El Rey Felipe VI ofreció una cálida bienvenida al Papa León XIV en España, marcando el inicio de una significativa visita que llevará al Sumo Pontífice por Madrid, Barcelona y, por primera vez en la historia, a las Islas Canarias. En un emotivo discurso, el monarca español destacó la profunda conexión del Papa con el mundo hispanohablante y abordó temas cruciales para la sociedad actual, desde el arraigo de la fe católica hasta los desafíos éticos de la inteligencia artificial, pasando por el compromiso de la Iglesia con la justicia y la unidad.
Desde el primer momento, el monarca expresó la alegría y humildad de la Familia Real, incluyendo a la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, así como del Gobierno y de todo el pueblo español, al recibir al Pontífice. El Rey resaltó el privilegio de que el Papa León emplee habitualmente el español, una lengua que, como señaló, también es la suya. Esta habilidad lingüística es fruto de los años de vida misionera y labor pastoral del Pontífice en Perú, primero como miembro de la Orden de San Agustín y luego como Obispo de Chiclayo, experiencias que lo acercan especialmente a la idiosincrasia iberoamericana.
Felipe VI describió España como un país vital, solidario y tolerante, creativo y cosmopolita, al que el Papa León conoce bien. Subrayó la intensidad de la agenda papal, diseñada para fomentar el encuentro, la oración y la reflexión en diversas ciudades. El Rey aseguró que el Santo Padre constatará la inmensa alegría del pueblo español, visible en calles, plazas, iglesias e instituciones, como muestra de gratitud por la generosidad y sensibilidad demostradas con la amplitud y profundidad de esta visita.
El discurso real puso de manifiesto la arraigada presencia de la fe católica en España, una fuerza tan fundamental que, sin ella, la historia y la cultura del país resultarían incomprensibles. Esta influencia se manifiesta no solo en el día a día, las tradiciones y festividades, sino también en aspectos más profundos como el sentido de comunidad y la espiritualidad popular, que va desde el testimonio de místicos como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús hasta la sencilla religiosidad de cientos de miles de personas.
El Rey Felipe VI quiso destacar la vasta labor social de la Iglesia Católica, fruto del inquebrantable compromiso de religiosos y religiosas, sacerdotes, diáconos, jóvenes parroquiales y voluntarios. Mencionó su invaluable trabajo en residencias, albergues, comedores y centros de acogida, haciéndose eco del sentir mayoritario de los españoles al expresar su reconocimiento y gratitud. Con especial admiración, el monarca incluyó en este elogio a los miles de misioneros españoles que extienden su labor social, educativa, asistencial y pastoral en lugares remotos y necesitados alrededor del mundo.
El monarca español no eludió el dolor provocado por los casos de abuso, enfatizando que tales actos “ni son ni pueden ser representativos de la inmensa comunidad eclesial”. En este punto, el Rey reconoció la claridad y firmeza del Papa León XIV como elementos esenciales en el proceso sanador y de reparación del daño infligido, vitales tanto para las víctimas como para los fieles, la Iglesia y la sociedad en su conjunto.
El discurso profundizó en la figura del Papa León XIV, presentándolo como un hombre de sólida formación científica, con años dedicados al estudio de las matemáticas. Esta combinación de espíritu y ciencia, junto a una gran conciencia social y una profunda atención a los cambios, confiere un valor especial a su visión en un tiempo de incertidumbre global. El Rey advirtió sobre el riesgo de olvidar lo verdaderamente importante y de caer en la creencia errónea de que, al desvanecerse muchas referencias tradicionales, “todo vale”. Frente a ello, subrayó que la dignidad de la persona, los derechos humanos, los valores democráticos y la legalidad internacional deben permanecer como los “números primos” que sustentan la libertad, la igualdad y la justicia.
La voz del Pontífice, que mana del espíritu y la fe cristiana con veinte siglos de historia, fue señalada como una fuente de inspiración para más de 1.400 millones de católicos, y por su contenido ético, resonante en todas las conciencias. El Rey destacó que esta voz “tan nueva y tan antigua” se ha plasmado recientemente en *Magnifica Humanitas*, la primera encíclica del pontificado de León XIV. Este texto aborda los desafíos inherentes a la inteligencia artificial desde una perspectiva esperanzadora y comprometida con el ser humano, lejos de visiones catastrofistas.
El Rey Felipe VI interpretó las palabras del Papa León XIV como una invitación a reemplazar el miedo por un conocimiento meditado y compartido del potencial y los riesgos de la inteligencia artificial. El Pontífice defiende que esta nueva tecnología no debe ser un monopolio de unos pocos, sino un instrumento al servicio de todas las sociedades, lo cual solo será posible si la persona se mantiene en el centro, jamás reemplazada, subyugada o coaccionada por ningún algoritmo.
En un mundo saturado de datos y mensajes, el Rey enfatizó la necesidad de empatía, comprensión y escucha. En este contexto, recordó que el predecesor de León XIV, el Papa Francisco, insistía a menudo en la importancia de saber escuchar, una capacidad que paradójicamente parece perderse en un tiempo de interconexiones. La atención al otro, el identificarse con su dolor y alegría, son la clave para comprender razones, buscar acuerdos y avanzar unidos.
Finalmente, el monarca rememoró las palabras del Papa León XIV pronunciadas desde la Logia de las Bendiciones tras su elección como sucesor de Pedro, cuando hizo una encendida defensa de la unidad. “Ayudadnos a construir puentes con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un único pueblo siempre en paz”, citó el Rey. La unidad, como aspiración surgida de la conciencia de la fragilidad humana, pero también de su capacidad para el bien, se presenta como un vehículo e instrumento para la paz, un recordatorio esencial en estos tiempos de incertidumbre y que, según el Rey, merece ser una pauta de conducta universal.








