2 octubre, 2022

 Jueves III Tiempo de Cuaresma

Jr 7, 23-28

Sal 94

Lc 11, 14-23

    “Escuchen mi voz, y yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo; caminen siempre por el camino que yo les mostraré, para que les vaya bien. Pero ellos no escucharon ni prestaron oído”. Sin duda alguna la liturgia de la Palabra de este día nos viene a caer como anillo al dedo.

    A lo largo de nuestra vida caemos en esta sordera y no escuchamos la voz del Señor. Sí, preferimos escuchar los chismes, la crítica que hacen del otro, las noticias tan amarillistas que nos presentan en los medios de comunicación: para eso no batallamos, nos encontramos abiertos completamente.

    Jeremías nos quiere describir cómo es la experiencia de Dios con el pueblo obstinado que no desea escuchar su voz. Es un lamento del Señor. Él pide a su pueblo que lo escuche, le promete ser siempre su Dios. Pero ellos no lo escucharon, todo lo contrario, “caminaron según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, y en vez de darle la cara al Señor, le dieron la espalda”. El hombre sigue prefiriendo sus deseos en vez de escuchar la voz del Señor.

    El pueblo se ha apartado del Señor, le ha sido infiel. Cabría, entonces, preguntarnos: ¿no he perdido mi fidelidad al Señor? ¿Mi corazón no se ha endurecido o se ha hecho sordo a la voz del Señor? Recordemos que la Cuaresma es un tiempo para examinar nuestro corazón.

    La invitación de la Iglesia siempre será estar abiertos a la voz del Señor: “Ojalá escucharas hoy la voz del Señor: no endurezcas tu corazón” (Sal 94, 7-8). Cuando uno vive de esta manera, con el corazón duro, no le gusta algo de Dios. Inclusive es capaz de difamarlo y calumniarlo. Fue lo que le sucedió a Jesús en el Evangelio de hoy: lo desacreditan.

    Jesús hacía milagros para demostrar que tenía el poder de curar el alma, de ablandar los corazones. ¿Pero qué obtenía a cambio? Una actitud cerrada de sus oyentes. Aquellos hombres se encontraban cerrados a la voz del Señor, dejando al descubierto la miseria que aguardaban en su interior.

    Por eso Jesús deja las cosas muy en claro: “El que no está conmigo está contra mí”. No podemos justificarnos diciendo: “Si estoy con Jesús, pero de lejitos”. Eso no existe: o se está con Jesús o se está en contra de Jesús; o eres fiel o eres infiel; o tienes un corazón abierto a la escucha de la voz de Dios o tienes un corazón duro y cerrado.

    No perdamos la esperanza; no todo está perdido. Jesús nos motiva a seguir luchando, a volver siempre al Padre: “todavía es tiempo, dice el Señor, conviértanse a mí de todo corazón, porque soy compasivo y misericordioso”. Aún tenemos oportunidad. Aquí lo importante es volver a Él. ¿Te animas?

Pbro. José Gerardo Moya Soto

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Pbro José Gerardo Moya Soto

"Que la homilía pueda ser «una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una fuente constante de renovación y de crecimiento» (Evangelii gaudium 135). Cada homileta, haciendo propios los sentimientos del apóstol Pablo, reaviva la convicción de que «en la medida en que Dios nos juzgó aptos para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos: no para contentar a los hombres, sino a Dios, que juzga nuestras intenciones» (1Ts 2, 4)". Directorio Homilético 2014 (Decreto)

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