25 febrero, 2026

WÜRZBURG, ALEMANIA – La Conferencia Episcopal Alemana (DBK) ha elegido al Obispo Heiner Wilmer de Hildesheim como su nuevo presidente, marcando un momento significativo para la Iglesia Católica en el país. La elección, que tuvo lugar durante la asamblea plenaria de la DBK en Würzburg, culminó tras un proceso de votación disputado, dejando por segunda vez consecutiva al progresista Obispo Franz-Josef Overbeck de Essen sin la presidencia. Este nombramiento se produce en un contexto de profundas tensiones internas y un diálogo complejo con el Vaticano, especialmente en torno al controvertido Camino Sinodal Alemán.

El proceso de elección de la máxima autoridad de la DBK requirió de tres rondas de votación el martes por la mañana, pues ninguno de los candidatos alcanzó la mayoría de dos tercios necesaria en las dos primeras. En la ronda final, donde bastaba una mayoría simple, el Obispo Wilmer resultó victorioso, superando al Obispo Overbeck, quien había sido considerado un fuerte contendiente. El resultado subraya la diversidad de opiniones y la naturaleza competitiva dentro del episcopado alemán.

En su primera aparición ante los medios como presidente electo, el Obispo Wilmer citó el Evangelio de Lucas, “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”, y enfatizó que “la sinodalidad sigue siendo una actitud espiritual”. Su discurso de casi ocho minutos, leído desde un dispositivo móvil, generó algunas preguntas sobre si el texto había sido preparado con antelación. Notablemente, varios periodistas destacaron la frecuente mención de términos como “Cristo”, “Jesús” y “fe” en sus declaraciones, una frecuencia inusual en conferencias de prensa de anteriores presidentes. Al ser consultado sobre un posible “nuevo estilo”, Wilmer respondió con humildad: “No lo sé. No puedo hacer otra cosa. Y estoy agradecido por el apoyo de mis hermanos”.

La elección de Wilmer se enmarca en un período de intensa deliberación para la Iglesia alemana, impulsada en gran parte por el Camino Sinodal. Iniciado en 2019 bajo la presidencia del Obispo Georg Bätzing, este proceso plurianual buscó abordar temas como la estructura de poder, la moral sexual, el sacerdocio y el papel de la mujer en la Iglesia, reuniendo a obispos y laicos. Sin embargo, este camino generó una creciente brecha con la Curia Romana, con la sombra de un cisma planeando sobre la Iglesia alemana. El Papa Francisco intervino para detener los planes de institucionalizar el Camino Sinodal en un Consejo Sinodal permanente. A pesar de esto, la DBK avanzó con la propuesta de una Conferencia Sinodal, interpretada por sus críticos como un órgano de supervisión eclesial con tintes parlamentarios.

El Obispo Wilmer definió su visión de la sinodalidad como “caminar juntos, compartir la responsabilidad y asumir juntos las decisiones”, poniendo “Cristo en el centro”. Estas palabras resonaron en la sala de prensa, sugiriendo un posible giro hacia un enfoque más cristocéntrico en el liderazgo de la DBK. Al abordar la crisis de abusos y el conflicto en Ucrania —su intervención coincidió con el cuarto aniversario de la invasión rusa—, Wilmer subrayó la importancia de la paz y la necesidad continua de afrontar los desafíos internos.

Una de las expectativas más palpables en torno a la presidencia de Wilmer es un cambio en la postura pública hacia el Vaticano. A diferencia de sus predecesores, quienes a menudo mantuvieron una posición confrontativa en colaboración con el Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK), Wilmer pareció deseoso de reducir las tensiones. “El Papa Francisco nos ha mostrado de nuevo que el Evangelio es alegría. El Papa León XIV continúa este camino con claridad espiritual”, afirmó, aunque el Papa actual es Francisco, no León XIV, lo que podría interpretarse como una imprecisión o un lapsus. Respecto a la ordenación de mujeres, una cuestión central en el Camino Sinodal, Wilmer no desafió la enseñanza actual de la Iglesia, sino que señaló: “Celebro mucho que el sínodo mundial tenga en su agenda el tema de las mujeres en los oficios y ministerios. Y sigo convencido de que el Espíritu Santo actúa hoy. Espero con ilusión las sorpresas del Espíritu Santo”.

El perfil público del Obispo Wilmer no está exento de controversias. En 2013 publicó el libro “Dios no es amable”, criticando la “jerga piadosa” eclesial. En 2019, generó revuelo al declarar que “el abuso de poder está incrustado en el ADN de la Iglesia”, un comentario al que el Cardenal Rainer Maria Woelki respondió que, de ser cierto, él tendría que abandonar la Iglesia. Asimismo, Wilmer enfrentó críticas por las directrices de lenguaje sensible al género implementadas en su diócesis en 2021, que promovían alternativas al masculino genérico y formas diversas de dirigirse a Dios, lo que incluso llevó a la salida de algunos fieles de la Iglesia. También fue objeto de debate por elogiar a la activista climática Greta Thunberg en 2019, aunque posteriormente se abstuvo de pronunciarse prominentemente sobre el tema.

A pesar de su historial, que muestra una apertura a la discusión y, en algunos puntos, una cercanía a las posturas renovadoras, Wilmer ha mostrado también matices importantes. Si bien su predecesor, el Obispo Bätzing, no buscó la reelección tras un mandato marcado por la escalada de tensiones con Roma, Wilmer ha afirmado que fue “correcto no adoptar los estatutos del Comité Sinodal” y “tomar en serio las preocupaciones de los tres cardenales y, por tanto, también las del Santo Padre”. Sin embargo, en la sustancia, Wilmer no se ha distanciado de las votaciones progresistas del Camino Sinodal, apoyando, por ejemplo, la bendición de uniones entre personas del mismo sexo y una reevaluación magisterial de la homosexualidad.

Algunos críticos del Camino Sinodal han reaccionado a la elección de Wilmer con un cauto optimismo, viéndolo como una figura más espiritual y un hombre de centro en comparación con sus predecesores. En una entrevista previa, Wilmer manifestó su apoyo a la renovación, pero también advirtió contra la impaciencia, reconociendo que “no todo puede implementarse dentro de nuestra propia vida”. Horas después de su elección, la Conferencia Episcopal Alemana anunció que los estatutos de la Conferencia Sinodal habían sido aprobados por una mayoría de obispos, lo que plantea interrogantes sobre el verdadero alcance del “viento de cambio” que su presidencia podría traer.

El presidente de la DBK, si bien preside las asambleas y el consejo permanente, no posee autoridad directa sobre los demás obispos. Su rol es principalmente representativo, vinculado por las resoluciones de la Conferencia, pero su posición es crucial en las relaciones con el Vaticano. El Obispo Wilmer concluyó su primera rueda de prensa con una metáfora personal: “Soy un peregrino en camino: en una mano el Evangelio, en la otra, el pueblo en el horizonte”, una imagen que sugiere un liderazgo arraigado en la fe pero atento a las necesidades de la comunidad. Su presidencia se perfila como un factor clave en la búsqueda de equilibrio y diálogo para la Iglesia Católica alemana en los próximos años.

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