El Papa León XIV, en el marco de su visita apostólica a Angola, sostuvo este 18 de abril un significativo encuentro en Luanda con las autoridades gubernamentales, representantes de la sociedad civil y el cuerpo diplomático. Desde la capital angoleña, el Pontífice lanzó un enérgico llamado a la población a cultivar la alegría genuina, presentándola como un bastión inquebrantable frente a la influencia de “déspotas y tiranos”. Estos, según advirtió el Santo Padre, buscan intencionadamente “volver las almas pasivas y las pasiones tristes, propensas a la inercia, dóciles y sumisas al poder”, con el fin de perpetuar su dominio y sofocar cualquier espíritu de resistencia o cambio social.
En su primer discurso pronunciado en portugués durante esta importante gira por el país africano, el Papa León XIV se describió a sí mismo como “un peregrino que busca señales de la presencia de Dios en esta tierra amada por Él”. Con estas palabras, el obispo de Roma delineó el espíritu de su misión, que trasciende lo meramente protocolario para adentrarse en la dimensión espiritual y humanitaria. En un gesto de profunda solidaridad, el Pontífice también expresó su cercanía y consuelo a las víctimas de las recientes y devastadoras lluvias en la provincia de Benguela, así como a todas aquellas familias que han perdido sus hogares y medios de vida a causa de estas catástrofes naturales.
A lo largo de su intervención, el Santo Padre profundizó en la esencia de la verdadera alegría del pueblo angoleño. Reconoció que esta alegría perdura y renace, a pesar de las adversidades y el sufrimiento: “que conoce también el dolor, la indignación, la decepción y la derrota, perdura y renace entre quienes han mantenido sus corazones y mentes libres del engaño de la riqueza”. León XIV enfatizó que la sabiduría inherente a un pueblo es una fuerza resiliente “que no puede ser extinguida por ninguna ideología”. De hecho, el deseo de infinito que habita en el corazón humano, argumentó, constituye “un principio de transformación social más profundo que cualquier programa político o cultural”. En este sentido, invitó a la conversión a quienes eligen “caminos opuestos e impiden el desarrollo armonioso y fraterno” de la sociedad.
Profundamente consciente de las acuciantes desigualdades en la distribución de la riqueza que caracterizan a la nación, uno de los principales productores de petróleo del continente africano, el Papa León XIV expresó su hondo pesar. Lamentó el sufrimiento generalizado, las muertes evitables y las innumerables catástrofes sociales y ambientales que, en sus propias palabras, “trae consigo esta lógica extractiva”. Esta crítica implícita a un modelo económico centrado en la explotación desmedida de recursos naturales, resuena como una interpelación directa a los responsables de las políticas económicas y de desarrollo en Angola y otras naciones ricas en materias primas.
El Pontífice remarcó que el continente africano “necesita urgentemente superar las situaciones y los fenómenos de conflicto y enemistad que desgarran el tejido social y político de muchos países, alimentando la pobreza y la exclusión”. Solo a través del encuentro y la reconciliación, afirmó León XIV, “florece la vida y se construye un futuro de esperanza”. Instó a los líderes y a la ciudadanía a no temer el desacuerdo constructivo, a no silenciar las aspiraciones legítimas de los jóvenes ni los sueños y la sabiduría de los ancianos. Más aún, los animó a “saber gestionar los conflictos, transformándolos en oportunidades de renovación y crecimiento”.
Dirigiéndose directamente a las autoridades del país, el Santo Padre las exhortó a anteponer siempre el bien común al interés particular, “sin confundir jamás la parte de ustedes con el todo”. En una clara referencia a la trascendencia de sus decisiones, el obispo de Roma aseguró: “La historia les dará la razón, incluso si algunos les son hostiles en el futuro inmediato”. Es una invitación a la integridad y a la visión a largo plazo, en aras de la justicia y la prosperidad para todos los ciudadanos.
Reafirmando la alegría y la esperanza como pilares de la sociedad angoleña, León XIV advirtió nuevamente sobre el peligro que representan “los déspotas y tiranos, tanto de cuerpo como de espíritu”. Estos actores, sean políticos o ideológicos, “buscan volver las almas pasivas y las pasiones tristes, propensas a la inercia, dóciles y sumisas al poder”. El Papa León precisó que en la tristeza y la desesperanza, los individuos se vuelven vulnerables: “estamos a merced de nuestros miedos y fantasías; nos refugiamos en el fanatismo, la sumisión, la manipulación mediática, el espejismo del oro y el mito de la identidad”.
Según el Santo Padre, esta “discordancia desintegra las relaciones fundamentales que cada uno de nosotros mantiene consigo mismo, con los demás y con la realidad”. El descontento, la sensación de impotencia y el desarraigo social, advirtió, nos separan en lugar de unirnos, propagando un clima de alienación de los asuntos públicos, desprecio por la desgracia ajena y negación de toda fraternidad. En consecuencia, afirmó que “la verdadera alegría, que la fe reconoce como un don del Espíritu Santo, nos libera de esta alienación” y nos impulsa “hacia el ámbito abierto de la sociabilidad y la construcción comunitaria”.
De este modo, León XIV invitó a cada persona a realizar un profundo examen de conciencia, porque “sin alegría no hay renovación; sin interioridad no hay liberación; sin encuentro no hay política; sin el otro no hay justicia”. Finalmente, el Pontífice destacó el papel de la Iglesia Católica en Angola, expresando su deseo de que sea “la levadura en la masa y fomentar el crecimiento de un modelo justo de convivencia, libre de la esclavitud impuesta por élites con riquezas desmedidas y falsas alegrías”. Concluyó su discurso con una poderosa invitación a la acción colectiva: “sólo juntos podremos multiplicar los talentos de este maravilloso pueblo”, exhortando a eliminar “los obstáculos al desarrollo humano integral, luchando y esperando junto a aquellos a quienes el mundo ha descartado, pero que Dios ha elegido”.








