27 marzo, 2026

La diócesis de Catamarca, en Argentina, ha inaugurado un significativo Año Jubilar Diocesano, marcando el inicio de un período de profunda reflexión y celebración en honor al bicentenario del nacimiento del Beato Mamerto Esquiú. El pasado sábado 10 de enero, la histórica iglesia San Pedro de Alcántara, cuna de la orden franciscana a la que perteneció Esquiú, fue el epicentro de esta solemne apertura que congregó a una multitud de fieles y autoridades, ansiosos por honrar la vida y el legado de una figura clave para la fe y la historia argentina.

Este tiempo de gracia, que se extenderá hasta el 11 de mayo de 2027, lleva por lema “Beato Mamerto Esquiú, apóstol y ciudadano, servidor de unidad”, frase que encapsula la polifacética figura del fraile catamarqueño. La fecha de inauguración no fue casual; coincidió providencialmente con la víspera de la Fiesta del Bautismo del Señor y con el 143° aniversario del fallecimiento del beato, añadiendo capas de significado espiritual y conmemorativo. Además, este jubileo diocesano en Catamarca se alinea con el Año Jubilar convocado por el Papa Francisco a 800 años del nacimiento de San Francisco de Asís, reforzando los lazos franciscanos que Esquiú encarnó y la profunda conexión de la comunidad con esta tradición.

La ceremonia eucarística estuvo presidida por el Obispo de Catamarca, Monseñor Luis Urbanc, y concelebrada por el Provincial de la Provincia Franciscana de la Asunción, Fray Emilio Andrada, junto a numerosos sacerdotes. La atmósfera de devoción se hizo palpable con la presencia de peregrinos que viajaron desde Piedra Blanca, la tierra natal de Mamerto Esquiú, portando con profundo fervor la imagen del beato y acompañados por el párroco local, Padre Carlos Robledo, y la intendenta Alejandra Benavídez. Este acto no solo fue una imponente manifestación de fe, sino también un reconocimiento a la inmensa herencia cultural e histórica que Esquiú representa para la región y para toda la Iglesia Católica Argentina.

Tras la lectura del decreto oficial que convocó al Año Jubilar Diocesano, Monseñor Urbanc inició su homilía repasando la vida y obra del Beato Mamerto Esquiú. Destacó su dedicación incansable a la docencia, su elocuencia como predicador que cautivaba a las multitudes y su activa participación en el ámbito político provincial, consolidándolo como una figura integral que trascendió lo eclesiástico para influir en la construcción de la nación. El obispo profundizó en la primera lectura, centrándose en la figura del siervo sufriente, aquel que es sostenido y elegido por Dios para llevar el derecho y la justicia con humildad y paz, sin estridencias ni violencia. “¡Cuánto de esto vemos reflejado en el ser y quehacer de nuestro querido Beato Mamerto Esquiú! Realmente siervo sufriente con Jesús”, afirmó Mons. Urbanc, estableciendo un paralelismo directo entre el modelo bíblico y la vida ejemplar del fraile catamarqueño.

En su profunda reflexión sobre el Evangelio del Bautismo de Jesús, el prelado desglosó tres pilares fundamentales: la solidaridad divina, donde Jesús, al entrar al agua, no busca ser santificado sino santificarla con su presencia; la revelación de la identidad, con la manifestación de la Santísima Trinidad que nos recuerda que “somos amados por lo que somos, no por lo que hacemos”; y la trascendencia de nuestro propio Bautismo, día en que el cielo se abrió sobre cada uno para escuchar la voz del Padre que nos llama hijos e hijas amados. Monseñor Urbanc enfatizó que, así como el Bautismo de Jesús marcó el inicio de su vida pública, nuestra fe tampoco puede ser un asunto privado. “Esto lo entendió muy bien el Beato Esquiú, y lo vivió con coherencia”, subrayó, invitando a los fieles a emular su compromiso público con la fe y la justicia social. El obispo concluyó su mensaje instando a la comunidad a reavivar la llama de la fe en este Año Jubilar y a depositar su confianza en la Virgen del Valle, patrona y protectora de Catamarca, como fuente inagotable de consuelo y fortaleza en las adversidades.

Antes de la bendición final, Fray Emilio Andrada, en representación de la orden franciscana, extendió su agradecimiento a Monseñor Urbanc por la iniciativa que une a toda la diócesis y a los peregrinos presentes por su testimonio de fe. Al referirse a Esquiú, Fray Andrada lo describió como un “apóstol” que se sintió enviado al pueblo de Dios para predicar y escribir, testimoniando el Evangelio con su propia vida al modo de San Francisco de Asís. Subrayó también su fundamental rol de “ciudadano” preocupado por la unidad y organización de la Patria en tiempos turbulentos, y un “servidor de unidad” que, lejos de acentuar las divisiones, construyó puentes de comunión entre las personas y los pueblos, buscando siempre la concordia. Fray Andrada cerró su intervención con una emotiva petición de oraciones por la pronta canonización del Beato Mamerto Esquiú, un anhelo profundamente compartido por toda la feligresía catamarqueña y argentina.

El inicio del Año Jubilar en Catamarca representa mucho más que una simple conmemoración; es una invitación a revitalizar la fe, a reflexionar sobre el legado de un hombre que supo conjugar la vida espiritual más profunda con el compromiso social y político. La diócesis de Catamarca, con este evento de gran calado, busca no solo honrar la memoria de Mamerto Esquiú en el bicentenario de su nacimiento, sino también inspirar a las nuevas generaciones a seguir su ejemplo de unidad, servicio y profundo amor por la Patria y la fe. Este jubileo promete ser un motor de peregrinaciones, eventos culturales y reflexiones teológicas que marcarán la vida religiosa y social de Catamarca hasta 2027, consolidando el perfil del Beato Esquiú como referente espiritual y cívico para toda Argentina.

Agregar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Desde las Redes

Desde las Redes es un portal católico dedicado a la Evangelización digital. Somos un equipo de profesionales poniendo nuestros dones al servicio de la Iglesia. Lancemos las redes y compartamos la fe.

Nuevos