28 octubre, 2026

Origen histórico de una profunda devoción mariana

Cada año, en el periodo comprendido del 28 de octubre al 12 de diciembre, los fieles católicos intensifican su preparación espiritual rumbo a la gran festividad de la Patrona de México. Esta práctica devocional, con cerca de 150 años de historia documentada, se vincula directamente con las apariciones de la Virgen María ocurridas en 1531 en el cerro del Tepeyac, ubicado en la actual Ciudad de México.

Según la tradición oral e histórica, la Madre de Dios se manifestó ante el indígena San Juan Diego para solicitarle la edificación de un templo en su honor. Como prueba ineludible de su mandato, la Virgen le ordenó recolectar flores frescas en la cima árida para presentarlas ante el entonces obispo fray Juan de Zumárraga. Al desplegar su tilma frente al prelado, los pétalos cayeron y quedó grabada de forma milagrosa la silueta que hoy resguarda la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe.

Los análisis detallados de la sagrada impronta han arrojado múltiples descubrimientos singulares. Entre ellos destaca que el manto que cubre a la figura sagrada tiene 46 estrellas, las cuales coinciden exactamente con la configuración estelar visible desde el territorio mexicano durante el día de las apariciones marianas. De acuerdo con datos de la comisión encargada de la preparación rumbo al quinto centenario en 2031, la instauración de esta práctica de oración continuada se debe al venerable Antonio Plancarte y Labastida, fundador de la Congregación de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, quien inició esta costumbre el 2 de febrero de 1878.

Estructura y desarrollo de la plegaria devocional

Para llevar a cabo esta práctica espiritual de manera correcta, los fieles suelen seguir un devocional establecido que inicia con el ofrecimiento formal. En este momento inicial, los devotos recuerdan el significado simbólico de las estrellas plasmadas en el manto sagrado y presentan sus súplicas más íntimas.

Durante la oración inicial, los participantes suelen evocar las palabras reconfortantes que la Virgen dirigió al humilde pastorcito:

“Hijito mío, no te aflijas… ¿por ventura no estoy yo aquí que soy tu madre? ¿Por ventura no estás acogido bajo mi amparo? ¿Se te ofrece otra cosa?”

El ejercicio continúa con el tradicional acto de contrición, la oración preparatoria y el rezo de los misterios correspondientes al día, intercalados con jaculatorias específicas de la devoción guadalupana. Asimismo, se incorporan tres oraciones finales dirigidas a la Santísima Virgen como Hija del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo, además de las letanías lauretanas y cánticos populares tradicionales.

Recomendaciones pastorales y signos visibles

Como parte de las iniciativas promovidas por las comisiones eclesiásticas y las comunidades parroquiales, se sugiere acompañar este recorrido espiritual con la colocación progresiva de un elemento visual significativo. La propuesta consiste en añadir una estrella diaria sobre un arco decorativo montado alrededor de una imagen guadalupana, hasta completar las 46 estrellas que coronan el manto sagrado al finalizar la jornada de oración.

Cada estrella colocada suele llevar escrita una petición particular por las necesidades familiares, eclesiales o sociales. Finalmente, la festividad culmina de manera tradicional con la integración de un altar solemne y la celebración eucarística en honor a la Emperatriz de América.

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