28 enero, 2023

 Lunes de la cuarta semana de Pascua 


Hch 11, 1-18

Sal 42

Jn 10, 1-10



    El evangelista San Juan nos presenta la imagen de Jesús Buen Pastor. Al meditar en esta página del Evangelio, podemos comprender el tipo de relación entablada entre Jesús y sus discípulos: una relación en donde imperaba la ternura, el amor y la promesa de un don incalculable: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.


    También hoy Jesús se sigue presentando como el verdadero Pastor que nos da vida en abundancia. Tengamos confianza en el Señor, puesto que Él es el que nos guía. Pero no sólo nos conduce, sino que nos acompaña, camina junto con nosotros.


    Al rebaño se acercan distintas personas: está el que entra por la puerta y aquel que entra por otro lado. El primero es el Buen Pastor, que conoce a sus ovejas; el segundo es un completo desconocido, que no ama a las ovejas y que únicamente ve por sus propios intereses. Aquí se nos manifiesta la relación tan estrecha que tenía Jesús con sus ovejas, puesto que las conoce y a cada una la llama por su nombre. Pero no solo la relación de Jesús con las ovejas, sino también la respuesta de las ovejas al escuchar la voz de su Pastor. También nosotros, si nos decimos ser ovejas del Señor, respondamos a su llamado con prontitud y alegría. 


    También el Evangelio nos presenta a Jesús como la puerta de las ovejas: “Yo soy la puerta: si uno entra por mí, estará a salvo”. Esto quiere decir, “tendrá vida en abundancia”. Jesús, el Maestro, se ha convertido en la puerta de la salvación para todos los hombres, ya que Él mismo ha ofrecido su propia vida para salvar a sus ovejas. No tengamos miedo de entrar por la puerta, que es el Señor.


    Jesús quiere que lo imitemos. Por eso, todo pastor (sea por el ministerio del Orden Sagrado, o por ser padre de familia, o por tener personas bajo su cuidado, etc.) tiene que buscar asemejarse día con día a Jesús. En algunas ocasiones se tendrá que ir delante, para indicar el camino a seguir; otras veces estará en medio de todos para que los suyos sientan su cercanía; y en ocasiones deberá caminar detrás de su pueblo, para ir ayudando a los que se van rezagando por el camino (cfr. EG 13 y 28). ¡Ojalá que todos seamos pastores como el mismo Jesús lo fue!


    Ante tantos distractores, no nos dejemos engañar y desviemos nuestro corazón a falsas sabidurías, sino más bien abandonémonos completamente a Aquel que es la Sabiduría: Jesús, Buen Pastor. Que siempre escuchemos la voz del Señor y respondamos a ella, que entremos por la puerta del redil, confiados en que el Señor quiere darnos vida en abundancia.



Pbro. José Gerardo Moya Soto

Agregar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pbro José Gerardo Moya Soto

"Que la homilía pueda ser «una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento» (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que «en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones» (1Ts 2, 4)". Directorio Homilético 2014 (Decreto)

Nuevos