Ciudad de México, México — En un mensaje profundamente resonante que marcó el inicio de la Cuaresma, el P. Joaquín Frausto Nájera, superior provincial de los Misioneros Redentoristas, ofreció una guía espiritual y práctica para vivir este tiempo litúrgico. Durante una homilía pronunciada el pasado 23 de febrero en la parroquia del Santísimo Redentor, el sacerdote hizo un enérgico llamado a la acción, instando a los fieles a trascender las prácticas devocionales meramente externas y a encarnar la caridad en el servicio directo a los más vulnerables.
La reflexión central de Frausto Nájera se fundamentó en el Evangelio de Mateo (25, 31-46), el pasaje conocido como el “Juicio Final”, donde Jesucristo identifica su presencia con los necesitados. El sacerdote redentorista enfatizó que la verdadera medida de la fe y el camino hacia la santidad no reside en la acumulación de méritos rituales o el estatus eclesiástico, sino en la compasión y el cuidado genuino hacia el prójimo en situación de desamparo. “Lo que define nuestro destino espiritual no es la cantidad de rezos o los títulos que ostentamos, sino cómo respondemos ante la vulnerabilidad ajena”, explicó Frausto, desafiando percepciones comunes sobre la espiritualidad.
**La Santidad Más Allá de los Muros del Templo**
El P. Frausto Nájera desmitificó la noción de una santidad recluida o mística, alejada de las realidades cotidianas. En sus palabras, “el Reino de Dios no se encuentra en el esplendor de los palacios, sino en la fila donde la necesidad es palpable: en la cola del hospital, en la celda de la prisión, en el frío de la calle”. Esta poderosa imagen subraya una teología que busca a Cristo no en lugares elevados, sino en el corazón mismo del sufrimiento humano y la marginalidad social. “La santidad tiene olor a prójimo”, aseveró, una frase que encapsula la esencia de su mensaje: la cercanía y el compromiso con los demás son el verdadero terreno de la experiencia divina.
En una era donde la individualidad y el aislamiento pueden prevalecer, la invitación de los Misioneros Redentoristas es a una espiritualidad comunitaria y comprometida. Este enfoque busca romper con la idea de que la fe es una experiencia puramente personal, recordándonos que su expresión más auténtica se manifiesta en la interacción y el cuidado mutuo.
**El Peligro de la Indiferencia: El Pecado de Omisión**
Uno de los puntos más críticos de la homilía fue la advertencia sobre el “pecado de omisión”. El sacerdote señaló que, a menudo, la falla moral no radica en cometer actos explícitamente maliciosos, sino en la pasividad y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. “El pecado aquí no es hacer cosas malas, sino el pecado de omisión: ver la necesidad y pasar de largo”, subrayó. Para el P. Frausto, la indiferencia no es simplemente una falta de acción, sino el verdadero antagonista del amor, una actitud que deshumaniza tanto a quien la ejerce como a quien la padece.
En consonancia con el magisterio del Papa Francisco, el superior provincial recordó que “no podemos tocar a Dios si no tocamos las llagas de Cristo en los sufrientes”. Esta afirmación es un eco de la enseñanza papal que enfatiza la identificación de Jesús con los “últimos” de la sociedad. Al concluir este punto, Frausto Nájera sentenció: “Al final de nuestra vida, no se nos preguntará por nuestras intenciones, sino por nuestras acciones”, un llamado inequívoco a la conversión a través de obras concretas de caridad.
**Cuatro Pilares de la Caridad en Cuaresma**
Para guiar a los fieles en la vivencia práctica de la Cuaresma, el P. Frausto Nájera propuso cuatro acciones concretas, inspiradas directamente en el pasaje evangélico, pero contextualizadas para la realidad actual:
1. **Compartir Alimento con Quien lo Necesita:** Inspirado en la frase “Tuve hambre y sed”, el sacerdote exhortó a una forma de ayuda alimentaria consciente y regular. Instó a los asistentes a incorporar la compra de productos no perecederos básicos —como arroz, legumbres o aceite— en sus visitas semanales al supermercado, con la intención de donarlos a familias en situación de vulnerabilidad. La sugerencia es ir más allá de la donación ocasional y hacer de la ayuda alimentaria una práctica sistemática de caridad.
2. **Acoger al Forastero y Construir Comunidad:** Tomando como base “Fui forastero y me recibiste”, el P. Frausto se refirió a la creciente presencia de migrantes y personas que se desplazan a nuevas ciudades o países. Su consejo fue tender puentes de amistad y acogida: “Si un vecino nuevo ha migrado cerca de tu casa, acércate a saludarlo, invítale un café”. En un mundo donde la soledad es una epidemia, especialmente entre quienes se encuentran lejos de sus redes de apoyo, la simple invitación a la comunidad puede ser un bálsamo curativo.
3. **Donar con Dignidad y Respeto:** En referencia a “Estuve desnudo y me vistieron”, el sacerdote hizo un llamado a revisar la calidad de las donaciones de ropa y otros enseres. Pidió encarecidamente no entregar aquello que se considera inservible o en mal estado. “No dones solamente lo que te sobra, lo que está roto. Si quieres hacer una donación, que esté en buen estado, limpia y digna”, enfatizó. La caridad, explicó, no es deshacerse de lo inútil, sino ofrecer lo que se daría a un ser querido, respetando la dignidad del receptor.
4. **Visitar y Acompañar al Enfermo y al Aislado:** Finalmente, aludiendo a “Enfermo y encarcelado y me visitaron”, el P. Frausto amplió el concepto de “enfermedad” y “encarcelamiento”. Animó a recordar a los familiares ancianos que viven solos o a aquellos con “el alma herida” por la soledad o el sufrimiento emocional. “A veces la cárcel es la soledad de una casa donde el teléfono nunca suena”, reflexionó. La propuesta es una invitación a la presencia, a una llamada telefónica, a una visita que rompa el aislamiento y ofrezca consuelo.
El P. Joaquín Frausto Nájera reconoció que no todos podrán realizar todas las acciones propuestas, pero alentó a elegir al menos una, pues “a lo mejor una acción puede ser por el bien de un hermano que tenga necesidad”. Concluyó su homilía pidiendo la gracia de reconocer a Cristo en cada persona, subrayando que la Cuaresma es una oportunidad para redescubrir la fe a través del amor activo y el servicio al prójimo. Este mensaje resuena como una poderosa invitación a transformar la reflexión cuaresmal en un compromiso tangible de caridad y solidaridad, llevando la santidad a las calles y al corazón de la sociedad.



