Siete aspectos fundamentales para comprender la vida y obra de la Madre Laura
Cada 21 de octubre, la Iglesia católica conmemora la festividad de Santa Laura de Santa Catalina de Siena, ampliamente conocida como la Madre Laura, quien nació en 1874 y falleció en 1949. Ella marcó la historia al convertirse en la primera santa colombiana y en la patrona del magisterio de su nación. Su legado trasciende las aulas y se adentra en la mística y la entrega social.
Orígenes marcados por la tragedia y una temprana lección de perdón
La futura religiosa vio la luz por primera vez en el municipio antioqueño de Jericó dentro de un hogar profundamente católico. Su infancia dio un giro drástico cuando su progenitor perdió la vida violentamente durante el conflicto civil conocido como la Guerra Civil Colombiana. Este suceso sumió a sus seres queridos en la vulnerabilidad económica y la orfandad. Años más tarde, ante la curiosidad natural de la niñez, la pequeña indagó sobre la identidad de aquellas personas por las cuales su madre elevaba plegarias constantemente. La respuesta recibida le dejó una huella imborrable, ya que su progenitora le confesó sin vacilaciones que oraban por el homicida de su padre.
La experiencia temprana de la exclusión social
Como consecuencia de la estrechez financiera familiar, su madre la ingresó temporalmente en un asilo bajo la tutela de su tía, la Sierva de Dios María de Jesús Upegui. Aunque ingresó a una institución educativa destinada a señoritas de la aristocracia, decidió retirarse al cumplir un año debido al sentimiento persistente de marginación. Posteriormente, se trasladó a la hacienda de su abuelo para asistir a una pariente enferma. En ese entorno solitario, halló lecturas de corte espiritual que encendieron en su interior la vocación por la vida religiosa carmelitana.
Vocación docente orientada hacia el apostolado
Mediante el respaldo de su familia, culminó su formación pedagógica y obtuvo el título de maestra elemental en el año 1893 en la Escuela Normal Superior de Medellín. Ejerció la enseñanza en diversos planteles educativos durante un periodo prolongado, con la firme convicción de transformar su labor cotidiana en una misión evangelizadora. Dicha postura intransigente ante la fe le acarreó múltiples incomprensiones, señalamientos infundados y tensiones con su entorno laboral.
Renuncia al claustro para servir a las comunidades originarias
Pese a su anhelo inicial de ingresar a un convento de clausura carmelita, el impulso misionero hacia los pueblos indígenas de Colombia se impuso con fuerza. Ya para 1908 colaboraba estrechamente con nativos en regiones comprendidas entre San Pedro de Urabá y El Sarare. Su objetivo principal consistía en transmitir un mensaje de amor divino inclusivo. Este rumbo espiritual halló validación oficial con la promulgación de la encíclica Lacrimabili statu Indorum de San Pío X en 1912, un documento que visibilizaba las penurias sufridas por los indígenas sudamericanos.
Creación de una congregación con sello catalán
En el año 1914, en compañía de un grupo de colaboradoras, dio origen a la comunidad de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena. Tomó a esta última como su máxima referencia espiritual, adoptando su nombre y otorgándoselo a la institución naciente. El esfuerzo pastoral se enfocó en revalorizar la dignidad de los nativos como hijos de Dios, fomentando su integración social sin menoscabar sus lenguas ni sus tradiciones ancestrales. Su motivación profunda se resumía en su propia máxima: “Dos sedientos, Jesús mío: Tú de almas y yo de saciar tu sed”.
Profundidad mística y recta final de su existencia
Entre sus escritos espirituales destaca la frase: “Destrúyeme Señor y sobre mis ruinas, levanta un monumento para tu gloria”. Los últimos nueve años de su vida los transitó postrada en una silla de ruedas, hasta que se produjo su deceso el 21 de octubre de 1949. Para ese momento, su obra se había expandido notablemente hasta consolidar 90 casas distribuidas en tres países y un total de 467 religiosas activas.
Consagración en los altares por el pontífice
El 12 de mayo de 2013, la Ciudad del Vaticano acogió la ceremonia oficial de canonización presidida por el Papa Francisco. A dicho evento acudió una comitiva oficial de Colombia integrada por el entonces presidente Juan Manuel Santos y por Carlos Eduardo Restrepo, un médico que recuperó la salud de forma milagrosa tras una dolencia terminal atribuida a la intercesión de la fundadora. Durante la homilía, Francisco expresó que la santa “nos enseña a ser generosos con Dios, a no vivir la fe solitariamente… a ver el rostro de Jesús reflejado en el otro… a acoger a todos sin prejuicios, sin discriminación… compartiendo con ellos lo más valioso que tenemos: Cristo y su Evangelio”. Actualmente, sus restos mortales descansan en el Santuario de la Luz situado en Medellín.








