La crisis de personas desaparecidas en México continúa siendo una profunda herida social, llevando a la Arquidiócesis Primada de México a reiterar su urgente llamado a la sociedad y a las autoridades para no ignorar este sufrimiento y brindar acompañamiento efectivo a las familias buscadoras. En una Misa especial, celebrada el domingo 15 de marzo de 2026 en la emblemática Basílica de Guadalupe y presidida por Mons. Francisco Javier Acero, familiares de quienes han sido víctimas de este flagelo se congregaron en un acto de fe y esperanza.
La Arquidiócesis capitalina ha enfatizado su postura a través del editorial de su semanario *Desde la Fe*, publicado el domingo 17 de mayo de 2026, donde se subraya que “hay dolores que una sociedad no puede permitirse normalizar. Las desapariciones en México son uno de ellos”. La institución eclesiástica argumenta que detrás de cada ficha compartida en redes sociales, de cada fotografía sostenida en una marcha o de cada madre que excava incansablemente en terrenos baldíos, se esconde una familia destrozada y una comunidad marcada por una herida de inmenso dolor. Este posicionamiento busca sensibilizar a la población sobre la magnitud de la crisis humanitaria que enfrenta el país.
Los datos oficiales confirman la alarmante situación. La Secretaría de Gobernación de México reporta que, desde el 31 de diciembre de 1952 hasta la fecha, se han registrado 400.139 personas desaparecidas, de las cuales 134.181 permanecen sin ser localizadas. Estas cifras no solo representan estadísticas, sino vidas, sueños y familias rotas por la incertidumbre y la ausencia.
Un informe reciente del Índice de Paz México 2025, elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz, advierte sobre una “tendencia creciente de personas reportadas como desaparecidas en todo el país”, lo que ha provocado niveles crecientes de alarma e indignación social. El documento detalla que desde 2010, se han documentado aproximadamente 292.000 casos de personas desaparecidas en México, y más de la mitad de estos trágicos eventos han ocurrido en los últimos seis años, lo que evidencia una aceleración preocupante de la crisis.
La gravedad de la situación ha trascendido las fronteras nacionales. Un informe publicado a principios de abril por el Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada (CED) ha solicitado a la Asamblea General de la ONU que examine el caso de los desaparecidos en México. Las conclusiones del CED son contundentes: “existen indicios fundados de que se han perpetrado y se siguen perpetrando desapariciones forzadas en el contexto de varios ataques generalizados o sistemáticos llevados a cabo en México, es decir, como crimen de lesa humanidad”. Esta declaración internacional eleva el nivel de la problemática a una categoría que exige una respuesta urgente y coordinada a nivel global.
La Arquidiócesis de México ha profundizado en el entendimiento del dolor que experimentan las “familias buscadoras”, destacando que hablar de personas desaparecidas es comprender “ausencias que duelen todos los días” y “familias que viven atrapadas entre la esperanza y la incertidumbre”. En un encuentro reciente, los representantes de la Iglesia Primada escucharon de primera mano el “cansancio emocional” que agobia a estas familias, exhaustas por promesas incumplidas y acciones que, aunque inicialmente parecían abrir caminos de esperanza, solo terminan por aumentar su frustración.
Durante esta reunión, las familias solicitaron a la Iglesia un acompañamiento en dos vertientes cruciales: contribuir a la sensibilización y visibilización de esta problemática en la sociedad, y mantener una cercanía constante en su lucha diaria y en su profundo dolor. Expresaron que, en muchas ocasiones, además de cargar con la ausencia de un ser querido, deben enfrentar la indiferencia, el prejuicio social y el abandono institucional. La labor de estas familias, llevada a cabo “sin apoyo de las instituciones, arriesgando su vida y salud”, las expone a padecimientos como ansiedad, estrés, depresión e inestabilidad económica. “Nadie debería atravesar un dolor así”, afirmó la Arquidiócesis mexicana en su editorial.
Ante este sombrío panorama, la Iglesia Católica considera “indispensable que las autoridades actúen con responsabilidad, eficacia y sensibilidad”. Subraya que la justicia no puede quedar estancada en trámites burocráticos, discursos contradictorios o estrategias que, a pesar de ser anunciadas con gran pompa, no se traducen en resultados concretos que ofrezcan certeza a las familias buscadoras. El llamado es extensivo a toda la sociedad: “Es una tarea que nos corresponde a todos. Como ciudadanos, como vecinos, como creyentes, como seres humanos, estamos llamados a no cerrar los ojos ante el sufrimiento ajeno”.
Finalmente, la Arquidiócesis de México, en el contexto de la Solemnidad de la Ascensión del Señor, ofreció un mensaje de consuelo y esperanza a las familias. Recordando las palabras de Jesús a sus discípulos antes de ascender al cielo, “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”, la Iglesia reafirmó que esta promesa sigue viva hoy, “especialmente para quienes atraviesan la noche del dolor y de la incertidumbre”. Concluyó con una promesa de fe: “Tengan la certeza que ninguno de ustedes desaparece del corazón de Dios”.








