La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) ha anunciado la postergación de su 76° Asamblea Plenaria Ordinaria, inicialmente prevista para llevarse a cabo del 6 al 10 de julio. La decisión surge como respuesta directa a la abrumadora emergencia nacional desencadenada por los dos potentes terremotos que azotaron el país el pasado miércoles 24 de junio, sumiendo a diversas regiones en una profunda crisis humanitaria.
La nación sudamericana se encuentra en un estado de desolación, especialmente en zonas costeras como Playa Grande, ubicada en la ciudad de La Guaira, donde la devastación es patente. Numerosos edificios residenciales han colapsado, transformando el paisaje urbano en un escenario de ruinas y desesperación. Las imágenes satelitales y los reportes de campo confirman la magnitud del daño estructural, dejando a miles de familias sin hogar y a comunidades enteras en la incertidumbre.
Las cifras oficiales, actualizadas este viernes por Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, reflejan la gravedad de la catástrofe. El número de fallecidos ha ascendido a 2.645, mientras que la cifra de heridos supera los 12.666. La crisis habitacional se agudiza, con al menos 15.050 personas que han perdido sus viviendas y se encuentran desplazadas. Sin embargo, se prevé que estas estadísticas continúen en aumento a medida que avanzan las labores de rescate y se evalúa el impacto total en las zonas más afectadas. Organizaciones humanitarias independientes, como el Comité Internacional de Rescate, han emitido proyecciones aún más alarmantes, estimando que la cifra de personas desaparecidas podría rondar las 50.000, una estimación que ha sido respaldada por funcionarios de las Naciones Unidas que trabajan en el terreno.
Ante este panorama desolador, el episcopado venezolano ha justificado su decisión de posponer el encuentro anual, priorizando la “apremiante realidad nacional y el llamado a la caridad”. La nueva fecha para la asamblea será comunicada por la CEV una vez que la situación permita una planificación adecuada. La prioridad actual, según los obispos, es brindar “asistencia y acompañamiento” directo y efectivo a todas las víctimas de esta dolorosa tragedia. Esta medida subraya el compromiso de la Iglesia Católica con el bienestar y la dignidad de los ciudadanos, especialmente en momentos de profunda vulnerabilidad y sufrimiento colectivo.
“En este tiempo crítico, nuestros obispos estarán plenamente dedicados a acompañar pastoralmente y atender a nuestros hermanos venezolanos afectados por esta dolorosa situación, llevando cercanía, esperanza y el consuelo del Evangelio a quienes más lo necesitan”, expresaron los representantes de la Iglesia en un comunicado oficial. Este mensaje refuerza la vocación de servicio y el papel fundamental de la Iglesia como pilar de apoyo espiritual y material en tiempos de adversidad. La labor pastoral se centrará en mitigar el impacto psicológico y emocional de la pérdida, el trauma y la incertidumbre que enfrentan miles de personas.
Además de la atención directa, la Conferencia Episcopal Venezolana ha extendido una invitación a toda la población para unirse en un espíritu de oración y solidaridad. “Invitamos a todo el pueblo de Dios a permanecer unido en la oración y en la solidaridad con las familias afectadas, confiando en que, con la ayuda del Señor, podremos afrontar juntos este momento de prueba”, añadieron los obispos. Este llamado a la unidad y la fe busca movilizar recursos y voluntades, fomentando la cohesión social y el apoyo mutuo en un contexto de gran dificultad. La solidaridad, tanto a nivel nacional como internacional, será crucial para la recuperación y reconstrucción de las comunidades devastadas por este sismo de doble impacto.
Originalmente, la 76° Asamblea Plenaria Ordinaria de la CEV tenía previsto reflexionar bajo el significativo versículo “Ha parecido bien al Espíritu y a nosotros”, tomado del libro de los Hechos de los Apóstoles (15,18). Este lema, que enfatiza la discernimiento colectivo y la guía divina, resuena ahora con una profundidad diferente, al enfrentar la Iglesia venezolana y su pueblo una prueba de fe y resiliencia sin precedentes. La postergación de la asamblea no es solo un cambio de calendario, sino un acto de profunda pastoralidad y un reflejo de la urgente necesidad de la Iglesia de estar con su rebaño en el epicentro del dolor y la esperanza de reconstrucción. La respuesta humanitaria y espiritual de la Iglesia será fundamental en los meses venideros para afrontar las consecuencias a largo plazo de estos terremotos.








