20 junio, 2026

Cuando era muy joven fue dada en matrimonio a Patricio, siendo San Agustín uno de sus hijos, por cuya conversión derramó abundantes lágrimas y oró mucho a Dios. Fue un modelo de madre: alimentó su fe con la oración y la embelleció con sus virtudes. Ardiendo en deseos de la vida celestial, murió partiendo a África, con su hijo Agustín a su lado, feliz de ir al Señor sabiendo que su hijo “había vuelto a Casa”, o sea, había vuelto a Dios.

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