La Iglesia Católica en Vietnam y la comunidad global despiden con profundo respeto al Cardenal Jean-Baptiste Pham Minh Mân, Arzobispo Emérito de la Arquidiócesis de Ho Chi Minh, quien falleció el pasado domingo 22 de marzo a la edad de 92 años. Su partida marca el final de una vida dedicada al servicio pastoral y a la guía espiritual de su pueblo, a menudo bajo las complejas condiciones impuestas por el gobierno de la nación asiática.
El purpurado, que había celebrado su 92 cumpleaños el 5 de marzo, murió en el Centro Pastoral Arquidiocesano de Vietnam. En señal de duelo y homenaje a su extensa labor, las campanas de todas las parroquias de Ciudad Ho Chi Minh repicaron la noche del domingo, una muestra del profundo pesar que embarga a la comunidad católica local. Los servicios fúnebres para el Cardenal Pham Minh Mân se llevarán a cabo el viernes 27 de marzo a las 8:30 a.m. (hora local) en el mismo Centro Pastoral Arquidiocesano, congregando a fieles y líderes religiosos para rendirle un último tributo.
La trayectoria del Cardenal Pham Minh Mân es inseparable de la historia moderna de la Iglesia Católica en Vietnam, un país donde la práctica religiosa ha enfrentado históricamente un escrutinio considerable y restricciones por parte del Estado. A lo largo de su ministerio, el cardenal fue una figura fundamental en la defensa y promoción de la fe, buscando siempre la reconciliación y el fortalecimiento de la comunidad católica en un entorno desafiante.
Nacido en Ca Mau el 5 de marzo de 1934, Jean-Baptiste Pham Minh Mân fue ordenado sacerdote el 25 de mayo de 1965. Sus primeros años como presbítero estuvieron marcados por un compromiso con la evangelización y la educación, enseñando en el Seminario Menor del Beato Quy en Cai Rang hasta 1974. Consciente de la importancia de la formación académica, entre 1968 y 1971 viajó a Estados Unidos para cursar una maestría en educación en la prestigiosa Universidad Loyola. Este período de estudios en el extranjero, sin embargo, se volvió inaccesible para futuras generaciones de clérigos vietnamitas tras los cambios políticos de 1975, que prohibieron a la Iglesia enviar sacerdotes a formarse fuera del país.
Tras su regreso, continuó su labor docente en el Seminario Menor de Cân Tho. Su capacidad de liderazgo y visión pastoral pronto lo elevaron a la dirección, siendo rector del Seminario Mayor de Cân Tho desde 1983 hasta 1993, una década crucial en la formación de nuevas vocaciones para las diócesis de Cân Tho, Vinh Long y Long Xuyen.
Su ascenso en la jerarquía eclesiástica comenzó el 22 de marzo de 1993, con su nombramiento como Obispo Coadjutor de My Tho. Cinco años más tarde, el 1 de marzo de 1998, asumió el cargo de Arzobispo de Ho Chi Minh, una de las sedes episcopales más importantes de Vietnam. Su liderazgo no solo se ejerció a nivel diocesano, sino que también tuvo un impacto a escala nacional al desempeñarse como vicepresidente de la Conferencia Episcopal Vietnamita de 2001 a 2007, contribuyendo a la coordinación de los esfuerzos pastorales de la Iglesia en todo el país.
Entre sus significativas contribuciones, se destaca la supervisión de una nueva versión de la Biblia en vietnamita, publicada en 1999. Este monumental proyecto, fruto de tres décadas de dedicación de académicos y teólogos, representa un legado perdurable para la comunidad católica de habla vietnamita. Además, anticipándose a las necesidades pastorales de la diáspora, en 2002 puso en marcha un programa de vocaciones en colaboración con el episcopado japonés, dirigido a los numerosos vietnamitas emigrados a Japón.
Un hito en su vida pastoral ocurrió el 21 de octubre de 2003, cuando San Juan Pablo II lo elevó al Colegio Cardenalicio. Este nombramiento, sin embargo, no estuvo exento de tensiones. Inicialmente, el gobierno de Vietnam expresó su descontento, alegando que el Vaticano no había solicitado permiso para esta elevación y declarando que no reconocería la promoción. Este incidente diplomático, que subraya la delicada relación entre la Iglesia y el Estado en Vietnam, se resolvió positivamente cuatro días después, cuando el gobierno retractó su objeción y aceptó la designación del Cardenal Pham Minh Mân.
Como cardenal, participó activamente en dos importantes cónclaves papales: el de 2005, que eligió a Benedicto XVI, y el de 2013, que dio la bienvenida al pontificado del Papa Francisco. Su experiencia y perspectiva fueron valiosas en estos momentos clave para la Iglesia Universal. También fue miembro de varias congregaciones y consejos pontificios en el Vaticano, incluyendo las entonces Congregaciones para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, y para la Evangelización de los Pueblos, así como el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Trabajadores de la Salud.
En 2014, el Papa Francisco aceptó su renuncia al cargo de Arzobispo de Ho Chi Minh, marcando su paso a emérito, aunque su influencia y consejo siguieron siendo un referente para la Iglesia en Vietnam.
La vida del Cardenal Jean-Baptiste Pham Minh Mân será recordada como un testimonio de fe inquebrantable, sabiduría pastoral y resiliencia. Su legado perdura en la comunidad católica vietnamita, a la que sirvió con devoción, guiándola a través de décadas de profundos cambios sociales y políticos, y dejando una huella imborrable en la historia religiosa del país.




