Managua, Nicaragua – El panorama para la Iglesia Católica y la sociedad nicaragüense en 2026 se perfila sombrío, marcado por la continuidad de una feroz persecución bajo el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Así lo afirman, desde el exilio, un sacerdote, una destacada investigadora y un excandidato presidencial, quienes comparten sus profundas preocupaciones sobre el futuro inmediato del país centroamericano.
La represión del gobierno sandinista contra la Iglesia y la ciudadanía se ha intensificado en los últimos años, manifestándose en el exilio forzado de prelados y religiosos, la confiscación de bienes eclesiásticos y una vigilancia constante que silencia a la disidencia.
**La Iglesia Católica bajo asedio constante**
El Padre Edwing Román, vicario parroquial de Santa Agatha en Miami, Florida, proyecta que el año 2026 será una extensión de la represión ya experimentada por la Iglesia Católica en Nicaragua. “El asedio a las parroquias y a los sacerdotes que, por temor a represalias, no pueden denunciar, continuará”, advierte el sacerdote. Subraya la ausencia de medios de comunicación independientes en el país, lo que ha generado un “silencio forzado” entre el clero.
El Padre Román lamenta el exilio de cuatro obispos y más de un centenar de sacerdotes y religiosas, una cifra que se suma a la expropiación de propiedades destinadas a la caridad y medios de comunicación que antes difundían el Evangelio. “La dictadura ha intensificado su control, viendo a la Iglesia como un foco de oposición potencial, con una amplia aceptación incluso entre no creyentes”, explica, anticipando que la persecución se mantendrá o empeorará, a menos que una mayor presión internacional desestabilice al régimen.
**Cifras alarmantes de persecución religiosa**
Martha Patricia Molina, autora del informe “Nicaragua: Una Iglesia Perseguida”, ha documentado la sistemática agresión contra la fe católica. A inicios de 2026, la investigadora reveló que, entre 2018 y finales de 2025, un total de 43 propiedades de la Iglesia fueron confiscadas. Además, la dictadura Ortega-Murillo perpetró 1.030 ataques directos contra católicos y prohibió 18.808 procesiones religiosas, una cifra sin precedentes.
Un informe de finales de 2025 del diario Confidencial detalló cómo, entre 2022 y 2025, 39 de estas propiedades incautadas se destinaron a fines ajenos a su propósito original. Molina también registra que 304 sacerdotes y monjas, 172 hombres y 132 mujeres, ya no pueden ejercer su ministerio pastoral en Nicaragua, víctimas del destierro o la intimidación.
Entre los obispos que se han visto obligados a abandonar el país figuran Monseñor Silvio Báez, Obispo Auxiliar de Managua; Monseñor Isidoro Mora, Obispo de Siuna; Monseñor Rolando Álvarez, Obispo de Matagalpa y Administrador Apostólico de Estelí; y Monseñor Carlos Enrique Herrera, Obispo de Jinotega y presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua. Otros cinco obispos permanecen en el territorio.
**Vigilancia y control: La “gran cárcel” nicaragüense**
La investigadora Molina describe Nicaragua como “una gran cárcel” en una entrevista de principios de enero, donde el miedo se ha sembrado entre el clero y los laicos para evitar cualquier filtración de información o denuncia. “Los sacerdotes viven vigilados las 24 horas y muchos deben reportar sus horarios a la policía orteguista”, lamenta, señalando que esta vigilancia impide incluso denunciar profanaciones o robos.
La falta de obispos ha dificultado la ordenación de nuevos sacerdotes y diáconos en algunas áreas. Molina, sin identificar nombres, también menciona la existencia de clérigos que considera “cómplices” de la dictadura sandinista. Asimismo, denuncia que, por “razones culturales”, solo tres procesiones son permitidas en el país: la de Santo Domingo, la de Nuestra Señora de la Merced en León y la de la Virgen del Hato.
El 1 de enero de 2026, la dictadura impidió una procesión con el Jesús Sacramentado, un acto que Molina interpreta como un presagio del carácter represivo que mantendrá el año. Ante el adoctrinamiento de niños y jóvenes, la Iglesia se enfrenta al desafío de “mantener viva la fe, ese amor y creencia en Jesús Sacramentado, en la Virgen María, para evitar que nuestra sociedad se convierta en una población atea”.
**Testimonio ante la Comisión de Libertad Religiosa en EE.UU.**
La grave situación de la libertad religiosa en Nicaragua fue expuesta por Martha Patricia Molina el 13 de enero ante la Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional (USCIRF, por sus siglas en inglés). “En Nicaragua, rezar en público se considera un delito”, declaró Molina en Washington D.C., compartiendo espacio con representantes de otros países donde la libertad de culto es severamente vulnerada.
Molina enfatizó que la presencia de Nicaragua en este foro, junto a naciones con los peores registros en persecución religiosa, fue crucial para que la comunidad internacional tome conciencia de la “criminalidad” del régimen. Durante su comparecencia, presentó una actualización de su informe y propuso recomendaciones para futuras acciones del gobierno estadounidense contra la administración Ortega-Murillo.
**Liberación de presos: ¿Una farsa condicionada?**
Félix Maradiaga, excandidato presidencial y ex preso político, emitió una declaración a mediados de enero expresando “esperanza” por la liberación de “decenas” de presos políticos el 10 de enero. Atribuye estas liberaciones a la “presión internacional firme, constante y coordinada” ejercida sobre la dictadura sandinista, particularmente por Estados Unidos.
Sin embargo, Martha Patricia Molina desvirtúa la noción de una “libertad absoluta”. La investigadora califica la medida de “farsa”, ya que los liberados han sido trasladados a sus hogares bajo la modalidad de casa por cárcel, sujetos a vigilancia constante junto a sus familias y obligados a firmar semanalmente ante la policía. Además, Molina denunció la detención de otras 60 personas, supuestamente por celebrar la captura de Nicolás Maduro y los “aires de libertad” en Venezuela.
Maradiaga, presidente de la Fundación Libertad, insiste en que la organización política en el exilio es otra forma legítima y necesaria de presión contra el régimen, demostrando que, a pesar de las adversidades, la oposición sigue trabajando.
**Apoyo desde el exterior: Oración y presión internacional**
El Padre Román hace un llamado a la comunidad internacional para apoyar a los católicos nicaragüenses con oraciones, tanto privadas como en las oraciones de los fieles en sus parroquias, dado que el régimen prohíbe las prácticas litúrgicas habituales. “Dios quiera que Estados Unidos y la Unión Europea puedan influir más con presiones al régimen, incluyendo el respeto a la libertad religiosa en Nicaragua”, implora el sacerdote.
Agradeció la acogida de los obispos que han recibido a los exiliados nicaragüenses, destacando al Arzobispo de Miami, Monseñor Thomas Wensky, y al Papa Francisco por su cercanía y por haber recibido en el Vaticano a Monseñor Rolando Álvarez, exiliado en Roma desde enero de 2024, y a los otros tres prelados desterrados en encuentros de finales de 2025.
El futuro de Nicaragua, según estas voces desde el exilio, es “muy sombrío”, con un “clima de terror y desesperanza” bajo una falsa alegría orquestada por el régimen, mientras el pueblo sigue sufriendo. La lucha por la libertad y la dignidad, especialmente la religiosa, sigue siendo el gran reto en este 2026.






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