25 julio, 2026

Mientras la fiebre del fútbol se apoderaba de Nueva Jersey, donde miles de aficionados convergieron para la Copa Mundial de la FIFA 2026, Bárbara Freitas, una misionera de 31 años de la Comunidad Católica Shalom, encontró en su rol de voluntaria una oportunidad única para anunciar el Evangelio. Inspirada por experiencias previas en la Copa Confederaciones y el Mundial de Brasil 2014, Freitas decidió sumergirse de nuevo en el mayor evento deportivo global, viéndolo como una plataforma ideal para conectar con personas de diversas nacionalidades y presentarles a Cristo a través de la amistad, la escucha activa y un testimonio de fe auténtico.

El estadio de Nueva Jersey, que este año albergará la tan esperada final entre España y Argentina el 19 de julio, se encuentra estratégicamente cerca de Nueva York. Fue en 2020 cuando la Comunidad Shalom estableció su misión en la metrópolis, respondiendo a una invitación del entonces obispo de Brooklyn, monseñor Nicholas DiMarzio. Su objetivo principal: desarrollar una labor de evangelización enfocada especialmente en los jóvenes adultos. Desde su llegada, la misión ha creado un espacio de encuentro y fe a través de Misas, grupos de oración, retiros espirituales, actividades culturales y deportivas, y el SH NY Workspace Café, un punto de reunión para quienes buscan estudiar, trabajar o simplemente socializar en un ambiente comunitario.

Bárbara, quien ha dedicado once años de su vida a la misión Shalom y reside en Brooklyn desde hace cinco, explicó a ACI Digital la esencia de su enfoque evangelizador durante el Mundial. “El propósito fundamental no es solo atraer a la gente a la Iglesia, sino llevar la Iglesia hasta ellos, alcanzarlos justo donde están”, afirmó. “Al estar allí, yo misma soy la Iglesia. Transmito el amor de Dios a través de cada conversación, de cada escucha, mostrando con mi mirada cómo Dios los ama y está presente en sus vidas”.

La idea de volver a ser voluntaria en un evento de esta magnitud surgió en Brasil, en un momento crucial de discernimiento de su vocación misionera. “En esa vivencia, sentí con claridad que había nacido para esto: para interactuar con personas de distintos países y compartir el Evangelio”, recordó. Para la misionera, el Mundial, con su capacidad de congregar a multitudes en busca de la alegría que el deporte ofrece, también sirve como un poderoso recordatorio de que existe una alegría que trasciende lo efímero. “Vivimos experiencias maravillosas en esta vida, pero todo es pasajero. ¿Qué es lo verdaderamente valioso?”, reflexionó. “Asistir a un Mundial es presenciar un evento hermoso y organizado, pero hay algo mucho más significativo: la vida eterna, una vida en comunión con Dios, quien es la fuente y el destino final de toda verdadera alegría”.

La mayoría de los momentos de evangelización de Bárbara tuvieron lugar entre los miles de voluntarios que colaboraron en el evento. “Somos 9.000 voluntarios”, señaló. “Llevo la cruz de Shalom y sonrío a la gente. Cuando se acercan a pedir ayuda, en ocasiones les digo: ‘Que Dios te bendiga’. Cuando ven una medalla de la Virgen o preguntan por la cruz, surge naturalmente una conversación”. Estas interacciones a menudo despertaban una genuina curiosidad sobre la Iglesia. “Me preguntan: ‘¿Qué significa esa cruz?’. Les explico que soy misionera de la Iglesia Católica. La respuesta suele ser: ‘¿De verdad? ¿Existen misioneros católicos? No lo sabía, creía que eso era más común entre los evangélicos’”, relató Bárbara.

La evangelización no se limitó a los estadios. Los viajes en metro y las bulliciosas calles de Nueva York, repletas de aficionados, se convirtieron también en escenarios propicios para el encuentro. En una de esas ocasiones, Bárbara conoció a un grupo de musulmanes marroquíes que regresaban de un partido. “Compartimos nuestras creencias con respeto, creando un ambiente de encuentro que derribó divisiones”, comentó. Otro día, entabló conversación con un hombre chino residente en Queens, casado y padre de tres hijos. Ataviado con una camiseta de la selección brasileña, él se ofreció a fotografiarla y le preguntó su motivo de estar en Nueva York. “Le dije: ‘Soy misionera de la Iglesia Católica’. Él respondió: ‘¿En serio? Nunca había conocido a una misionera’”. Tras conocer la comunidad Shalom a través de las redes sociales, el hombre expresó interés en participar en sus actividades.

Bárbara también se encontró con una mujer ecuatoriana que lucía una pequeña cruz y otra tatuada en el brazo, mientras esperaban el autobús de los jugadores. Durante la conversación, la mujer compartió que había heredado la fe de su madre, pero ya no la practicaba activamente. Bárbara le obsequió una medalla de San Carlo Acutis. “Se emocionó mucho, ya que su padre le había hablado mucho de este santo”, dijo. “La invité a nuestro campamento, y de inmediato pensó en una amiga a la que también le gustaría invitar”.

El Festival de Verano de Acamps, organizado por Shalom, se llevará a cabo del 20 al 23 de agosto en el estado de Nueva York. Este evento reúne a jóvenes para compartir momentos de oración, formación espiritual, compañerismo, deportes y ocio, con el fin de propiciar un profundo encuentro personal con Dios. Para Bárbara, invitar a alguien al festival es la continuación natural de la amistad iniciada durante el Mundial. “Se trata de ser capaces de amar a las personas tal como son, de salir a su encuentro y ofrecerles la oportunidad de formar parte de una comunidad de discípulos de Cristo”, enfatizó. “No sabemos cuáles serán los frutos. Sembramos. Dondequiera que vamos como misioneros, bautizados y consagrados, sembramos la semilla, y Dios es quien provee los frutos”.

Un ejemplo tangible del impacto de esta labor ocurrió con un video producido por la FIFA. Durante el Mundial de Clubes de 2025, Bárbara colaboró como voluntaria con el equipo de prensa. La FIFA documentó su historia como voluntaria brasileña, filmando incluso cerca del centro de evangelización de Shalom en Brooklyn. Tras la difusión del video, Letícia Dobzinsk, una brasileña residente en Nueva Jersey, contactó a la comunidad buscando un lugar para vivir su fe. La invitación a conocer la misión finalmente llevó a Letícia a Acamps. “Fue un video lo que propició este encuentro. Es la cultura del encuentro de la que hablaba el Papa Francisco y que ahora impulsa con vigor el Papa León XIV. El deporte representa una magnífica oportunidad para este tipo de encuentros”, concluyó Bárbara, subrayando cómo la fe encuentra caminos inesperados para florecer en el corazón del mundo.

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