17 julio, 2026

Panamá se convirtió en un faro de solidaridad para Venezuela este domingo 5 de julio, al acoger una emotiva Eucaristía en la Catedral Basílica Santa María la Antigua. La misa, presidida por el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, congregó a una multitud de fieles, en su mayoría miembros de la diáspora venezolana, para orar por el país sudamericano, azotado por la crisis humanitaria y, más recientemente, por la devastación de un doble terremoto.

La ceremonia contó con la destacada presencia de la líder opositora venezolana María Corina Machado y la expresidenta de Panamá, Mireya Moscoso. Ambas figuras políticas se unieron en un gesto de unidad y apoyo al pueblo venezolano, cuya resiliencia ha sido puesta a prueba por múltiples desafíos. La Catedral, visiblemente abarrotada, reflejaba la profunda preocupación y la inquebrantable fe de quienes buscan consuelo y una vía hacia la recuperación.

El contexto de la celebración fue especialmente doloroso. Los recientes movimientos sísmicos en Venezuela han dejado una estela de tragedia, con un saldo provisional de 3.685 personas fallecidas y 16.740 heridos. Ciudades y comunidades enteras enfrentan el colapso de infraestructuras y la pérdida de seguridades básicas, sumándose a un prolongado escenario de precariedad. Ante esta dramática realidad, la voz del arzobispo Ulloa resonó con un mensaje de esperanza y fortaleza espiritual.

Durante su homilía, el jerarca eclesiástico abordó directamente la situación venezolana. “A Venezuela le han podido quitar muchas cosas durante estos años, pero no le han podido quitar su esperanza”, afirmó con vehemencia monseñor Ulloa, dirigiéndose a los presentes y, a través de ellos, a toda la nación caribeña. Invitó a los asistentes a depositar sus preocupaciones y la angustia del momento, recordando la promesa evangélica: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y Yo los aliviaré”. Un llamado a la paz interior en medio de la tormenta.

Monseñor Ulloa también dedicó palabras de consuelo a las madres separadas de sus hijos y a aquellos que viven lejos de sus familias, una realidad que afecta a millones de venezolanos dispersos por el mundo. Subrayó con empatía que “solo quien ha tenido que abandonar su tierra sabe cuánto pesa la nostalgia”, resaltando el profundo dolor de la separación y la distancia. Enfatizó que Jesús también invita a estos migrantes y exiliados a encontrar descanso en Él, ofreciéndoles un refugio espiritual más allá de las fronteras físicas.

El arzobispo panameño retomó el tema de la esperanza, un pilar fundamental en la fe cristiana y una necesidad imperante para Venezuela y la región en estos tiempos difíciles. “La esperanza cristiana no es una ilusión ingenua; es creer que Dios puede abrir caminos donde nosotros solo vemos muros”, explicó, despojando a la esperanza de cualquier tinte de irrealidad y vistiéndola con la fuerza de la convicción y la fe en la intervención divina. Este mensaje buscaba infundir ánimo y propósito, recordándoles a los venezolanos que su fe es un motor de cambio y resistencia.

Dirigiéndose de manera particular a los fieles de Venezuela presentes en la catedral, el líder religioso les transmitió un mensaje de profunda confianza y solidaridad: “La Iglesia cree en ustedes. Panamá cree en ustedes. Y, sobre todo, Cristo cree en ustedes”. Añadió, reforzando la cercanía y el apoyo incondicional: “Cuando ustedes lloran, nosotros lloramos con ustedes; cuando ustedes esperan, nosotros esperamos con ustedes”. Estas palabras resonaron como un eco de hermandad y compromiso inquebrantable, trascendiendo las fronteras geográficas.

Al abordar las consecuencias del terremoto, monseñor Ulloa recordó que “cuando la tierra tiembla no solo se derrumban edificios, sino también muchas seguridades humanas”. Sin embargo, ofreció una perspectiva de fe inquebrantable, subrayando que “existe un lugar que nunca se derrumba: el corazón de Cristo, donde encuentran refugio quienes han perdido un ser querido”. Este mensaje buscaba ofrecer consuelo y una base sólida en tiempos de extrema vulnerabilidad y duelo.

El arzobispo José Domingo Ulloa no solo ofreció palabras de aliento, sino que también hizo un llamado a la acción. Animó a la comunidad a continuar colaborando activamente para ayudar a Venezuela ante la emergencia, comprometiendo el trabajo de Cáritas Nacional Panamá en estrecha coordinación con Cáritas Venezuela. Esta colaboración busca atender de manera efectiva a las familias afectadas por los sismos, proporcionando ayuda humanitaria urgente y apoyo en la recuperación.

La misa concluyó con un solemne acto de encomienda. Los fieles elevaron sus plegarias, confiando al pueblo venezolano a la protección maternal de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, y de Santa María la Antigua, Patrona de Panamá. Este acto final simbolizó la unión espiritual y la profunda fe en la intercesión divina para superar los desafíos que enfrenta la nación sudamericana, reafirmando la esperanza de un futuro de reconstrucción y paz.

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