Madrid, España – El reconocido filósofo francés Fabrice Hadjadj ha impulsado en España la creación de Incarnatus est, un innovador instituto católico que busca redefinir la aproximación a la fe y la cultura en el siglo XXI. Hadjadj, quien se ha trasladado a España desde Suiza junto a parte de su familia para liderar este proyecto, propone una formación integral de corte monástico que rechaza explícitamente la idea de una “batalla cultural”, argumentando que defender a Cristo es “una idea diabólica” porque la victoria ya le pertenece.
El instituto Incarnatus est, concebido como una suerte de “colegio medieval” para “aprender a torear las ideas de nuestro tiempo”, según uno de sus promotores, Miguel Gabián, se propone formar a lo que Hadjadj denomina “hortelanos de la cultura”. El programa está diseñado para jóvenes de entre 18 y 28 años, con un cupo de 40 alumnos que vivirán en régimen de internado a partir de septiembre de 2026. La sede será un antiguo convento ubicado en Boadilla del Monte, a las afueras de Madrid.
**Una Propuesta Formativa Integral**
La esencia de Incarnatus est radica en la integración de la vida espiritual con la experiencia artística, el trabajo manual y la vida comunitaria. El itinerario formativo incluirá ejercicios espirituales, peregrinaciones, romerías, viajes culturales y actividades teatrales, buscando ofrecer una sabiduría cristiana viva a aquellos que, en palabras del filósofo, “están muriendo de desesperación”. El objetivo es que este centro se convierta en un foco de irradiación de la cultura cristiana para Iberoamérica y un espacio de colaboración entre universidades católicas.
El coste anual del curso asciende a 22.500 euros, cubriendo matrícula, alojamiento y actividades externas. Sin embargo, el instituto ha manifestado su compromiso con la accesibilidad, ofreciendo un sistema de becas que pueden llegar a cubrir el 100% de la formación, dependiendo del perfil del candidato.
**La Crítica de Hadjadj a la “Batalla Cultural”**
Durante la presentación pública de Incarnatus est, que congregó a cerca de 500 personas, Fabrice Hadjadj, de origen sefardita, articuló los fundamentos filosóficos que subyacen a su rechazo de la noción de “batalla cultural”. Según Hadjadj, esta expresión contiene tres “equivocaciones” fundamentales que impiden una comprensión adecuada de la realidad contemporánea y de la misión cristiana.
La primera equivocación, según el filósofo, es la creencia de que aún nos encontramos en la modernidad. Hadjadj sostiene que las polaridades que caracterizaron esa época han desaparecido: “Al perder la fe, la modernidad ha perdido la razón. Al perder el espíritu, la modernidad ha perdido la carne”, afirmó. En la actualidad, nos enfrentamos a la posmodernidad, una “maraña” de “espiritualismo o religiosidad sin religión, sin espíritu, sin discernimiento, sin razón”. No existe una ideología del progreso positiva frente a la misión cristiana, sino “solo desesperación”. Como evidencia de esta desesperación, Hadjadj señala la caída de la natalidad en las sociedades occidentales y el auge del transhumanismo, al que describe como una “cortina de humo para negar el hecho obvio de una huida, de una desesperación”.
La segunda equivocación radica en asumir la existencia de “dos culturas” que deben “pelear o dialogar”. Hadjadj argumenta que, en realidad, vivimos en tiempos de “sin-cultura”. La verdadera contienda no es entre distintas expresiones culturales, sino entre la cultura genuina y la “tecnocracia”, el “dataísmo”, la reducción de todo a un mero “cálculo”. En este escenario, las máquinas ofrecen soluciones a la vida como si esta fuera un problema a resolver, y no “una aventura que correr”. Para Hadjadj, la cultura, en su esencia, se asemeja al cultivo: atender la planta a su propio ritmo, acompañar el desarrollo de la vida en lugar de fabricarla.
Finalmente, la tercera objeción de Hadjadj a la “batalla cultural” se centra en la metáfora de los “soldados” frente a un “huerto”. La idea de la batalla cultural implica colocar defensores ante un jardín, lo que desvía la atención de la tarea fundamental: la de los “hortelanos”. Si se defiende el huerto sin cultivarlo, todo se marchita. Esta perspectiva es crucial para Incarnatus est, pues busca abandonar la “mentalidad de fortaleza asediada”. “Cristo ya es victorioso. Esa es nuestra fe. El problema es si estaré o no victorioso con él. Pero él es victorioso”, enfatizó Hadjadj. Insistir en defender a Cristo o al Espíritu Santo es una “idea diabólica” y una “impostura”, una demostración de falta de fe, ya que el Espíritu Santo es el defensor.
Por ello, el instituto Incarnatus est busca formar “hortelanos de la cultura” y no soldados, proponiendo una postura de compasión hacia los “enemigos de la fe” que, según Hadjadj, “están muriendo de desesperación”. La tarea es cultivar la cultura “como los monjes en tiempos de los bárbaros”, ofreciendo la fuerza “ya vencedora, victoriosa de Cristo”. En lugar de una lógica militar de confrontación, Incarnatus est aspira a ser “un lugar de esperanza práctica y de proposición viva”, presentando una esperanza tangible antes de entablar cualquier lucha.





