Cuernavaca, Morelos — Miles de personas se congregaron el sábado 16 de mayo de 2026 en Cuernavaca para participar en la 12ª Caminata por la Paz, un evento anual liderado por Mons. Ramón Castro Castro, Obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM). Durante la multitudinaria movilización, el prelado pronunció un contundente mensaje, subrayando la responsabilidad de la Iglesia y el Estado ante la creciente violencia que azota el estado de Morelos y el país.
“Nuestro Dios escucha los gritos de las víctimas, camina con ellas y nos llama también a nosotros a no apartar la mirada”, afirmó Mons. Castro Castro, resonando con el sentir de una comunidad que conmemora “doce años de poner los pies en la calle para decirle al mundo que no nos resignamos, que no nos queremos acostumbrar, que no nos vencerán”. El Obispo enfatizó que la persistencia de esta caminata demuestra que el pueblo de Morelos “no se rinde y sigue creyendo que la paz es posible”.
La realidad que enfrenta Morelos es alarmante. Según el informe más reciente del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, Cuernavaca se posiciona en el lugar 23 de las 50 ciudades más violentas del mundo, dentro de un listado que incluye a 17 localidades mexicanas. Este contexto de inseguridad y desesperanza fue el telón de fondo del llamado del Obispo a la acción y la solidaridad.
**Custodiando la “llama” de la paz, según León XIV**
Mons. Castro Castro hizo referencia al mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de la Paz 2026, celebrada el 1 de enero, en el que el Santo Padre describe la paz como “una pequeña llama amenazada por la tormenta”. Inspirado en estas palabras del Pontífice, el Obispo de Cuernavaca declaró: “A eso hemos venido hoy: a custodiar esa llama para que no se apague por la tormenta. Y lo hacemos juntos, porque estando solos, se apaga. Pero juntos, la podemos sostener”.
El prelado mexicano dejó claro que su discurso no emanaba de una plataforma política o de un análisis social distante. “Hablo como pastor, como hermano que camina con su pueblo”, dijo, “como el discípulo de Jesucristo que ha visto demasiadas lágrimas en los rostros de Morelos y de México, de nuestra patria tan lastimada por la violencia de nuestras familias”.
La procesión unió a miles de voces: familias enteras, jóvenes, estudiantes universitarios, colectivos ciudadanos y madres buscadoras, quienes marcharon para recordar que la indiferencia ante el dolor y la violencia no es una opción. El Obispo compartió las desgarradoras realidades que ha presenciado y escuchado: “el silencio roto de las madres buscadoras”, “el miedo de los jóvenes que sienten que el futuro se les escapa”, “el cansancio de familias enteras que viven en la incertidumbre, la violencia, el abandono”, y “el hartazgo de tantos que ya no soportan la corrupción que vivimos”.
**La Iglesia no puede ser indiferente**
Ante esta dolorosa realidad, Mons. Castro Castro fue enfático al afirmar que “la Iglesia no puede permanecer indiferente ni refugiada en la comodidad de sus templos, porque el Dios en quien creemos no es un Dios que observa desde lejos”. Citando las escrituras, recordó que “es el Dios de la zarza ardiente, el Dios que le dijo a Moisés: ‘He visto la opresión de mi pueblo, he escuchado su clamor y he bajado para liberarlo’”. Así, sentenció: “Nuestro Dios escucha los gritos de las víctimas, camina con ellas y nos llama también a nosotros a no apartar la mirada”.
El líder de la CEM insistió en que el papel de la Iglesia no es dividir o confundir, sino “construir desde la verdad, porque solo la verdad puede abrir caminos de reconciliación auténtica”. Resaltó la importancia de poner a las víctimas en el centro, no como una estrategia o un discurso emotivo, sino como un reconocimiento de que “allí Dios nos está hablando, cuestionando e interpelando como sociedad”. “En el rostro de quien llora a un hijo, de quien fue desaparecido, de quien vive bajo la extorsión o de quien perdió la esperanza, allí está Cristo clamando nuevamente desde la cruz”, advirtió.
**Un sacerdote obligado a huir por el crimen organizado**
En un testimonio particularmente conmovedor, el Obispo relató la situación de Huautla, una pequeña y empobrecida comunidad al sur de Morelos, “golpeada desde hace años por la pobreza y la migración”. En este lugar, el crimen organizado ha alcanzado un grado de crueldad inaudito, exigiendo “derecho de piso” a los residentes “simplemente por vivir allí, simplemente por tener una casa”.
La situación se tornó crítica cuando el párroco de San Francisco de Asís en Huautla, quien se había convertido en el último reducto de esperanza para la comunidad, fue directamente amenazado de muerte. “Tan graves, tan reales, tan concretas esas amenazas que tuvo que salir de su comunidad para proteger su propia integridad y hoy Huautla está sin pastor”, lamentó el Obispo.
**Un llamado directo a las autoridades: “Gobernar es no abandonar”**
Con un tono firme pero esperanzado, Mons. Ramón Castro Castro dirigió un enérgico llamado a las autoridades, declarando que “gobernar es no abandonar. Gobernar es no renunciar a la responsabilidad de garantizar seguridad y bienestar de cada persona en el territorio que se les ha confiado”.
El Obispo hizo peticiones concretas: que Huautla reciba apoyo, que las madres buscadoras obtengan el respaldo institucional merecido, que transportistas y miles de comerciantes puedan trabajar sin la extorsión del “derecho de piso”, y que los jóvenes tengan acceso a alternativas reales como educación de calidad, empleo digno y espacios seguros, para que el crimen organizado no sea su única opción.
Finalmente, criticó duramente las “narrativas falsas” de paz que el pueblo ya no acepta “cuando se declara la paz, mientras el 90 % de los morelenses tienen miedo de salir a la calle”. Esto, aseveró, “no es gobernar, eso es ofender la inteligencia del pueblo”. Sin embargo, el prelado aseguró a las autoridades la disposición de la Iglesia para colaborar: “No estamos aquí para criticar por criticar, estamos aquí para sumar, para acompañar, para proponer, para caminar juntos por la paz”.








