16 mayo, 2026

El Cardenal Timothy Dolan, arzobispo emérito de Nueva York, celebró el pasado jueves un significativo hito en su vida pastoral: el quincuagésimo aniversario de su ordenación sacerdotal y el vigesimoquinto de su consagración episcopal. La solemne eucaristía tuvo lugar en la icónica Catedral de San Patricio, un evento que reunió a una multitud de fieles, clérigos y dignatarios para honrar el legado de servicio y cercanía del purpurado. Durante la ceremonia, el cardenal expresó su profunda gratitud a Dios y a la comunidad neoyorquina, destacando un ministerio marcado por la dedicación, el compañerismo y una alegría contagiosa.

Rodeado por una distinguida asamblea que incluyó a obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, líderes ecuménicos e interreligiosos, así como autoridades civiles y miles de feligreses de la arquidiócesis, el Cardenal Dolan, de 76 años, compartió un mensaje entrañable al concluir la celebración. Con visible emoción, se dirigió a los fieles de Nueva York, a quienes describió como su “familia”. “Después de diecisiete años felices de ministerio, ustedes son mi familia, son mis amigos. Los amo y les doy muchísimas gracias”, manifestó el cardenal ante una catedral colmada.

El respetado prelado enfatizó que cualquier logro positivo en su ministerio ha sido fruto de la gracia divina y del inquebrantable apoyo del pueblo de Dios. “Sin Jesús no habría podido hacer nada. Y sin ustedes, ninguno de los modestos logros que tan generosamente han señalado habría podido suceder jamás”, afirmó, subrayando la humildad y la profunda fe que caracterizan su labor. Su testimonio resonó entre los asistentes, quienes han sido testigos de su liderazgo y cercanía pastoral a lo largo de los años.

La doble conmemoración fue un punto central en la homilía pronunciada por el Arzobispo de Nueva York, Monseñor Ronald Hicks. El arzobispo Hicks rindió homenaje al Cardenal Dolan, describiéndolo como “un sacerdote feliz de ayudar”, una frase que, según recordó, fue una respuesta espontánea del cardenal a un hombre que deseaba convertirse al catolicismo. “Esas palabras reflejan quién es el Cardenal Dolan en lo más profundo de su ser. Él es un sacerdote que sigue el ejemplo de Jesús, el Buen Pastor”, aseveró Monseñor Hicks.

El arzobispo actual de Nueva York resaltó que, a pesar de los numerosos y elevados cargos que ha ocupado el Cardenal Dolan —desde párroco y rector hasta canciller, obispo, arzobispo y cardenal—, su identidad más esencial y profunda siempre ha permanecido anclada en su sacerdocio. “Ha sido accesible, compasivo, un testigo público de la fe, un amigo, un pastor con un extraordinario sentido del humor y un corazón aún más grande, configurado al corazón de Jesús”, señaló Monseñor Hicks, destacando las cualidades humanas y espirituales que han definido su episcopado.

Durante su alocución, Monseñor Hicks también aprovechó la ocasión para reflexionar sobre el llamado misionero inherente a la Iglesia Católica, tomando como inspiración el Evangelio de la Ascensión proclamado ese día. “La Iglesia Católica nunca debe ser autorreferencial ni buscar servirse a sí misma. Estamos llamados a amar a Dios y a ver el rostro de Cristo en nuestros hermanos y hermanas”, proclamó, reafirmando la misión evangelizadora universal del catolicismo. Esta perspectiva se alinea con la visión del Papa León, quien ha enfatizado la importancia de una Iglesia “en salida”, cercana a las periferias existenciales y geográficas.

El prelado también recordó que el anuncio del Evangelio se produce frecuentemente en encuentros cotidianos y sencillos, más allá de los grandes eventos. “Hacer discípulos suele ocurrir en momentos simples, en encuentros personales con amigos, familiares y todas las personas que encontramos. Requiere confianza mutua, escucha, respeto y un verdadero testimonio de vida cristiana”, explicó, enfatizando la importancia de la autenticidad y el diálogo en la evangelización.

Al cierre de la misa, el Cardenal Dolan compartió un momento íntimo al evocar la memoria de sus padres, Robert Matthew Dolan y Shirley Jean Radcliffe, quienes se casaron el 14 de mayo de 1949 en Misuri. “Crecer en ese hogar sencillo pero feliz es una bendición por la que estoy profundamente agradecido”, confesó, revelando la raíz de su fe y los valores que ha transmitido. El cardenal aseguró que la cercanía y el afecto que ha recibido de los fieles de Nueva York le recuerdan constantemente el amor y la sólida fe que le fueron inculcados en su familia. “Estar cerca de ustedes aquí en Nueva York es un regalo que atesoraré para siempre”, añadió con voz conmovida.

Con su característico y entrañable sentido del humor, el Cardenal Dolan comparó la atmósfera festiva de la celebración con la Nochebuena. “Puede que hoy sea la víspera de la Ascensión, pero para mí es Nochebuena y me siento como un niño mirando muchos regalos debajo del árbol”, comentó entre risas, contagiando su alegría a la asamblea. Antes de impartir la bendición final, el purpurado extendió una invitación que refleja su sencillez y cercanía pastoral: “¿Quieren salir para que les invite un hot dog?”. Con este gesto, el Cardenal Timothy Dolan reafirmó su identidad como un pastor cercano, un sacerdote feliz al servicio de su rebaño.

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