La Iglesia Católica en Bolivia ha marcado el inicio del periodo litúrgico de la Cuaresma de 2026 con una solemne Eucaristía de Miércoles de Ceniza, celebrada en la histórica Catedral Nuestra Señora de La Paz. El evento, que congrega a miles de fieles cada año, fue presidido por Monseñor Giovani Arana, Obispo de la Diócesis de El Alto y Secretario General de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), quien, junto a varios sacerdotes concelebrantes, instó a los creyentes a emprender un camino de introspección y transformación profunda.
El mensaje central de la homilía de Mons. Arana resonó con una llamada a la autenticidad espiritual, enfatizando que la Cuaresma debe ser un proceso “de adentro hacia afuera”. Lejos de ser una mera observancia de ritos externos o un “espectáculo” para la aprobación ajena, este tiempo es una invitación a un retorno sincero al Señor, guiado por las pilares fundamentales de la fe: el ayuno, la oración y la limosna.
**Un Tiempo de Gracia y Reflexión Profunda**
Durante su predicación, el prelado boliviano destacó la Cuaresma como un tiempo de gracia excepcional, un periodo en el cual la Iglesia extiende su mano para guiar a los fieles “al corazón del Evangelio”. Esta invitación a la conversión no es superficial, sino que implica un verdadero “rasgar el corazón”, permitiendo que la Palabra de Dios penetre las profundidades de la existencia y genere un cambio radical. Mons. Arana animó a los presentes a prepararse con el corazón abierto, receptivos a la voz divina que se manifiesta de manera particular a través de las escrituras, complementando esta escucha activa con la práctica del ayuno.
Subrayó que la Cuaresma no debe ser vista como una tradición que se repite de forma mecánica, sino como una respuesta consciente a un llamado divino: la oportunidad de volver a Dios con una dedicación total del corazón. La conversión, explicó, es un “movimiento interno”, un viaje hacia la transformación que comienza desde lo más íntimo del ser. Instó a los fieles a escuchar a Dios con docilidad, permitiendo que su mensaje los interpele, los consuele y, en última instancia, los transforme.
**La Urgencia del Cambio en el Presente**
Un punto crucial del sermón fue la urgencia de la conversión. Monseñor Arana recalcó que este tiempo es “ahora”, no postergable para un futuro incierto. “No mañana, no cuando tengamos más tiempo o cuando pensemos estar mejor dispuestos. Es ahora”, enfatizó. Esta inmediatez del llamado divino, combinada con la solidaridad hacia los más desfavorecidos, constituye el núcleo de la experiencia cuaresmal propuesta por la Iglesia boliviana. La escucha atenta del clamor de los pobres es, según el obispo, otra forma esencial de escuchar a Dios.
**Más Allá de la Apariencia: Los Pilares de la Cuaresma**
Al abordar las tres prácticas tradicionales de la Cuaresma –limosna, oración y ayuno–, Monseñor Arana recordó que estas deben ser elementos intrínsecos de la vida de todo seguidor de Jesús. Hizo una clara advertencia contra la instrumentalización de la fe: “No conviertan la religión en espectáculo, no hagan de sus buenas obras actos de proselitismo para recibir aplausos”. Este llamado a la discreción y la autenticidad es fundamental para evitar que las acciones piadosas se desvirtúen en gestos vacíos en busca de reconocimiento externo.
Sobre el ayuno, el obispo explicó que su significado trasciende la mera abstinencia alimentaria. Constituye un “signo, un lenguaje del cuerpo que espiritualmente expresa un deseo más profundo, hambre de Dios”. Ayunar, en su sentido más amplio, implica reconocer que el ser humano no vive “solo de pan”, sino de una búsqueda espiritual más elevada. Es un ejercicio de desapego de aquello que domina la existencia moderna: la comodidad excesiva, el consumo compulsivo, la dependencia tecnológica, la superficialidad y el egoísmo. El prelado desafió a cada persona a reflexionar sobre qué necesita ayunar en esta Cuaresma para alcanzar una mayor libertad interior.
**La Amabilidad como Vía de Transformación Social**
Retomando el mensaje del Santo Padre, Monseñor Arana amplió la perspectiva del ayuno, sugiriendo una abstinencia de actitudes que corroen el tejido social. Instó a “renunciar a palabras hirientes, el juicio inmediato, hablar mal de quienes no están presentes y no pueden defenderse de las calumnias”. En contraste, propuso cultivar “la amabilidad en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas”. Esta invitación a la gentileza y al respeto en la comunicación, especialmente en la era digital y en el ámbito público, cobra una relevancia particular.
**Un Llamado a la Acción Comunitaria y Familiar**
Para vivir la Cuaresma con verdadera determinación, el obispo animó a las comunidades y parroquias a ofrecer espacios enriquecedores como la adoración eucarística, las celebraciones penitenciales, la lectura orante de la Palabra (Lectio Divina) y el rezo del Vía Crucis. Asimismo, enfatizó la importancia de recuperar la oración en el seno familiar, transformando el hogar en un espacio de encuentro con Dios. La exhortación fue clara: “No dejar que este tiempo pase como uno más”, sino aprovechar cada momento para la renovación espiritual.
Finalmente, Monseñor Arana concluyó su homilía con una reflexión sobre el significado de las cenizas, símbolo de la fragilidad humana y la mortalidad. “La ceniza que hoy recibiremos nos recuerda que somos polvo y al polvo volveremos”, dijo. Sin embargo, este recuerdo de nuestra condición terrenal va acompañado de una promesa de esperanza: “Pero también nos recuerda que ese polvo está llamado a la gloria. El pecado no tiene sobre nosotros la última palabra. La última palabra es la misericordia, la resurrección”. Este mensaje final encapsula la esencia de la Cuaresma: un tiempo de arrepentimiento y penitencia que culmina en la promesa de vida eterna y la victoria sobre el pecado.





