26 agosto, 2026

El Papa León XIV durante la Audiencia General del miércoles 26 de agosto de 2026, en la que concluyó su ciclo de catequesis sobre la constitución Sacrosanctum Concilium del Vaticano II. | Crédito: Vatican Media.

Durante su tradicional encuentro semanal con los fieles celebrado este miércoles desde la Basílica de San Pedro, el Papa León XIV profundizó en las motivaciones históricas y espirituales que impulsaron los cambios en el culto católico aprobados durante el Concilio Vaticano II, subrayando que estas modificaciones forman parte indiscutible de la evolución doctrinal de la institución.

La centralidad de los fieles en el misterio de la fe

En el marco de su última catequesis dedicada al análisis de la constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, el máximo representante de la Iglesia católica recordó que el objetivo principal de los obispos congregados en el concilio fue fomentar una participación consciente y activa de la comunidad en los sacramentos.

El Obispo de Roma señaló que los padres conciliares buscaron erradicar la postura en la que los creyentes acudían a las celebraciones litúrgicas “como extraños y mudos espectadores”. Para lograr este propósito, se impulsó una estrategia orientada a simplificar las estructuras celebrativas y facilitar el acceso a los textos bíblicos y las plegarias tradicionales.

Asimismo, el Pontífice enfatizó que la liturgia no constituye un elemento estático, sino una “realidad viva” que ha experimentado transformaciones a lo largo de los siglos en respuesta a las necesidades particulares de cada época histórica.

Elementos inmutables y de carácter humano en la liturgia

Citando textualmente el numeral 21 de la mencionada constitución, el Papa recordó que “la Liturgia consta de una parte que es inmutable por ser la institución divina, y de otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden o incluso deben variar, si en ellas se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser menos apropiados”.

En esta línea argumental, el líder católico puntualizó que esta clara diferenciación entre los componentes divinos permanentes y aquellos aspectos humanos susceptibles de modificación ya había sido objeto de estudio por parte del Papa Pío XII en su conocida encíclica Mediator Dei.

Una evolución impulsada por diversos pontífices

El Santo Padre hizo hincapié en que el anhelo de concretar una transformación general en el ámbito litúrgico no surgió de manera repentina, sino que se gestó paulatinamente a través de las directrices emitidas por diferentes pontífices a lo largo del siglo XX, en consonancia con las peticiones del denominado Movimiento litúrgico.

Como testimonio de este proceso continuado, mencionó la promulgación de la constitución apostólica Divini Cultus firmada por Pío XI, así como las decisiones adoptadas por Pío XII respecto a la reorganización de los ritos propios de la Semana Santa.

De igual modo, trajo a colación la labor desempeñada por San Juan XIII, quien apostó por una simplificación general en las rúbricas del Breviario y del Misal mediante el Motu proprio Rubricarum instructum, del 25 julio de 1960, delegando en el posterior Concilio Ecuménico la formulación de los criterios fundamentales para la reforma.

Llamado a evitar abusos y promover la evangelización

Tras reiterar que “la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II se sitúa, por lo tanto, en la línea de la tradición viva de la Iglesia”, el Papa advirtió que una interpretación errónea de los postulados originales ha dado pie a desviaciones en diversos ámbitos eclesiales durante las décadas posteriores.

Ante esta situación, León XIV apeló directamente a la responsabilidad de pastores y presbíteros para “custodiar y promover una liturgia que, en el respeto de las normas litúrgicas, resplandezca por su noble sencillez”.

Finalmente, concluyó señalando que un culto celebrado bajo estos parámetros se convertirá en un instrumento indispensable para la evangelización y en un canal efectivo de gracia divina para toda la grey católica.

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