La confirmación del fallecimiento de Víctor Hugo Quero, un ciudadano venezolano detenido en circunstancias controvertidas y considerado un preso político, ha provocado una profunda conmoción en el país caribeño y ha encendido las alarmas de la Iglesia católica. Su caso se suma a una extensa lista de decesos bajo custodia estatal, un patrón que, según críticos, ha persistido a lo largo de más de un cuarto de siglo de gobierno chavista.
Monseñor Jesús González de Zárate, presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), expresó sus serias dudas sobre la transparencia del caso. En declaraciones ofrecidas este 8 de mayo, el prelado señaló a la prensa: “Quedan dudas, pues, sobre el paradero de otros muchos. Existe en este momento la duda de que aquellos de los cuales no se tiene noticia puedan haber corrido una suerte similar”. Sus palabras reflejan una preocupación extendida en la sociedad civil y religiosa sobre el destino de personas detenidas arbitrariamente en Venezuela.
Víctor Hugo Quero, de 51 años, fue arrestado el 1 de enero de 2025 mientras se preparaba para las festividades de Año Nuevo junto a su madre, Carmen Navas, de 82 años. Quero, dedicado al comercio de ropa en un popular mercado caraqueño y conocido por sus rasgos nórdicos como “el alemán” o “el ruso”, fue secuestrado por organismos de seguridad. Posteriormente, se le imputaron cargos graves como terrorismo, traición a la patria y conspiración, acusaciones que sus defensores y familiares han calificado de infundadas. Este patrón de detenciones sin base legal y desapariciones forzadas es una práctica recurrente que, según diversas organizaciones de derechos humanos, se ha instaurado en Venezuela.
Desde el momento de la detención de su hijo, Carmen Navas se convirtió en una incansable activista por su liberación. A pesar de su avanzada edad, la señora Navas emprendió una agotadora peregrinación por diversas cárceles y reconocidos centros de detención y tortura, sin obtener jamás información clara sobre el paradero o el estado de salud de Víctor Hugo. Su persistencia, marcada por protestas y llamados públicos, mantuvo vivo el reclamo por su hijo, cuyo destino final le fue revelado el 7 de mayo de 2026, a pocos días de la celebración del Día de la Madre y 15 meses después de su detención arbitraria.
El Ministerio de Asuntos Penitenciarios emitió un comunicado oficial el 7 de mayo, informando que Víctor Hugo Quero había fallecido el 24 de julio de 2025 en el Hospital Militar de Caracas. La causa oficial de su muerte, según el ministerio, fue una “hemorragia digestiva superior y síndrome febril agudo”. Sin embargo, esta versión contrasta con la información que su madre había recibido extraoficialmente de presos liberados, quienes aseguraban que Víctor Hugo estaba recluido en El Rodeo I, una cárcel ubicada en las afueras de Caracas, conocida por ser un centro donde los detenidos son sometidos a graves abusos y torturas. Carmen Navas había visitado El Rodeo I en varias ocasiones, pero siempre se le negó que su hijo estuviera allí, llegando incluso a ser increpada por funcionarios.
Tras el anuncio ministerial, Carmen Navas fue llevada a un cementerio en las afueras de la capital, donde una precaria hoja de papel marcaba una tumba que, supuestamente, contenía los restos de su hijo. La fecha de defunción en esta improvisada señal, 27 de julio de 2025, añade otra capa de inconsistencia al relato oficial.
La voz de los obispos venezolanos se ha alzado con fuerza frente a esta situación. Monseñor González de Zárate enfatizó que “los procesos de control y represión que se han dado en los últimos tiempos no solo se concretan en las acciones contra manifestaciones públicas en momentos de conflictividad política, sino en todo un ambiente en el cual se dejó a un lado la justicia para imponer criterios personales”. El prelado subrayó la gravedad de que “hay muchas personas que no se sabe realmente dónde están, y por qué están allí y desde cuándo están en esos lugares”, cuestionando la legalidad y la ética de estas prácticas.
A principios de mayo de 2026, en un hecho que subraya la falta de acceso a una justicia efectiva, un tribunal rechazó la solicitud de amnistía para Víctor Hugo Quero. Esta petición, introducida por su madre y sus abogados en el marco de una ley aprobada meses antes, fue desestimada incluso sabiendo que Quero ya había fallecido. Anteriormente, otros recursos de hábeas corpus interpuestos por Carmen Navas y su equipo legal también habían sido negados. No obstante, en un giro paradójico, el Ministerio Público anunció el inicio de una investigación sobre el caso, y este viernes 8 de mayo se llevó a cabo la exhumación de los restos de Quero, solicitada por su madre para confirmar su identidad a través de pruebas de ADN y determinar las verdaderas causas de su muerte.
Monseñor Víctor Hugo Basabe, arzobispo de Coro, se sumó a la condena, expresando su profundo dolor en redes sociales: “¿Hasta cuándo, Señor, tanta injusticia y tanta maldad?”. El arzobispo calificó de “desgarrador” lo que se hizo con Carmen Navas, cuestionando “por qué negarle a una madre el derecho a llorar y a sepultar a su hijo”. Sus palabras no solo reflejaron indignación moral, sino que también lanzaron una fuerte crítica al sistema: “No tienen perdón de Dios… Y pretenden que los venezolanos olvidemos tantas atrocidades y fumemos con ellos una pipa de la paz que no será más que otra de sus trampas. En Venezuela para que haya paz verdadera, tiene que haber justicia. No pueden pretender semejantes criminales no reparar el daño cometido”.
Este trágico suceso, lejos de ser un caso aislado, pone de manifiesto las persistentes denuncias de violaciones a los derechos humanos y la impunidad en el contexto político venezolano, impulsando a la Iglesia a reafirmar su llamado a la verdad, la justicia y la reparación para las víctimas.








