24 septiembre, 2022

Martes del Tiempo de Navidad

 

I Jn 4, 7-10

Sal 71

Mc 6, 34-44

 

 

En estos días, después de celebrar la Natividad del Señor, la palabra clave de la liturgia será “Epifanía”, ya que el Señor se manifiesta a toda la humanidad. Pero ¿cómo podemos conocer a Dios?

 

San Juan quiere mostrarnos un camino para conocer al Señor. El apóstol subraya que, para conocer a Dios, necesitamos más que el puro intelecto. Al Todopoderoso se le conoce desde el encuentro y que mejor encuentro que se dé desde el amor. ¡Dios es amor! Solo por este camino se puede encontrar y conocer al Señor.

 

Para conocer a Dios tenemos que amar. Por eso será necesario “amarnos los unos a los otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios… Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”.

 

Que nos quede claro que el amor de Dios no es como el de alguna telenovela o alguna serie-película romántica. ¡No! El amor de Dios es sólido, fuerte, eterno. Es un amor que se manifiesta en su Hijo, el cual ha venido para salvarnos. Es un amor concreto: amor de obras, no de palabras.

 

En la persona de Jesucristo podemos contemplar claramente el amor de Dios y, siguiendo su ejemplo, podemos llegar al amor de Dios. Como lo dijo el profeta Jeremías: “el amor de Dios nos procede, nos ama incluso antes de que lo busquemos” (cfr. Jr 31, 1), “ya que Él nos amó primero”, nos amó desde siempre.

 

El amor del Señor es compasivo, como lo hemos meditado en el Evangelio. Jesús se compadecía de toda aquella gente que fue a escucharlo, “ya que estaban como oveja sin pastor”. Jesús nos quiere orientar desde el amor, nos pide que nos abandonemos a Él y a su amor.

 

Así es el amor de Dios: siempre nos espera, siempre nos va a sorprender. Dios es nuestro Padre, y como Padre, nos ama tanto que siempre nos espera con los brazos abiertos del amor y del perdón. Para poder conocer que Dios es amor, debemos subir por la escalera del amor al prójimo y de las obras del amor.

 

Que el Señor, en estos días en que la Iglesia nos hace pensar y reflexionar en la manifestación de Dios, nos conceda la gracia de conocerlo desde el camino del amor.Amemos sin límites, como elMaestro nos ama.

 

 

Pbro. José Gerardo Moya Soto

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Pbro José Gerardo Moya Soto

"Que la homilía pueda ser «una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento» (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que «en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones» (1Ts 2, 4)". Directorio Homilético 2014 (Decreto)

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