26 marzo, 2026

Un reciente consistorio extraordinario de Cardenales en el Vaticano, celebrado la semana pasada y con informes publicados el 13 de enero, estuvo marcado por intensos debates sobre el futuro de la Iglesia, incluyendo una discusión pendiente sobre la liturgia. Aunque el tema central de la Eucaristía tradicional no fue abordado directamente por falta de tiempo, un discurso preparado por el Cardenal Arthur Roche, Prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ha revelado una postura contundente en favor de la liturgia post-Vaticano II como la única expresión legítima del rito latino.

El documento de dos páginas, cuyo contenido fue obtenido por la periodista Diane Montagna, detalla la oposición del Cardenal Roche al Rito Romano tradicional, considerándolo una mera “concesión” que eventualmente debería ser eliminada. El prelado inglés argumenta que la tradición auténtica no es un “conjunto de cosas muertas”, sino un “río vivo” en constante desarrollo, una visión que, según él, valida las reformas litúrgicas surgidas del Concilio Vaticano II.

**La Visión del Cardenal Roche sobre la Liturgia**

En su intervención, que no llegó a pronunciarse ante los cardenales, el Cardenal Roche se propuso explicar que la historia de la liturgia eclesiástica es una de continua reforma y “desarrollo orgánico”. Subrayó que la liturgia “se caracteriza por elementos culturales que cambian con el tiempo y el lugar”, lo que justifica las adaptaciones y evoluciones a lo largo de los siglos. Citando al Papa Benedicto XVI, el Cardenal Roche enfatizó que la Tradición es una corriente viva que conecta a los fieles con los orígenes de la fe, y no una colección estática de dogmas o ritos inalterables.

Para el Prefecto del Dicasterio, la liturgia promovida por el Concilio Vaticano II no solo está en plena sintonía con el verdadero significado de la Tradición, sino que constituye la forma singular de servir a dicha Tradición en la actualidad. Sostuvo que la Iglesia siempre ha mantenido una “visión dinámica” que equilibra la solidez de la tradición con la apertura al progreso legítimo, y que ambas no pueden ser entendidas como acciones separables. La unidad de la Iglesia, afirmó, no se logra “congelando la división”, sino encontrando puntos de comunión en lo que es intrínsecamente compartible.

Haciendo referencia al documento del Papa Francisco *Desiderio desideravi*, sobre la formación litúrgica del Pueblo de Dios, el Cardenal Roche insistió en que “no podemos volver a esa forma ritual que los padres conciliares, *cum Petro et sub Petro*, sintieron la necesidad de reformar”. Reiteró la voluntad de Francisco de que la liturgia reformada sea la “única expresión” del Rito Romano, argumentando que la tolerancia de la liturgia prerreformada durante pontificados anteriores fue una “concesión”, no una promoción. Concluyó que los problemas en torno a la liturgia son “principalmente eclesiológicos” y expresó su incredulidad ante la posibilidad de reconocer la validez del Concilio sin aceptar sus reformas litúrgicas inherentes.

**Reacciones y Críticas al Documento de Roche**

El discurso no pronunciado del Cardenal Roche generó diversas reacciones y críticas una vez que su contenido se hizo público. El sacerdote liturgista John Zuhlsdorf, por ejemplo, disputó la afirmación de Roche de que la liturgia reformada representa un “desarrollo orgánico”. Zuhlsdorf recordó que el propio Cardenal Joseph Ratzinger (futuro Benedicto XVI) había descrito la reforma litúrgica como una “fabricación, un producto banal del momento”, un rito elaborado por comités y justificado *ex post facto*. Este proceso, argumentó Zuhlsdorf, no se concilia fácilmente con la comprensión tradicional de la Iglesia sobre la liturgia como algo recibido, no creado.

Asimismo, Zuhlsdorf criticó el documento por “redefinir términos clave como reforma, tradición, unidad y legitimidad”, lo que, según él, predetermina el resultado del debate. Para el liturgista, es fundamental abordar primero el “alcance, método y aceptación de la reforma”, pues de lo contrario, las apelaciones a la autoridad y la unidad solo servirán para clausurar el diálogo en lugar de fomentar la comunión.

Por su parte, el comentarista católico Gavin Ashenden calificó el documento de Roche no como un “análisis teológico serio, sino como propaganda”, un “acto de partidismo” que busca imponer una versión sesgada de la verdad. Ashenden interpretó el texto como un intento de influir en los cardenales para implementar mayores restricciones a la liturgia tradicional, presentando una historia revisionista de la reforma posconciliar.

En contraste, el comentarista católico Austen Ivereigh, conocido por su cercanía a los asesores del Papa Francisco, aclaró que el propio Santo Padre había solicitado al Cardenal Roche la preparación de este documento. Ivereigh explicó en redes sociales que Roche fue uno de los cuatro cardenales a quienes se les pidió elaborar informes sobre los temas seleccionados por el Papa para el consistorio, lo que contextualiza la intención detrás de la intervención.

**Otros Temas Abordados en el Consistorio**

Aunque la liturgia fue pospuesta para un futuro encuentro (posiblemente a finales de junio), el consistorio sí abordó otros puntos cruciales para la vida de la Iglesia. El Cardenal Víctor Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, disertó sobre la exhortación apostólica *Evangelii gaudium* del Papa Francisco de 2013. Fernández defendió que este documento sigue siendo el texto programático fundamental para la Iglesia, enfocándose en proclamar el amor salvífico de Dios de una manera atractiva, más allá de listas doctrinales o normas morales. Instó a una reforma y purificación continua de la predicación para que prevalezca la verdad del amor divino y el “llamado a vivir el primer mandamiento del amor fraterno”.

El segundo tema principal fue “Sínodo y sinodalidad”, abordado por el Cardenal Mario Grech, Secretario General de la Secretaría del Sínodo. Grech argumentó que el reciente proceso sinodal demuestra cómo un estilo de vida eclesial más sinodal puede asistir eficazmente al ministerio petrino en el discernimiento, sin limitar ni relativizar la primacía papal. La sinodalidad, sostuvo, no es un contrapeso a la primacía, sino un camino para que la función profética del Pueblo de Dios y el discernimiento episcopal converjan, ofreciendo una ayuda más confiable al Papa en la toma de decisiones para la Iglesia universal.

Finalmente, un cuarto discurso que también trascendió a los medios, pero que no pudo ser pronunciado por falta de tiempo, fue el del Cardenal Fabio Baggio, Subsecretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Su intervención destacaba la importancia de *Praedicate evangelium*, la reforma de la Curia Romana de 2021, en hacer de la evangelización el centro del gobierno de la Iglesia, descentralizando decisiones y promoviendo una curia más sinodal, enfocada en la escucha y el discernimiento.

Estos debates reflejan las tensiones y visiones diversas dentro de la Iglesia Católica mientras busca definir su rumbo en el siglo XXI, con la liturgia como un campo de batalla central entre la tradición y la reforma. La expectación por el próximo consistorio, donde se espera que el debate litúrgico finalmente tenga lugar, es considerable.

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