

Mons. Silvio Báez, Obispo Auxiliar de Managua (Nicaragua) en la Misa que presidió el domingo 4 de octubre en la parroquia Santa Agatha en Miami, Florida (Estados Unidos). Crédito: St. Agatha Catholic Parish.
Durante su más reciente homilía dominical, el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, profundizó en las raíces espirituales y morales que propician el surgimiento de regímenes autocráticos. Desde su residencia en el exilio, condición que afronta desde el año 2019 a consecuencia de la persecución sistemática desplegada por el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo en contra de la Iglesia Católica nicaragüense, el jerarca eclesiástico sostuvo que los líderes despóticos germinan cuando la ambición de mando corrompe a los individuos.
El peligro de la ambición sin freno según el prelado
Ante decenas de fieles reunidos en la parroquia Santa Agatha, ubicada en la ciudad estadounidense de Miami, Florida, el pastor reflexionó sobre el pasaje bíblico de los viñadores homicidas. A partir de esta lectura litúrgica, explicó que el comportamiento de aquellos personajes refleja los males que dañan a las sociedades contemporáneas cuando el ser humano se deja dominar por apetitos desordenados.
El prelado señaló puntualmente que los tiranos surgen cuando domina en las personas “el deseo enfermizo de poder”, algo que los lleva a convertir sus caprichos en leyes. Asimismo, profundizó en las consecuencias de este comportamiento autoritario describiendo que “Sabemos bien lo que ocurre en la sociedad cuando el deseo enfermizo de poder domina a las personas: surgen los tiranos, que no aceptan ningún límite a su poder ni dudan en convertir en ley sus oscuros y desquiciados caprichos; viven en mundos paralelos, ajenos a la realidad; se vuelven cínicos, irracionales y violentos, y se instalan en el poder mediante regímenes que se sostienen con el miedo y la represión”.
Los dos venenos que destruyen a las naciones
Continuando con su análisis exegético y social, el representante de la Iglesia católica apuntó que en la mentalidad de quienes actúan con tiranía operan dos elementos destructivos a los que catalogó como venenos del alma. Por un lado, se encuentra el afán desmedido de acumulación material y, por el otro, la necesidad patológica de dominar a los demás.
En relación con el primer aspecto, el obispo indicó que los actores violentos de la parábola carecieron de mesura en su voracidad hasta apropiarse de recursos que legítimamente no les pertenecían. Al respecto, puntualizó que cuando la codicia se apodera del fuero interno, los individuos pierden la empatía y justifican el uso de la fuerza con tal de salvaguardar o incrementar sus prerrogativas económicas.
Esta dinámica, según advirtió el obispo desde el pulpito, traspasa el ámbito estrictamente personal para instalarse en las estructuras gubernamentales de corte autocrático, donde el apetito por los bienes ajenos se traduce en prácticas corruptas institucionalizadas. Entre estas prácticas mencionó de manera directa acciones como la expropiación arbitraria de bienes, los nexos con el narcotráfico, el lavado de capitales, la asignación irregular de licencias extractivas y el desvío de recursos públicos para favorecer a reducidas élites.
Un llamado a la justicia y la fraternidad
Hacia el tramo final de su mensaje litúrgico, el jerarca nicaragüense lamentó que el curso histórico continúe condicionado por actores insensatos enfocados en infligir sufrimiento, ejecutar acciones de despojo o promover la confrontación. Recordó enfáticamente que las respuestas basadas en la agresión jamás representan una vía efectiva o duradera para la resolución de disputas comunitarias o políticas.
Finalmente, monseñor Báez instó a la congregación a contraponer los impulsos de dominación y codicia con actitudes fundamentadas en el servicio mutuo, la solidaridad y la caridad cristiana. Concluyó pidiendo a la feligresía que cultiven la fraternidad en los distintos ámbitos de la vida social para constituirse en custodios responsables y fieles de los dones recibidos.






