La reciente visita apostólica del papa León XIV a Argelia, entre el 13 y el 15 de abril, ha marcado un hito significativo, consolidando la presencia de la minoritaria comunidad católica en un país de tradición mayoritariamente musulmana. El viaje, el primero de un Pontífice a la nación norafricana, fue interpretado como un mensaje de profundo encuentro y reconocimiento, más allá de la visibilidad inmediata.
Así lo manifestó el obispo Diego Ramón Sarrió Cucarella, al frente de la Diócesis de Laghouat, en una entrevista concedida a ACI África tras la partida del Santo Padre. Para Monseñor Sarrió Cucarella, esta peregrinación representó “ante todo, una gracia”, cuyo valor reside en su significado perdurable en el tiempo, más que en resultados tangibles en el corto plazo. La estancia de dos días del Papa León XIV subrayó la relevancia de una Iglesia cuyas raíces se extienden a los primeros siglos del cristianismo, a pesar de su actual tamaño reducido.
El obispo, un misionero español de 54 años, miembro de los Misioneros de África (Padres Blancos), describió la visita papal como un gesto de confianza y respeto hacia Argelia, reconociendo su historia e identidad únicas. Para la “pequeña Iglesia” local, afirmó Monseñor Sarrió Cucarella, el viaje del Pontífice fue una “fuerte confirmación” de que su presencia discreta, basada en relaciones y cercanía cotidiana, es parte integral de la misión universal de la Iglesia.
Las comunidades católicas en Argelia, compuestas principalmente por migrantes, estudiantes, expatriados y religiosos dedicados a labores pastorales y sociales, acogieron la visita con una alegría profunda y silenciosa. “Las reacciones se han caracterizado por una alegría y gratitud profundas, expresadas de forma discreta y sincera, acorde con nuestro contexto”, detalló Monseñor Diego, quien asumió el liderazgo de la Diócesis de Laghouat en marzo de 2025. A pesar de su reducido número y su naturaleza a menudo transitoria, los católicos argelinos sintieron un fortalecimiento en su sentido de pertenencia a la Iglesia global y una renovación de su vocación diaria, como lo destacó el prelado.
Monseñor Sarrió Cucarella enfatizó que el viaje del Papa León XIV no alteró la esencia de la misión de la Iglesia en el Magreb, sino que la reafirmó y clarificó. En vastas áreas del país, particularmente en las extensas regiones del Sáhara, la actividad eclesial no se sostiene mediante grandes estructuras, sino a través de la “presencia, el servicio y la relación”. Esta forma humilde y a menudo oculta de misión fue validada por la presencia del Santo Padre, confirmando su profundo significado. El obispo hizo referencia a la espiritualidad misionera de San Carlos de Foucauld, cuya vida de fraternidad entre comunidades musulmanas ha sido una inspiración duradera. La visita, según el obispo, anima a continuar con “paciencia, fidelidad y confianza”, siguiendo el consejo de Foucauld de entregarse al bien de los demás mediante la oración, la bondad y el ejemplo sencillo. “No se trata, en primer lugar, de hacer muchas cosas, sino de estar: como presencia de oración, de amistad y de fraternidad sencilla”, concluyó Monseñor Diego.
Entre los momentos más simbólicos del viaje apostólico del papa León XIV se encuentran sus visitas a la Gran Mezquita de Argel, una de las mayores del mundo, y al Monumento de los Mártires (Maqam Echahid), un memorial nacional. Estos gestos, según Monseñor Sarrió Cucarella, proyectaron un mensaje poderoso de diálogo y respeto mutuo. Al honrar tanto la identidad religiosa como la historia nacional de Argelia, el Pontífice demostró que un diálogo auténtico se fundamenta en el reconocimiento de la fe, la memoria y la dignidad de un pueblo. Las palabras del Papa León en el Monumento de los Mártires, al referirse a los argelinos como “un pueblo noble, rico en valores humanos y en espíritu de solidaridad”, resonaron profundamente entre los ciudadanos, expresando una “fraternidad a la vez espiritual y profundamente humana”.
Al reflexionar sobre los momentos más impactantes de la visita, el obispo Sarrió Cucarella destacó un encuentro personal entre el Papa y los obispos argelinos en la basílica de Nuestra Señora de África. Particularmente significativo fue la alusión del Papa León al simbolismo espiritual del desierto, un elemento predominante en el paisaje argelino. “En el desierto nadie puede sobrevivir solo”, recordó el Papa. Para el obispo de Laghouat, esta imagen resuena con la realidad de su diócesis, reflejando tanto la fragilidad como la interdependencia de la Iglesia local, y su necesidad de Dios. La herencia más duradera de esta visita, sugirió Monseñor Diego, no será un evento específico, sino una renovada comprensión de la vocación de la Iglesia en este contexto: vivir “en relación, en dependencia de Dios y en una esperanza compartida”.
En cuanto a los efectos a largo plazo, Monseñor Sarrió Cucarella mostró cautela, advirtiendo contra la expectativa de resultados inmediatos o visibles. Los frutos de una visita de esta naturaleza, explicó, suelen ser “silenciosos y graduales”. No obstante, expresó su esperanza de que el viaje apostólico fomente la confianza y genere nuevos espacios de encuentro en la sociedad argelina. Si el respaldo del Papa León inspirara a más personas, tanto religiosas como laicas, a unirse a esta misión de presencia y fraternidad, la visita “ya habrá dado frutos duraderos”.
Monseñor Diego también enmarcó la visita en el contexto más amplio del primer viaje apostólico del Papa León XIV por cuatro naciones africanas. Argelia, subrayó, ofrece una perspectiva única dentro del diverso mosaico católico del continente. Aunque la Iglesia argelina conserva su vínculo con la herencia misionera africana, hoy vive esa herencia de una forma particular. “Aquí, la Iglesia no se define por números o estructuras, sino por la presencia y el diálogo”, afirmó el obispo, destacando que este testimonio silencioso es un mensaje para el catolicismo global sobre cómo vivir el Evangelio en entornos donde los cristianos son una pequeña minoría. “La Iglesia en Argelia es pequeña, pero ofrece un testimonio sencillo e importante: muestra que es posible vivir el Evangelio con un espíritu de amistad, servicio y respeto en una sociedad mayoritariamente musulmana”, concluyó.








