19 marzo, 2026

La Arquidiócesis Primada de México y, en un sentido más amplio, la Iglesia Católica en el país, enfrentan una batalla continua y compleja contra los abusos. Esta lucha exige una profunda introspección y una transformación estructural y espiritual, elementos que Mons. Francisco Javier Acero, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México y miembro del consejo latinoamericano del Centro de Protección de Menores (CEPROME), ha abordado con franqueza. En una entrevista reciente, el prelado ha delineado los principales obstáculos y ha sugerido una hoja de ruta para edificar una Iglesia más segura y justa, haciendo hincapié en el urgente retorno a la esencia del mensaje cristiano y en la priorización de la escucha y el acompañamiento de las víctimas. Entre los factores sistémicos que perpetúan la inacción y el silencio, Mons. Acero identificó claramente el “clericalismo” y el “carrerismo”.

**La Escucha Empática: Pilar Fundamental para la Prevención de Abusos**

Mons. Acero enfatizó que la base de cualquier estrategia efectiva de prevención de abusos eclesiásticos radica en la capacidad de la Iglesia para generar entornos seguros y confiables donde las víctimas puedan expresarse libremente. “No podemos avanzar eficazmente en la prevención si carecemos de la aptitud para una escucha empática y libre de prejuicios”, afirmó el obispo. Esta habilidad, explicó, trasciende la mera recepción de palabras; implica una dedicación plena a captar y comprender las expresiones verbales y no verbales, el lenguaje corporal y el tono de voz de aquellos que han sufrido un profundo daño. Se trata de añadir significado al dolor latente que las víctimas cargan, de “ponerse en sus zapatos” para validar su experiencia y su trauma. El obispo señaló que la “misma herida supura” y su existencia se intuye desde el primer momento, sin necesidad de una verificación inicial que ponga en duda el testimonio del afectado. Esta postura de acogida incondicional es crucial para construir confianza y para que las víctimas sientan que su dolor es real y debidamente reconocido por la institución.

**Clericalismo y Estructuras Rígidas: Barreras para la Rendición de Cuentas en la Iglesia**

Con su vasta experiencia previa como superior mayor de los Agustinos Recoletos para México y Costa Rica, Mons. Acero identificó el clericalismo como una de las resistencias más arraigadas en la Iglesia para reconocer y enfrentar los casos de abuso. Este fenómeno, subrayó, no se limita exclusivamente a los miembros del clero, sino que también se manifiesta como un “clericalismo escondido en los laicos”, generando una dinámica perjudicial que obstaculiza la santidad y la fidelidad del Pueblo de Dios en su conjunto.

Asimismo, el obispo criticó los sistemas formativos que, si bien se presentan con una fachada de profunda espiritualidad, en el fondo “vuelven a las nostalgias del pasado”, fomentando una “Iglesia museo”, estática y auto-referencial, en lugar de una institución dinámica y encarnada que acompañe a quienes sufren. Mons. Acero también hizo eco de las advertencias del Papa Francisco sobre la “mundanidad espiritual”, una manifestación de la autosatisfacción y el deseo de aplausos o “carrerismo” para la promoción personal. Esta mentalidad, centrada en el egoísmo y el orgullo, desvía a la Iglesia de su misión evangélica fundamental y de los valores de la cruz de Cristo. Además, el prelado advirtió que las estructuras eclesiásticas, si no fomentan procesos constantes de conversión personal y relaciones interpersonales sanas, tienden a “anquilosarse”, transformando a quienes deberían ser servidores en “burócratas del altar”, alejados de su vocación de caridad.

**El Desafío del Discernimiento en la Era Digital y la Búsqueda de la Verdad**

La complejidad de abordar las denuncias se ve significativamente exacerbada por la proliferación de información en la nueva cultura digital. Si bien el obispo Acero insiste en que el dolor de la víctima debe ser creído de inmediato, reconoció que la era digital presenta un entorno donde la información, aunque abundante, es a menudo superficial, lo que puede conducir al engaño. “Estamos enamorados de lo superfluo”, lamentó, “y cada vez somos más incapaces de profundizar y llegar al trasfondo de las personas y las cuestiones, quedándonos en titulares, rumores y comentarios superficiales que condicionan nuestros juicios”.

Esta superficialidad, combinada con el “sospechosismo” —una cultura de desconfianza sistémica— y el carrerismo, puede crear un terreno fértil para la complicidad y el encubrimiento de casos de abuso. El obispo expresó su preocupación por cómo el anuncio de la Buena Nueva puede corromperse cuando las denuncias son ignoradas bajo el pretexto de que “molestan”, o cuando la comunicación prioriza la audiencia y el tráfico de “mala información” sobre la transparencia, la justicia y la caridad. Estas dinámicas, tanto dentro de la Iglesia como en la esfera pública, revelan una preocupante falta de integridad y una traición a los principios evangélicos más esenciales.

**La Clave: Una Iglesia Centrada en Jesús para la Sanación**

Ante la magnitud de estos desafíos, Mons. Acero propone una solución fundamental: un retorno al centro de la fe cristiana. Para un obispo, mantener la cercanía y la calidez en la atención a las víctimas, no como un ideal abstracto sino como una práctica constante, se logra al sentirse “acompañado por Dios en la oración, por una persona que lo asiste en la dirección espiritual y por un grupo de hermanos que te cuidan y protegen”. La valentía y el coraje necesarios para enfrentar estas duras realidades, argumentó, no provienen de dones meramente humanos, sino del “empuje del Espíritu Santo”, que restaura la armonía en el corazón y crea una “intimidad con Dios”, como enseñaba San Basilio.

El Obispo Auxiliar de México concluyó que, al estar “centrados en Jesús”, es posible avanzar sin dejarse arrastrar por dinámicas polarizadoras o por la tentación de negar el daño causado por malas conductas e incapacidad de empatizar con quienes sufren todo tipo de abusos. Este enfoque espiritual no solo fortalece a los líderes eclesiásticos, sino que también pavimenta el camino para una Iglesia que, en lugar de mirar hacia adentro, se vuelca hacia afuera, hacia el sufrimiento de sus miembros más vulnerables, promoviendo una cultura de sanación, justicia y verdadera caridad. La visión de Mons. Acero es, en esencia, un llamado a una renovación profunda, donde la compasión y la responsabilidad sean los pilares para reconstruir la confianza y asegurar un futuro más seguro y esperanzador para todos dentro de la Iglesia Católica en México.

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