El Papa León XIV, desde la emblemática ventana del Palacio Apostólico, ofreció el pasado domingo una profunda reflexión sobre la Solemnidad de la Ascensión del Señor durante el rezo del Regina Coeli. Ante los fieles congregados en la Plaza de San Pedro, el Pontífice enfatizó que este misterio central de la fe cristiana no debe ser percibido como una promesa distante y futura, sino como una realidad espiritual viva y activa que ya influye en la existencia terrenal de los creyentes.
Con su habitual claridad pastoral, Papa León XIV desglosó el significado de la Ascensión. “La Ascensión no nos muestra una promesa lejana, sino un vínculo vivo que nos atrae hacia la gloria celestial, ampliando y elevando —ya desde esta vida— nuestro horizonte y acercando cada vez más nuestro modo de pensar, de sentir y de actuar a la medida del corazón de Dios”, afirmó el Santo Padre. Estas palabras, pronunciadas desde el balcón de su estudio privado, resonaron con un llamado a la inmersión espiritual en la trascendencia.
Al abordar la escena bíblica que describe a Jesús elevándose de la tierra hacia el cielo, el Papa León reconoció que, a primera vista, este evento podría parecer un acontecimiento remoto en el tiempo y el espacio. Sin embargo, rápidamente corrigió esta percepción, declarando: “En realidad, no es así”. Según el Pontífice, la Ascensión de Cristo no representa una separación de la humanidad, sino, por el contrario, su definitiva introducción en la íntima comunión con el Padre. Para los fieles, esto significa una unión inseparable: “Nosotros, de hecho, estamos unidos a Jesús como los miembros a la cabeza, en un solo cuerpo, y su ascensión al cielo nos atrae también, con Él, hacia la plena comunión con el Padre”. Este concepto subraya la continuidad y la cercanía de Cristo con su Iglesia, incluso después de su regreso al Padre.
León XIV profundizó en lo que describió como el “dinamismo ascendente” que caracteriza toda la vida y misión de Cristo. Desde su Encarnación hasta su Ascensión, toda su existencia fue un movimiento ininterrumpido que “abraza y envuelve, a través de su humanidad, todo el escenario del mundo, elevando y redimiendo al hombre de su condición de pecado”. Este dinamismo, explicó el Papa, lleva “luz, perdón y esperanza allí donde había tinieblas, injusticia y desesperación”. El mensaje del Papa León XIV es un recordatorio de que la acción redentora de Cristo no se detuvo en la cruz o la resurrección, sino que culmina en la Ascensión, que abre las puertas del cielo a la humanidad.
El Pontífice hizo hincapié en que este itinerario espiritual hacia lo alto no es exclusivo de figuras históricas o relatos bíblicos, sino que se manifiesta de manera tangible en la vida cotidiana. Hizo referencia explícita a la vida de los santos, tanto los canonizados como aquellos “cristianos sencillos que viven su fe en lo cotidiano”. En este punto, el Papa León XIV citó la expresión “de la puerta de al lado”, utilizada por el Papa Francisco en su exhortación apostólica *Gaudete et exsultate*, para describir a personas comunes que, con alegría y compromiso, se esfuerzan sinceramente por vivir según los principios del Evangelio. Son estos individuos —padres, madres, abuelos, y personas de todas las edades y condiciones— quienes con su testimonio silencioso iluminan el camino de la fe para otros. La referencia a la “santidad de la puerta de al lado” de Francisco por parte del actual Pontífice, León XIV, destaca la continuidad de un magisterio que busca acercar la fe a la realidad vital de cada persona.
En esta misma línea de pensamiento, Papa León XIV instó a los fieles a dejarse guiar y acompañar por estos “testigos de la vida cristiana”. La oración y el apoyo mutuo son herramientas esenciales para ascender espiritualmente: “Con ellos, con su apoyo y gracias a su oración, podemos aprender también nosotros a subir día a día hacia el cielo”. Esta invitación del Santo Padre es un llamado a la comunidad y a la vivencia compartida de la fe, donde cada miembro es un pilar para el crecimiento espiritual del otro.
Así, los creyentes están llamados a cultivar en sí mismos la “vida divina que recibimos en el bautismo y que nos impulsa constantemente hacia lo alto, hacia el Padre”. Este crecimiento espiritual debe traducirse en acciones concretas en el mundo, difundiendo frutos de “comunión y de paz”, elementos esenciales para la construcción de una sociedad más justa y fraterna. La Ascensión, según el mensaje de León XIV, no es un mero dogma teológico, sino una fuerza transformadora que impulsa a los cristianos a vivir una fe activa y comprometida en el presente.
El Papa León XIV concluyó su reflexión confiando este camino de elevación espiritual y compromiso cristiano a la intercesión de la Virgen María, a quien veneró como “Reina del Cielo”. En sus palabras finales, el Pontífice destacó el papel de la Madre de Dios como guía constante y luz en el peregrinar de los fieles, pidiéndole que “en todo momento ilumine y guíe nuestro caminar”. Con este gesto mariano, el Santo Padre reafirmó la importancia de la devoción a la Virgen como un pilar fundamental de la espiritualidad católica.






