfoque particular en sus implicaciones para la educación y la niñez. Esta postura fue manifestada en el editorial del domingo 21 de junio de su semanario *Desde la Fe*, donde la Iglesia capitalina subrayó la velocidad y profundidad con la que la IA está transformando la vida cotidiana.

El semanario destacó que “pocas veces una transformación tecnológica ha avanzado con tanta velocidad y con un impacto tan profundo en la vida cotidiana de las personas” como ha sucedido con la inteligencia artificial. La IA, según el editorial, ya se ha integrado en el tejido empresarial, influye en la toma de decisiones en diversos sectores y, de manera prominente, ha irrumpido en las aulas, los hogares, los dispositivos móviles y las metodologías de aprendizaje de millones de estudiantes en todo el mundo. Este panorama resalta la urgencia de un marco regulatorio que aborde sus desafíos y oportunidades.

Durante su conferencia de prensa matutina del viernes 19 de junio, la presidenta Sheinbaum anunció la necesidad de que México “entre este año a esa discusión” sobre la IA. La mandataria compartió que ha profundizado en “varias partes de la encíclica del Papa León XIV”, *Magnifica humanitas*, que aborda no solo las implicaciones de la inteligencia artificial, sino también el control de las plataformas digitales. Sheinbaum enfatizó la preocupación por la concentración del poder en manos privadas y el funcionamiento de los algoritmos, factores que, a su juicio, plantean interrogantes fundamentales sobre la equidad y el acceso a la información.

“Lo planteo no como algo ‘de la Presidenta’, sino que es muy importante de revisar: el uso de la Inteligencia Artificial o de regularlo”, señaló Sheinbaum, poniendo un ejemplo claro en el ámbito educativo, donde “se usa demasiado la Inteligencia Artificial para poder hacer un trabajo. Y nadie dice si está bien o está mal”. Esta observación de la presidenta subraya la falta de criterios y guías claras en la aplicación de la IA en la formación académica, lo que puede tener repercusiones significativas en el desarrollo de las nuevas generaciones.

Desde la perspectiva eclesial, la Arquidiócesis de México insiste en que este debate trascienda los límites meramente tecnológicos o económicos. En su editorial, la Iglesia propone una reflexión más profunda, centrada en la humanidad. “La pregunta central no es solamente qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué tipo de personas queremos formar y qué sociedad deseamos construir con ella”, sentenció el texto, invitando a una visión antropológica que coloque a la persona en el centro de cualquier desarrollo tecnológico.

Al referirse a la encíclica *Magnifica humanitas* del Papa León XIV, la Arquidiócesis destacó la propuesta del Santo Padre sobre el criterio fundamental para este discernimiento: la custodia de la dignidad de la persona humana. El Pontífice sostiene que “toda innovación tecnológica debe estar al servicio del ser humano y no al revés”, un principio que debería guiar cualquier regulación o desarrollo en el campo de la IA. El Papa León XIV enfatiza que la tecnología, a pesar de ser una “herramienta extraordinaria”, nunca puede suplantar la búsqueda de la verdad, la formación del juicio crítico, la capacidad de razonamiento independiente, la construcción de relaciones humanas auténticas ni el descubrimiento del sentido trascendente de la vida.

Para la Iglesia en Ciudad de México, el riesgo principal no reside únicamente en la capacidad de las máquinas para realizar tareas de manera más eficiente que los seres humanos. La preocupación más profunda estriba en que las personas “renuncien progresivamente al esfuerzo de pensar, analizar y buscar la verdad por sí mismas”. Este declive en la autonomía intelectual podría tener consecuencias devastadoras para el desarrollo individual y colectivo.

Ante este complejo escenario, el debate sobre la inteligencia artificial no puede ser exclusivo de los gobiernos o las instituciones educativas. La Arquidiócesis sostiene que es imperativo involucrar a un espectro más amplio de actores sociales, incluyendo “las familias, empresas tecnológicas y varios actores sociales más”. Reconociendo que los padres de familia son “los primeros responsables de la educación de sus hijos”, la Iglesia capitalina hizo un llamado a las escuelas para que formen a los estudiantes en un “uso crítico, responsable y creativo de estas herramientas”. De manera similar, se instó a las empresas tecnológicas a orientar su actividad económica bajo criterios de transparencia, responsabilidad social, inclusión, acceso equitativo y medidas de equidad, garantizando que el desarrollo de la IA beneficie a toda la sociedad y respete la inherente dignidad de cada individuo.

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