22 marzo, 2026

Este 22 de marzo de 2026, la Iglesia Católica mundial se congrega para celebrar el Quinto Domingo de Cuaresma, un punto culminante en el camino penitencial que precede a la Semana Santa. La liturgia de este día tan significativo centra su atención en uno de los pasajes más conmovedores y teológicamente ricos del Evangelio de Juan (11, 1-45): la milagrosa resurrección de Lázaro de Betania. Este relato no solo ilustra el poder divino de Jesús sobre la muerte, sino que también ofrece profundas reflexiones sobre la fe, la esperanza y la promesa de vida eterna para todos los creyentes.

La Cuaresma, un periodo de cuarenta días de preparación espiritual, oración, ayuno y limosna, busca renovar la relación de los fieles con Dios. A medida que nos acercamos a los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, el Evangelio de Lázaro actúa como un poderoso presagio, una señal inequívoca de la victoria final de Jesús sobre el pecado y la muerte. Es un recordatorio de que, incluso en los momentos de mayor desesperación, la luz divina puede irrumpir y transformar la realidad.

**El Relato que Desafía a la Muerte**

El Evangelio de Juan nos introduce en el hogar de Betania, un lugar de profunda amistad para Jesús. Allí viven Lázaro y sus hermanas, Marta y María, a quienes el Maestro profesaba un cariño especial. La noticia de que Lázaro ha caído gravemente enfermo llega a Jesús, quien, sorprendentemente, no acude de inmediato. Permanece dos días adicionales en el lugar donde se encontraba, explicando a sus discípulos que esta enfermedad no terminará en muerte definitiva, sino que servirá para manifestar la gloria de Dios a través de Él, el Hijo. Con una metáfora que confunde a sus seguidores, Jesús afirma: “Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo”. Solo más tarde les revelará la verdad: “Lázaro ha muerto”.

Este retraso intencional es crucial. Cuando Jesús finalmente llega a Betania, Lázaro lleva ya cuatro días en el sepulcro, un tiempo que, según la tradición judía, confirmaba la irrevocabilidad de la muerte y el inicio de la descomposición. Es en este escenario de luto y desesperanza donde se manifestará el poder divino.

**Fe ante la Desesperación y el Diálogo Transformador**

Marta, conmovida por la llegada de Jesús, sale a su encuentro y le expresa su dolor con una mezcla de reproche y fe inquebrantable: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”. A pesar de su tristeza, Marta proclama su convicción de que Dios concederá a Jesús todo lo que pida. Es entonces cuando Jesús pronuncia una de las afirmaciones más trascendentales de su ministerio: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?” Marta, con una fe que trasciende su dolor, responde: “Sí, Señor; yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que ha de venir al mundo”.

Luego, María, al ser llamada por Jesús, acude llorando y repite la misma lamentación que su hermana. La profunda tristeza de María y de los judíos que la acompañan conmueve a Jesús hasta lo más hondo. La imagen del “Jesús que llora” revela su plena humanidad, su capacidad de empatizar con el sufrimiento humano, a pesar de su conocimiento de lo que estaba a punto de suceder. Este momento subraya que el amor divino no es ajeno al dolor de la existencia terrenal.

**El Milagro: Jesús, el Señor de la Vida**

Ante el sepulcro de Lázaro, una cueva sellada con una piedra, Jesús ordena que la quiten. Marta, preocupada por el olor que ya desprendería el cuerpo después de cuatro días, objeta. Pero Jesús le recuerda su promesa: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Después de quitar la losa, Jesús eleva una oración al Padre, agradeciéndole por haberle escuchado, y enfatiza que lo hace para que la multitud crea que el Padre lo ha enviado.

Entonces, con una voz poderosa que resuena en el silencio de la tumba, Jesús clama: “¡Lázaro, sal de allí!” Y ante el asombro de todos, Lázaro emerge del sepulcro, aún envuelto en las vendas funerarias. La orden final de Jesús, “Desátenlo, para que pueda andar”, simboliza la liberación total de las ataduras de la muerte y la vuelta a una vida plena. Este milagro impactó profundamente a los presentes, llevando a muchos a creer en Él.

**Significado Profundo para la Cuaresma y la Vida Cristiana**

La resurrección de Lázaro es más que un simple milagro; es una manifestación palpable de que Jesús es verdaderamente el “Señor de la Vida”. Este evento, narrado en el V Domingo de Cuaresma, invita a una profunda introspección. Nos llama a reconocer las “muertes” que existen en nuestras propias vidas: la muerte espiritual causada por el pecado, la desesperación ante las adversidades, la indiferencia hacia el prójimo. Jesús, a través de este signo, nos ofrece la posibilidad de una nueva vida, una resurrección de nuestro espíritu.

Este pasaje es también un recordatorio potente de la promesa de la vida eterna, el núcleo de la fe cristiana. La resurrección de Lázaro anticipa la propia resurrección de Cristo, que será la clave de nuestra salvación y la esperanza de nuestra propia resurrección al final de los tiempos. Nos enseña que la fe en Jesús no es una creencia pasiva, sino una fuerza que transforma la realidad y nos conecta con el poder vivificador de Dios.

**Un Llamado a la Vida en el Corazón de la Cuaresma**

En este Quinto Domingo de Cuaresma, el eco de un mensaje pontificio resuena, exhortando a los fieles a vivir este tiempo con un compromiso renovado con la vida en todas sus dimensiones. Se nos invita a meditar profundamente en la Palabra de Dios, a acercarnos con fervor a los sacramentos, especialmente la confesión y la Eucaristía, fuentes de gracia y vida. Escuchar la voz del Espíritu Santo en el corazón y en la voz del prójimo es fundamental.

La compasión y la solidaridad son pilares de la reflexión cuaresmal. Dedicar tiempo a los que se encuentran solos –los ancianos, los enfermos, los pobres– es una expresión concreta de la caridad cristiana. Renunciar a lo superfluo y compartir lo que poseemos con quienes carecen de lo esencial son gestos que encarnan el espíritu de este tiempo litúrgico. La Iglesia, siguiendo el ejemplo de su Maestro, está llamada a ser guardiana y promotora de la Vida.

Al concluir este V Domingo de Cuaresma, el milagro de Lázaro nos impulsa a una renovación interior, a creer firmemente en el poder de Jesús para resucitarnos de cualquier muerte y a vivir con la certeza de que, en Él, tenemos la Vida en abundancia. Es un mensaje de esperanza que nos prepara para la inminente celebración de la Pascua, la victoria definitiva de la Vida sobre la muerte.

Desde las Redes

Desde las Redes es un portal católico dedicado a la Evangelización digital. Somos un equipo de profesionales poniendo nuestros dones al servicio de la Iglesia. Lancemos las redes y compartamos la fe.

Nuevos