1 abril, 2026

Miami y Washington han levantado su voz enérgicamente para denunciar la creciente persecución contra la Iglesia católica en Nicaragua. En pleno corazón de la Semana Santa de 2026, marcada por la profunda fe de millones de personas en Latinoamérica, el arzobispo de Miami, monseñor Thomas Wenski, y el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, han manifestado su profunda preocupación ante el continuo asedio del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo a la libertad religiosa en el país centroamericano.

Durante la Misa Crismal, celebrada el 31 de marzo en la Catedral de Santa María de Miami, monseñor Wenski pronunció una homilía que resonó con particular fuerza entre la comunidad nicaragüense exiliada. El prelado enfatizó la urgente necesidad de “buenas noticias” en un mundo asolado por la violencia y la represión. Sus palabras se hicieron eco de la difícil situación que enfrentan diversas comunidades migrantes, incluyendo a hermanos y hermanas haitianos, venezolanos, cubanos y, de manera prominente, nicaragüenses, quienes a menudo sufren las consecuencias de políticas de deportación masiva.

Con un tono de profunda consternación, el arzobispo de Miami dirigió su atención a la crítica situación de la Iglesia en Nicaragua. Reveló que en los últimos años, el gobierno nicaragüense ha forzado la expulsión de más de 300 obispos, sacerdotes, seminaristas y miembros de órdenes religiosas. Esta cifra se incrementó con la reciente salida forzada del sacerdote José Concepción Reyes Mairena, de la Diócesis de León, en febrero de 2026. La represión va más allá de las expulsiones, extendiéndose a la prohibición expresa de ordenaciones sacerdotales y diaconales en cuatro diócesis que actualmente carecen de la presencia de sus obispos, quienes se encuentran en el exilio: Matagalpa, Estelí, Siuna y Jinotega. Como consecuencia directa de esta política, en estas jurisdicciones tampoco se ha podido celebrar la Misa Crismal, un rito fundamental en el que se bendicen los óleos sagrados utilizados para los sacramentos a lo largo del año litúrgico.

Monseñor Wenski hizo un llamado a la reflexión sobre el significado del Triduo Pascual, la conmemoración central de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. En sus palabras, no se puede “mirar al Cristo crucificado sin mirar a aquellos crucificados ante nuestros propios ojos y verlo en ellos”, estableciendo un paralelismo directo entre el sufrimiento de Cristo y el de los perseguidos en la actualidad.

La homilía del arzobispo fue recibida con gran emoción y gratitud por la comunidad nicaragüense en el exilio. El padre Edwing Román, sacerdote nicaragüense que sirve como vicario en la parroquia Santa Ágatha en Miami, describió las palabras de monseñor Wenski como una “homilía muy profética”, especialmente por su valiente defensa de la libertad de la Iglesia para predicar el Evangelio en un contexto donde “algunos prefieren callar”. El padre Román elogió la intervención del prelado por ser “valiente, oportuna, y profundamente pastoral y cercana” en un momento en que el clero nicaragüense y toda la población viven bajo la constante represión.

El sacerdote exiliado expresó su profundo agradecimiento a monseñor Wenski por incluir a su pueblo en una celebración tan significativa como la Misa Crismal, destacando la importancia de que un pastor de su talla visibilice el sufrimiento y la anhelada libertad de la Iglesia perseguida en Nicaragua. La arquidiócesis de Miami, según el padre Román, se ha convertido en un refugio vital para muchos sacerdotes y obispos nicaragüenses, incluyendo a monseñor Silvio Báez.

Precisamente, monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua, estuvo presente en la Misa Crismal de Miami. Monseñor Báez, quien se vio forzado a exiliarse de Nicaragua en 2019, fue confirmado en su cargo en agosto de 2025, tras ser recibido en el Vaticano por el Papa León XIV. En Miami, monseñor Báez continúa celebrando la Eucaristía y brindando apoyo espiritual a la comunidad, acompañando activamente la parroquia del padre Román. La Misa Crismal contó con la participación de un significativo número de clérigos nicaragüenses exiliados y jóvenes de origen nicaragüense que buscan el sacerdocio en Estados Unidos, reflejando la dispersión de la Iglesia nicaragüense y la resiliencia de su fe.

La preocupación por la situación en Nicaragua también fue expresada a nivel diplomático. El mismo 31 de marzo, Christopher Landau, Subsecretario de Estado de Estados Unidos, utilizó la plataforma X para lamentar que, mientras en toda América Latina las familias se congregan en las calles para profesar su fe y conmemorar la Pasión de Cristo, “un año más, la dictadura de Ortega y Murillo niega al pueblo de Nicaragua el derecho a profesar su fe de esta manera”. Landau denunció la prohibición de las tradicionales procesiones públicas de Semana Santa, que históricamente han sido una manifestación cultural y religiosa emblemática en ciudades como Granada y León. El diplomático expresó su anhelo de que “nuestros amigos nicaragüenses recuperen su libertad religiosa”, subrayando el profundo impacto de estas restricciones.

La investigadora Martha Patricia Molina, autora del informe “Nicaragua: Una Iglesia perseguida”, ha documentado exhaustivamente las miles de procesiones y eventos públicos prohibidos por el régimen en los últimos años, una realidad que, lamentablemente, se mantiene en esta Semana Santa. Las denuncias de monseñor Wenski y Christopher Landau, sumadas a la documentación de expertos y el testimonio de la Iglesia en el exilio, pintan un sombrío panorama de represión que desafía los principios fundamentales de la libertad de culto y la dignidad humana en Nicaragua.

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