18 agosto, 2026

Mons. Francisco Javier Múnera (centro) junto al P. Raúl Ortíz (izq) y el P. Nelson Ortíz (der). Crédito: Cáritas Venezuela.

Una comitiva episcopal llega a suelo venezolano en medio de la crisis

Durante el fin de semana, el Arzobispo de Cartagena y máximo representante de la Conferencia Episcopal de Colombia, Mons. Francisco Javier Múnera, se desplazó hasta la ciudad de La Guaira. Esta localidad quedó profundamente afectada tras los graves seísmos registrados el pasado 24 de junio, una catástrofe que ha dejado una huella imborrable en la región.

Los reportes oficiales indican que la tragedia ha cobrado la vida de 6.438 personas, concentrando la mayor parte de las víctimas mortales precisamente en La Guaira, mientras que los heridos se cuentan por decenas de miles. Asimismo, la infraestructura habitacional sufrió daños severos: más de 13.000 viviendas poseen acceso restringido y otras 10.600 han sido catalogadas en situación de alto riesgo debido a fallas estructurales críticas.

El impacto simultáneo de la naturaleza en la región

Esta misión humanitaria y pastoral ya se encontraba programada antes de que la propia Colombia sufriera un fuerte movimiento telúrico el pasado 10 de agosto. Dicho evento sísmico en territorio colombiano dejó un saldo preliminar de 287 fallecidos, más de 4.000 heridos y al menos 190 desaparecidos. Acompañando al arzobispo en este recorrido se encuentran el P. Nelson Ortíz, representante de Cáritas Colombiana, y el P. Raúl Ortíz, quien ejerce como secretario adjunto del episcopado.

Durante su paso por uno de los sectores urbanos más golpeados, Mons. Múnera compartió su sentir ante los medios: “Estamos profundamente conmovidos por el sufrimiento que están viviendo y experimentando a raíz de este terremoto. Yo también”, declaró visiblemente afectado por la magnitud de los daños.

Solidaridad mutua y fortaleza espiritual en medio de la adversidad

A pesar del panorama desolador, el prelado destacó sentirse “supremamente agradecidos con Dios” por la entereza demostrada por la comunidad eclesial local. Según indicó, esta actitud ha servido para impulsar y sostener las virtudes de las personas en cada uno de los vecindarios castigados por los movimientos telúricos.

Por su parte, el padre Raúl Ortíz enfatizó el rol consolador de las Escrituras, las cuales han permitido que los ciudadanos venezolanos conserven la firmeza ante el dolor. Asimismo, aprovechó la oportunidad para transmitir un mensaje de hermandad en nombre de los obispos de su país y de la organización humanitaria Cáritas.

“También en Colombia estamos viviendo momentos difíciles. Oramos por el eterno descanso de todas las víctimas y también pedimos al Señor que fortalezca a todos los grupos de rescate, a todas las personas que están comprometidas con los rescates de los sobrevivientes y con los rescates de los cuerpos de los fallecidos”, manifestó el presbítero, quien además pidió “para que el Señor permita que la esperanza nunca decaiga en nuestros pueblos hermanos de Colombia y Venezuela”.

El amor como motor de la reconstrucción social

En la misma línea, el padre Nelson Ortíz recordó el lema adoptado por Cáritas Venezuela para guiar su asistencia humanitaria durante la crisis: ‘Tras el temblor el amor’. El sacerdote explicó que esta misma premisa resume el propósito de la delegación colombiana, reflejando un compromiso basado en la cercanía, la solidaridad y la fraternidad.

“Que el Señor bendiga esta obra que siguen realizando y pueden seguir contando con nuestro apoyo”, concluyó el representante de Cáritas.

Para finalizar su recorrido por la zona de desastre, Mons. Francisco Javier Múnera impartió su bendición a ambas naciones, exhortando a la ciudadanía a fortalecer permanentemente los lazos de hermandad y apoyo mutuo bajo el lema de “Paz y bien para todos”.

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