MINNA, Nigeria – La reciente intervención militar de Estados Unidos en Nigeria, con ataques aéreos dirigidos a campamentos de grupos extremistas islámicos, ha suscitado una compleja mezcla de esperanza y profunda preocupación entre la comunidad católica nigeriana. A pesar de los esfuerzos internacionales por contener la escalada de la violencia, los días posteriores a la operación estadounidense fueron marcados por nuevos ataques de militantes armados, que dejaron un saldo de al menos 47 vidas perdidas y secuestros de mujeres y niños en los estados de Níger y Kebbi. Este repunte de la violencia disipó rápidamente cualquier expectativa de un efecto disuasorio inmediato, subrayando la magnitud del desafío que enfrenta la nación de África Occidental.
La reanudación de la violencia tras los bombardeos, efectuados en la víspera de Navidad con la colaboración del gobierno nigeriano y dirigidos contra focos vinculados al Estado Islámico, ha llevado a líderes eclesiásticos y defensores de los derechos humanos a cuestionar la eficacia a largo plazo de las acciones puntuales. Aunque la comunidad internacional parece prestar más atención a la crisis, los católicos nigerianos expresan serias dudas sobre el fin de la agresión sin un plan estratégico sostenido y un compromiso inequívoco de su propio gobierno para erradicarla.
**Optimismo matizado y temores persistentes**
El obispo Stephen Dami Mamza, cuya diócesis de Yola en el noreste de Nigeria ha sido un epicentro de la amenaza del grupo terrorista Boko Haram desde 2014, compartió un sentimiento de optimismo cauteloso. Si bien la noticia de los ataques estadounidenses ha generado cierta esperanza de que se esté actuando, también ha avivado temores sobre posibles repercusiones y la seriedad del seguimiento. “Existe un optimismo prudente de que finalmente se está haciendo algo, pero también preocupación sobre la seriedad del seguimiento y las posibles consecuencias sobre el terreno. Los cristianos aquí han presenciado lo ocurrido en Irak y otros lugares, y sabemos que estos grupos extremistas persisten incluso años después”, afirmó el obispo.
La intervención estadounidense se produjo en el contexto de la reciente designación de Nigeria como “País de Preocupación Particular” (CPC) por parte de la administración Trump, una medida que la colocó en una lista de vigilancia por violaciones a la libertad religiosa. Esta clasificación fue acompañada por una advertencia del presidente sobre la disposición de Estados Unidos a “eliminar completamente a los terroristas islámicos” responsables del asesinato de cristianos. Sin embargo, el prelado nigeriano enfatizó que los ataques aéreos por sí solos podrían no ser suficientes para detener la violencia, dada la complejidad de la situación. Observó que los operativos se llevaron a cabo en el norte de Sokoto, una región con escasa población cristiana, mientras que la mayoría de los ataques contra cristianos ocurren en la Franja Media y otras áreas del país.
“Este ataque estadounidense en el noroeste cuenta con el apoyo de la mayoría de los cristianos nigerianos, en el sentido de que representa un golpe contra la expansión de fuerzas extremistas violentas como ISIS y grupos afines que ingresan desde el Sahel. Pero esta acción reciente por sí sola no aborda el problema de la violencia en otras partes del país, incluida la que sufren los cristianos”, añadió el obispo Mamza, destacando la necesidad de un enfoque más integral.
**Buscando las raíces de la crisis**
El obispo Mamza desafió la percepción de que los militantes que perpetran ataques en la Franja Media actúan en coordinación directa con los campamentos del Estado Islámico en el norte. Explicó que la violencia en Nigeria es impulsada por un “amplio espectro de actores”, que abarca desde yihadistas con motivaciones religiosas hasta simples criminales, con posibles solapamientos pero sin constituir un grupo totalmente cohesivo.
El prelado insistió en que para lograr una paz duradera, es imperativo abordar las causas subyacentes de la violencia. “Una de las principales preocupaciones de los cristianos nigerianos es que una cosa es empezar a lidiar con ciertos síntomas evidentes, como la inseguridad y la violencia generalizadas y la falta de capacidad para controlar nuestras propias fronteras”, señaló. Las “raíces del problema”, argumentó, residen en la “continua disfunción y el incumplimiento de nuestra clase política”, que ha fallado en sus funciones básicas de proteger a la población, asegurar las fronteras y garantizar la seguridad.
**Un mensaje para los terroristas y la escala de la tragedia**
El Padre George Ehusani, director ejecutivo de la Fundación Lux Terra Leadership en la diócesis de Lokoja, reconoció que la acción estadounidense envía un mensaje importante a quienes persisten en la violencia. “Los ataques aéreos no pueden resolver todos los problemas, pero han logrado algo: estos grupos terroristas saben ahora que existe una conspiración internacional contra este terror. Eso al menos les infundirá algo de miedo de que podría haber serias consecuencias por seguir aterrorizando al pueblo nigeriano”, afirmó, mencionando la constante “vigilancia con drones”.
La magnitud de la crisis humanitaria y de seguridad en Nigeria es devastadora. Desde 2009, más de 52,000 cristianos han sido asesinados, según un informe de la Sociedad Internacional para las Libertades Civiles y el Estado de Derecho. Militantes islamistas han arrasado aldeas, masacrando a agricultores y sus familias, y forzando a miles a huir. El clero católico también ha sido un blanco, con 212 sacerdotes secuestrados, 12 asesinados y 3 fallecidos por heridas en cautiverio en la última década, según la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada. Estos ataques son atribuidos en gran medida a militantes islamistas de la comunidad seminómada Fulani, que operan principalmente en el noroeste del país, conforme al informe anual 2025 de la Comisión de Estados Unidos sobre Libertad Religiosa Internacional.
El Padre Remigius Ihyula, sacerdote de la diócesis de Makurdi, una de las zonas más afectadas, destacó que la operación conjunta llega tras años de inacción del gobierno nigeriano. Instó a Estados Unidos a mantener la presión para asegurar el bienestar y la seguridad de los cristianos. “Hemos visto a nuestra gente desplazada, diezmada, asesinada y masacrada como animales”, lamentó el Padre Ihyula, quien ha dedicado su ministerio a los cristianos en campos de desplazados internos, buscando ayuda internacional para alimentarlos. Elogió la iniciativa de la administración Trump de canalizar parte de la ayuda a través de organizaciones cristianas y pidió que futuras ayudas sean “muy específicas” para proyectos de reconstrucción en aldeas desplazadas, citando la falta de impacto visible de miles de millones en ayuda al desarrollo.
**Riesgos de desplazamiento de la violencia**
A pesar del reconocimiento de la importancia de la intervención, el Padre Ehusani expresó la preocupación de que los ataques conjuntos puedan simplemente desplazar la amenaza a otras regiones del país. “Existe un poco de temor en el sur de que aquellos que han sido desplazados por este ataque estadounidense puedan empezar a aterrorizar a la gente en otros lugares”, comentó, aunque señaló que recientes arrestos de 38 terroristas que huían de Sokoto en el estado sureño de Ondo demuestran que el ejército está en alerta.
Esta preocupación fue reforzada por Bayo Onanuga, asesor especial del presidente Bola Ahmed Tinubu, quien indicó que el ataque post-Navidad fue perpetrado por “presuntos terroristas que huían de Sokoto y Zamfara tras el ataque aéreo de Estados Unidos”. La dispersión de estos grupos por todo el país significa que “difícilmente podríamos decir que alguna parte del país es segura. Así que un ataque en un lugar no resuelve nuestro problema”, concluyó el Padre Ehusani.
No obstante, la atención internacional y el apoyo brindado por Estados Unidos ofrecen una razón para la esperanza. “Nos sentimos optimistas, en primer lugar, porque hay atención internacional a lo que estamos enfrentando, que hay algo de apoyo de la comunidad internacional y, por lo tanto, hay esperanza de que si nuestro gobierno no es lo suficientemente serio para aplastar esto, estamos recibiendo apoyo de la comunidad internacional. Eso da algo de optimismo, algo de esperanza”, reflexionó el Padre Ehusani. La complejidad del conflicto nigeriano exige, más allá de intervenciones militares puntuales, un compromiso gubernamental profundo y una estrategia integral que aborde tanto la seguridad como las causas estructurales de la inestabilidad.







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