El Papa León XIV presidió este sábado la solemne ordenación de cuatro nuevos obispos auxiliares para la Diócesis de Roma, de la que él mismo es obispo, en una emotiva ceremonia celebrada en la histórica Basílica Papal de San Juan de Letrán, la catedral de la capital italiana. Durante su homilía, el Santo Padre hizo un enérgico llamado a los recién consagrados a ejercer su ministerio episcopal con una profunda vocación de servicio, asegurando que nadie en la comunidad se sienta “descartado por Dios”.

Los nuevos prelados, nombrados por el Pontífice el pasado 25 de febrero, son monseñor Andrea Carleval, monseñor Stefano Sparapani, monseñor Marco Valenti y monseñor Alessandro Zenobbi. Su incorporación fortalecerá el gobierno pastoral de la Diócesis de Roma, sumándose al liderazgo del Papa León y del cardenal Baldassare Reina, Vicario de Su Santidad para la capital. También se unirán a monseñor Renato Tarantelli Baccari, vicerregente y obispo auxiliar para el Sector Sur, y a monseñor Michele Di Tolve, obispo auxiliar y rector del Pontificio Seminario Romano Mayor.

En su alocución, el Papa León XIV comenzó destacando la “vocación singular a la universalidad y a la caridad” que caracteriza a la Diócesis de Roma. Subrayó que la ordenación episcopal es una “fiesta del pueblo”, ya que los nuevos obispos provienen de esa misma comunidad y del presbiterio que con dedicación los ha acompañado. “Nuestra comunidad diocesana se congrega hoy en la invocación del Espíritu Santo, que ungirá a los nuevos obispos para que se consagren plenamente al servicio del Evangelio de Cristo”, afirmó León. Recordó la enseñanza bíblica que presenta a Jesús como la “piedra desechada que, ‘escogida por Dios’, se ha ‘convertido en piedra angular'”.

El Pontífice profundizó en la misión de Jesús, quien “iba en busca de las ovejas rechazadas, se sentaba a la mesa con ellas, desarmaba las manos y los corazones que querían apedrearlas”. Explicó que al “invertir la lógica del dominio, la de quienes persiguen la insensata ambición de determinar la arquitectura de la Tierra, es en Cristo donde los desechados recuperan su dignidad y se sienten elegidos para el Reino de Dios”. Esta reflexión central resonó a lo largo de su sermón, marcando la pauta para el ministerio que los obispos auxiliares están llamados a desempeñar.

León XIV continuó explicando cómo los creyentes se convierten en “piedras rechazadas por los hombres y elegidas por Dios”. Esto sucede, dijo, “cuando con la vida y la palabra nos oponemos a los proyectos que aplastan a los débiles, no respetan la dignidad de cada persona, se sirven de los conflictos para seleccionar a los más fuertes, mientras descuidan a quienes se quedan atrás, a quienes no lo consiguen, considerando a quienes sucumben como basura de la historia”. Recalcó que Jesús “caminó entre nosotros como un profeta desarmado y desarmante, y cuando fue rechazado no cambió de actitud”. Su mensaje fue un claro llamado a la coherencia evangélica frente a las lógicas mundanas de poder y descarte.

Dirigiéndose específicamente a los nuevos obispos auxiliares, el Santo Padre les instó a “llegar a las piedras descartadas de esta ciudad y a anunciarles que, en Cristo, nuestra piedra angular, nadie está excluido de formar parte activa del edificio santo que es la Iglesia y de la fraternidad entre los seres humanos”. La misión es inequívoca: “Nadie, absolutamente nadie, debe considerarse descartado por Dios, y ustedes serán heraldos de esta buena nueva que está en el centro del Evangelio”, enfatizó el Papa León.

El Pontífice también los exhortó a permitir que “el Espíritu de profecía actúe en ustedes: no se acomoden en los privilegios que su condición podría ofrecerles, no sigan la lógica mundana de los primeros puestos, sean testigos de Cristo, que no vino para ser servido, sino para servir”. Les recordó que su ministerio será verdaderamente profético si son “hombres de paz y de unidad, tejiendo, con hilos de gracia y misericordia, los amplios y poblados espacios de esta diócesis, armonizando las diferencias, acogiendo, escuchando, perdonando”.

El Papa León animó a los nuevos obispos a velar por el bienestar y el acompañamiento de todos los miembros del clero y la vida consagrada, así como de los laicos comprometidos. Les pidió que ayuden a “reavivar la esperanza en sus diversos ministerios y a sentirse parte de una misma misión”, y que sepan “motivar siempre, incansablemente, a las personas y a las comunidades, recordando con sencillez la belleza del Evangelio”.

Para concluir, el Santo Padre expresó su deseo de que “los pobres de Roma, los peregrinos y los visitantes que llegan aquí desde todas partes del mundo puedan encontrar en los habitantes de esta ciudad, en sus instituciones y en sus pastores esa maternidad que es el rostro auténtico de la Iglesia”. Finalizó invocando la protección de la “Salus Populi Romani, Madre de nuestra confianza”, para que siempre guíe y proteja a la comunidad romana en su camino. La consagración de estos cuatro obispos auxiliares marca un paso significativo en el fortalecimiento de la misión pastoral de la Diócesis de Roma bajo el liderazgo del Papa León XIV.

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