

Imagen referencial. | Crédito: Eric Ward/Unsplash.
Romper el silencio dentro de las instituciones de la Iglesia respecto al bienestar emocional resulta indispensable para garantizar que quienes enfrenten crisis psicológicas hallen refugio y acompañamiento espiritual. Así lo ha manifestado recientemente el padre Duberley Sánchez, coordinador de la pastoral enfocada en este sector en territorio colombiano.
El presbítero lanzó este mensaje en el marco de las reflexiones surgidas por la conmemoración del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, fecha establecida para visibilizar una problemática global que cobra vidas de forma masiva cada año.
Impacto global y datos alarmantes
Cifras difundidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que más de 720.000 personas fallecen por suicidio anualmente en todo el planeta. Asimismo, los registros correspondientes al año 2021 posicionaron a este flagelo como la tercera causa de muerte en jóvenes de entre 15 y 29 años. El informe también subraya que el 73% de los suicidios ocurren en países de ingresos bajos y medianos.
Esta compleja situación social no ha permanecido ajena a las comunidades consagradas y al clero internacional. Casos trágicos documentados en naciones como Italia, Estados Unidos y Brasil evidencian la vulnerabilidad dentro de las filas eclesiásticas. Específicamente, en el contexto brasileño, un estudio publicado en 2023 reveló que 40 sacerdotes se habían quitado la vida en el lapso de siete años.
Ante este panorama, el padre Sánchez, al frente de la Clínica del Alma, puntualizó que estas estadísticas “nos interpelan y nos dejan profundamente consternados, porque sabemos o entendemos que detrás de cada cifra hay una persona concreta, una historia, una herida profunda”.
Igualmente, valoró positivamente la iniciativa impulsada por la OMS bajo el lema Cambiar la narrativa sobre el suicidio, la cual promueve abordar estos temas “de manera responsable, sin sensacionalismo”.
En esa misma línea, el sacerdote recalcó: “Es empezar a hablar de salud mental en nuestros ambientes eclesiales, en nuestras comunidades. De esta manera vamos a combatir los mitos, vamos a reducir el estigma y vamos a pasar del silencio y la incomprensión a la apertura, a la acogida y al apoyo”.
Inspiración en la parábola del buen samaritano
Para guiar la acción pastoral frente a los trastornos emocionales, el religioso sugirió tomar como modelo la actitud del buen samaritano, interpretando la figura de Cristo como un guía sanador ante las dolencias del alma.
Como primer paso, argumentó que resulta crucial “aprender a estar atentos al sufrimiento psíquico que es invisible y silencioso”, permitiendo que la empatía se transforme en hechos concretos de asistencia humana.
Del mismo modo, advirtió sobre la importancia de reconocer los límites personales en la labor de ayuda. Según su perspectiva, el personaje bíblico “utiliza sus propias capacidades para atender y esa es una imagen de la Iglesia que sabe acoger”, pero al mismo tiempo “sabe derivar” con profesionales pertinentes y acompaña el proceso sin abandonar al afectado, reflejando “una Iglesia caritativa, misericordiosa”.
Bajo esta visión, el sacerdote propuso que las instituciones religiosas avancen firmemente hacia la creación de entornos seguros, compasivos y debidamente preparados para la contención emocional.


“La Iglesia, que sabe cuidar con solicitud pastoral, es una comunidad formada y responsable, y la Iglesia que sabe regresar nuevamente es una Iglesia caritativa, misericordiosa”, reiteró el líder católico.
Asimismo, dirigió un mensaje directo a quienes experimentan pensamientos autodestructivos, instándoles a buscar refugio en la fe: “Cuando todas las puertas se cierran, cuando no vemos que nada pasa en el horizonte, Jesús aparece allí. Es una puerta que debemos tocar. Es una puerta a la que hay que insistir”.
Creación de un modelo interdisciplinario
La inquietud por institucionalizar este apoyo se consolidó tras la realización del Congreso Nacional de Fe, Ciencia y Salud Mental celebrado meses atrás en la ciudad colombiana de Manizales.
Como resultado directo de dicho evento, se conformó el Consejo Nacional Interdisciplinario de Asesores en Pastoral de la Salud Mental. Este grupo de trabajo reúne a psiquiatras, pediatras, médicos generales, psicólogos, trabajadores sociales, especialistas en derecho, teólogos y agentes pastorales.


Actualmente, el equipo diseña una propuesta metodológica fundamentada “bíblica, teológica, antropológica, clínica y pastoralmente”, con el propósito de ofrecer directrices claras ante situaciones de angustia psicológica dentro de las parroquias y diócesis.
Finalmente, el padre Sánchez concluyó que la meta principal consiste en entregar este documento a las autoridades eclesiásticas: “Este Consejo Nacional se reúne periódicamente y nuestra preocupación mayor es avanzar hacia ese desarrollo de esta propuesta pastoral de salud mental, que queremos entregarle a los obispos y a delegados de pastoral de la salud para que ellos la sometan a un discernimiento pastoral y luego, posiblemente, si la consideran pertinente y benéfica, puedan adoptarla”.








