26 marzo, 2026

Ciudad del Vaticano – El Papa León XIV ha anunciado una decisión significativa que marca un retorno a una tradición litúrgica arraigada en la Iglesia de Roma: la celebración de la Misa Vespertina de la Cena del Señor y el rito del lavatorio de los pies en la histórica Basílica de San Juan de Letrán. Este acontecimiento, programado para el próximo 2 de abril, restablece una práctica que fue pausada durante el pontificado anterior, generando un debate sobre la prioridad entre la tradición litúrgica y el compromiso pastoral con los más necesitados.

Desde su primer Jueves Santo en 2013, el Papa Francisco optó por descentralizar la celebración de la Última Cena, llevándola a entornos de mayor vulnerabilidad y sufrimiento, como prisiones de menores, centros para refugiados o instituciones de cuidado. Esta elección reflejaba su constante énfasis en la cercanía con los marginados y desfavorecidos, un gesto pastoral que replicaba su práctica como Arzobispo de Buenos Aires. Durante su pontificado, Francisco lavó los pies de doce personas en estos lugares, a menudo incluyendo a individuos de diversas confesiones y orígenes, un signo inequívoco de inclusión y servicio.

Monseñor Giovanni Falbo, canónigo lateranense y prepósito de la basílica, ha interpretado la práctica del Papa Francisco como un “paréntesis” pastoral, una excepción motivada por el deseo de proyectar una clara señal de predilección por los últimos del mundo. “Los años del pontificado del Papa Francisco, al igual que muchas otras celebraciones e iniciativas, constituyeron una excepción, motivada por el deseo de ofrecer al mundo un signo claro de predilección por los pobres y los últimos, llevando la atención del Obispo de Roma a lugares de sufrimiento”, explicó Falbo. No obstante, señaló que esta elección “comportó una cierta privatización de la celebración de la Última Cena”, al limitar la participación de los sacerdotes de la Diócesis de Roma debido a la falta de espacio en los lugares elegidos.

La decisión del Papa León XIV, dada a conocer por la Casa de la Prefectura Pontificia, es vista como una reafirmación de la conexión del pontífice con su diócesis y su sede episcopal. Para Monseñor Falbo, este retorno a la Basílica de San Juan de Letrán es una señal de la voluntad del nuevo Papa “no solo de ser, sino de comportarse como Obispo de Roma”. Esta basílica, la primera construida tras la paz de Constantino en el siglo IV, no es solo un monumento histórico, sino la catedral del Papa como Obispo de la Diócesis de Roma, un rol fundamental junto al de sucesor de San Pedro y pastor de la Iglesia universal. La importancia de este vínculo se hizo palpable el pasado 25 de mayo, cuando León XIV tomó posesión de la Cátedra del Obispo de Roma en la misma basílica, un paso inaugural y esencial de su pontificado.

**El Rito del Lavatorio de Pies: Un Legado Histórico**

El lavatorio de los pies es un rito de profunda significancia, que encuentra sus raíces en el Evangelio de San Juan, donde Jesús lava los pies de sus apóstoles en la Última Cena. Este gesto, acompañado de una catequesis, lo convierte en un símbolo del amor fraterno y del “mandamiento nuevo” de servir mutuamente. Desde la Iglesia primitiva, este acto fue reconocido como una marca distintiva de los auténticos discípulos del Señor.

A lo largo de los siglos, la práctica ha evolucionado. Ya en el Concilio de Toledo del año 694, el lavatorio de los pies realizado por el obispo a sus colaboradores fue considerado un rito semilitúrgico y obligatorio. El Ordo Romanus XII describe una ceremonia en la que el Papa, después de ofrecer una comida a trece pobres, lavaba, secaba y besaba sus pies. Crónicas del siglo XV, como las de Giovanni Burcardo, ceremoniero pontificio, detallan sistemáticamente el lavatorio de los pies a trece indigentes por parte del Papa en el Palacio Apostólico. Es importante recordar que, antes del traslado definitivo a la sede vaticana después del regreso de Aviñón en 1378, los Papas residieron durante casi mil años junto a la catedral lateranense, desde San Melquíades hasta Clemente V.

Aunque hoy se asocia directamente con el Jueves Santo, Monseñor Falbo aclara que el lavatorio de los pies no estuvo siempre intrínsecamente ligado a la Misa de la Cena del Señor. Al menos desde el pontificado de Inocencio I en el año 416, el Jueves Santo se celebraban tres Misas distintas: una matutina para la reconciliación de penitentes, otra para la bendición de los santos óleos y una tercera vespertina para conmemorar la Cena del Señor.

La profunda reforma del Triduo Sacro llevada a cabo por Pío XII en 1955, y que entró en vigor al año siguiente, buscó recuperar una mayor fidelidad histórica en las celebraciones. Desde entonces, la práctica del Obispo de Roma, condicionada por no residir ya junto a su catedral, ha sido dividir las celebraciones entre las basílicas de San Juan de Letrán y San Pedro. La Basílica de San Pedro acoge la Misa Crismal por la mañana, mientras que la Basílica de San Juan de Letrán ha sido tradicionalmente el lugar de la celebración vespertina del Jueves Santo, incluyendo el lavatorio de los pies.

La decisión del Papa León XIV de retomar esta tradición no implica una disminución de la atención a los pobres. Monseñor Falbo enfatiza que existen “innumerables ocasiones a lo largo del año” para subrayar la predilección de la Iglesia por los últimos. Este restablecimiento subraya la rica herencia litúrgica de la Iglesia y la particular identidad del Papa como Obispo de Roma, buscando armonizar la continuidad histórica con el espíritu de servicio y caridad que define el magisterio papal.

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