Abuja, Nigeria – Un preocupante incidente de secuestro masivo en el estado de Kaduna, Nigeria, ha puesto de manifiesto la persistente fragilidad de la seguridad en el país y ha provocado una enérgica condena por parte de organizaciones de derechos humanos. Christian Solidarity Worldwide (CSW), una influyente organización con sede en el Reino Unido, ha instado a las autoridades nigerianas a garantizar la liberación inmediata de al menos 167 personas, presuntamente raptadas durante una serie de asaltos coordinados contra templos religiosos en la comunidad de Kurmin Wali.
Los ataques, que se reporta ocurrieron el 18 de enero mientras los feligreses asistían a los servicios dominicales, son un recordatorio sombrío de la escalada de violencia que azota el centro y norte de Nigeria. El informe de CSW, divulgado el 20 de enero y compartido con ACI África, la agencia de noticias de EWTN en el continente, subraya la profunda preocupación de la organización ante la creciente inseguridad.
**Opacidad y Obstáculos a la Verificación**
Uno de los aspectos más alarmantes del suceso, según CSW, es la aparente reticencia de las autoridades a ofrecer información clara sobre lo ocurrido. Personal de CSW Nigeria que intentó acceder a Kurmin Wali para verificar de forma independiente los incidentes se encontró con el bloqueo del Ejército, que invocó supuestas “órdenes vigentes” que prohibían el ingreso a la zona.
Mervyn Thomas, fundador y presidente de CSW, expresó su consternación ante esta situación. “CSW está profundamente preocupada por los esfuerzos oficiales para encubrir los secuestros ocurridos en Kurmin Wali y para impedir que los residentes hablen con la prensa”, afirmó Thomas en el informe. Esta falta de transparencia no solo obstaculiza la rendición de cuentas, sino que también erosiona la confianza pública en la capacidad del gobierno para proteger a sus ciudadanos y gestionar la crisis.
El líder de la organización de derechos humanos hizo un llamado urgente al gobierno nigeriano, tanto a nivel estatal como federal, para que “haga todo lo que esté en su poder para asegurar la liberación de quienes fueron secuestrados en Kurmin Wali el 18 de enero, así como de todos los demás rehenes que actualmente se encuentran cautivos del terrorismo en los estados del centro y norte de Nigeria”. Subrayó, además, la necesidad de una postura más abierta y honesta por parte del gobierno sobre la verdadera magnitud y gravedad de la crisis de seguridad. Thomas enfatizó que es crucial reconocer “la asimetría con la que las comunidades cristianas están siendo atacadas” para poder diseñar una respuesta eficaz al terrorismo que ha marcado la vida de los ciudadanos más vulnerables.
**Detalles de los Ataques y un Patrón de Violencia**
Según el informe de CSW, la incursión en Kurmin Wali se produjo alrededor de las 9:00 a.m. Hombres armados, identificados como presuntos miembros de milicias Fulani, llegaron a la comunidad a pie y en motocicletas. Actuando de forma coordinada, se dividieron en tres grupos para atacar simultáneamente la Evangelical Church Winning All (ECWA), Albarka Cherubim and Seraphim 1, y Haske Cherubim and Seraphim 2.
Fuentes locales contactadas por CSW relataron cómo los feligreses fueron violentamente reunidos y forzados a adentrarse en las zonas boscosas cercanas. Aunque mujeres de edad avanzada y niños pequeños fueron posteriormente liberados, y 11 personas lograron escapar, la última actualización de CSW al 20 de enero confirmaba que 167 individuos permanecían en cautiverio.
Este incidente no es un hecho aislado. La comunidad adara del Área de Gobierno Local (LGA) de Kajuru, donde se encuentra Kurmin Wali, ha sido blanco de ataques continuos desde el secuestro y asesinato de su líder tradicional, Su Alteza Real Dr. Maiwada Raphael Galadima, en 2018, incluso después de haberse pagado un rescate. El informe documenta otros eventos recientes en la misma zona: a principios de enero, 21 personas fueron secuestradas en la comunidad, siendo liberadas solo después del pago de aproximadamente 7 millones de nairas (unos 4.932 dólares estadounidenses) en rescate. Previamente, en una fecha cercana, el reverendo Philip Adamu, líder de la iglesia ECWA, fue uno de los cuatro secuestrados en Ungwan Danladi, con los atacantes exigiendo 20 millones de nairas (aproximadamente 14.000 dólares) por su liberación y 10 millones de nairas por los demás rehenes.
**Impacto Socioeconómico y Llamado a la Acción**
CSW ha calificado estos ataques recurrentes como una clara muestra de un fracaso en la responsabilidad gubernamental. La organización advierte que las comunidades rurales se ven abocadas a una pobreza cada vez más profunda, ya que los constantes pagos de rescates agotan sus escasos recursos y el desplazamiento forzado desgarra el tejido social y económico.
El reverendo Yunusa Sabo Nmadu, director ejecutivo de CSW en Nigeria, reconoció los éxitos militares recientes, pero lamentó la vulnerabilidad persistente de Kurmin Wali y las comunidades aledañas. Instó a las agencias de seguridad a “garantizar la pronta liberación de los secuestrados y a reforzar la seguridad en todas las demás zonas vulnerables”. Nmadu añadió un importante matiz a la estrategia de seguridad, exhortando al gobierno a “fortalecer la capacidad local de estos pobladores para que sirvan como primera línea de defensa frente a los terroristas, que se ven cada vez más envalentonados por cada secuestro que queda impune”.
Estos lamentables eventos persisten a pesar de que el gobierno nigeriano, a finales del año pasado, designó a las milicias Fulani y a otros grupos armados como organizaciones terroristas, en el marco de una nueva doctrina antiterrorista. CSW señala que la continuidad de los secuestros pone en tela de juicio la efectividad de estas medidas y la protección real que se brinda a la población civil.
En un contexto más amplio, CSW también informó de un incidente similar en el vecino estado de Kogi, donde 24 de 30 fieles secuestrados en diciembre fueron liberados tras el pago de un rescate, aunque seis personas permanecen cautivas y varias otras fallecieron durante su encierro. La situación en Nigeria sigue siendo una urgencia humanitaria y de seguridad que demanda una respuesta más contundente y transparente por parte de sus líderes.









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