30 noviembre, 2022

 Viernes II Tiempo de Cuaresma

Gn 37, 3-4. 12-13. 17-28

Sal 104

Mt 21, 33-43. 45-46

    ¿Hasta dónde es capaz de llegar el hombre cuando se deja llevar por la envidia? Las historias que hoy hemos reflexionado, tanto la de José el Soñador, como los criados y el hijo del propietario de la viña, no es muy diferente a muchas historias que hoy se continúan escribiendo en nuestros días, en las cuales, la envidia, el status social y el interés desmedido siguen llevando a muchos a vender o matar a sus hermanos por poco dinero.

    También encontramos otra relación en las lecturas. Para sus hermanos, José era un iluso: “por ahí viene el soñador. Démosle muerte”. Para los labradores, el hijo del dueño del viñedo era un obstáculo: “Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia”.

    En este camino cuaresmal podemos vislumbrar la imagen de Jesús en ambos personajes. Jesucristo es un soñador: el Amado por el Padre, sueña con hacer ver a todos los hombres su condición como hijos de Dios; sueña con un mundo mejor, en el que Dios reine y no la violencia, ni la injusticia, mucho menos la humanidad.

    Pero no se limita con el simple hecho de soñar: Él acepta ir a la viña de su Padre. Como lo dice un Salmo: “Pastor de Israel, escucha: Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa” (Sal 79, 1. 15-16). Por desgracia, al llegar a ella, se da cuenta de que no es bien recibido por los criados: “Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron” (Jn 1, 11-12).

    En la medida en que el Señor fue presentando la novedad del Reino, entendió que su viña corría un grave peligro. Sus sueños, no encajaban con los sueños del pueblo; sus proyectos no se entrelazaban con las empresas de los hombres; la fidelidad de Dios no se podía comparar con la de Israel, puesto que ellos le seguían siendo infieles.

    “Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus palabras, comprendieron que Jesús decía todo aquello por ellos”. Pero no quisieron escuchar, puesto que tuvieron miedo. Hoy estas palabras son para nosotros; hoy Jesús se dirige a nuestro corazón. El Maestro sigue soñando y confiando en que ese sueño se volverá realidad. 

    ¿Por qué tendemos a rechazar los sueños de Dios? ¿Por qué no dejamos que sus proyectos y anhelos se anclen en nuestro corazón? No tengamos miedo. Que en este camino cuaresmal hagamos los sueños de Dios realidad: animémonos a dejarnos alcanzar por su amor y por su misericordia.

Pbro. José Gerardo Moya Soto

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Pbro José Gerardo Moya Soto

"Que la homilía pueda ser «una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento» (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que «en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones» (1Ts 2, 4)". Directorio Homilético 2014 (Decreto)

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