El Papa León XIV concluyó su intenso periplo apostólico por África con una significativa visita a Guinea Ecuatorial, la última parada de un viaje que ha marcado un hito en el acercamiento de la Santa Sede al continente. En este país de rica historia, pero también de complejos desafíos políticos y sociales, el Sumo Pontífice desplegó una agenda cargada de encuentros diplomáticos y pastorales. Su llegada a Malabo el pasado martes 21 de abril estuvo precedida por un emotivo momento que marcó el inicio de su estancia en la nación ecuatoguineana.
Durante el vuelo que lo transportaba hacia Malabo, el Papa León XIV dedicó unas palabras a la memoria de su predecesor, el Papa Francisco, al cumplirse un año de su fallecimiento. Con profunda solemnidad, el Pontífice destacó la impronta indeleble que Francisco dejó en la Iglesia y en el mundo. Subrayó que el pontificado de Francisco se caracterizó por su amor incondicional “a los más pobres, a los más pequeños, a los enfermos, a los niños y a los ancianos”, una actitud que, según León, definió su magisterio y su singular modo de vivir y encarnar el Evangelio. Además, el Papa León XIV recordó la persistente promoción de la fraternidad universal como uno de los pilares del pontificado de Francisco, enfatizando su esfuerzo por “promover un auténtico respeto por todos los hombres y por todas las mujeres, fomentando este espíritu de fraternidad, de ser hermanos y hermanas”. Este gesto no solo honró la memoria de un líder espiritual, sino que también reafirmó la continuidad de principios esenciales en la guía de la Iglesia Católica.
La llegada del Papa León XIV a Malabo, la capital y principal centro administrativo de Guinea Ecuatorial, fue un momento de gran expectación. La nación africana tiene una profunda conexión con la fe católica, evangelizada en el pasado por misioneros jesuitas, claretianos (Misioneros Hijos del Corazón Inmaculado de María) y los Hijos de la Inmaculada Concepción. Actualmente, la estructura eclesiástica se organiza en una única provincia, con la Archidiócesis de Malabo como su sede metropolitana. No obstante, la historia de la Iglesia en Guinea Ecuatorial ha estado marcada por periodos de dificultad, como el que se vivió entre 1971 y 1980, cuando el gobierno impuso una situación en la que la Iglesia Católica se vio obligada a operar sin obispos, con la expulsión de numerosos religiosos extranjeros, el arresto de sacerdotes locales y el cierre de iglesias y escuelas católicas. El Santo Padre, consciente de este pasado, llegó para “confirmar en la fe y consolar al pueblo de este país en rápida transformación”.
Uno de los momentos cruciales de la visita apostólica fue el encuentro del Pontífice con las autoridades del país, la sociedad civil y el cuerpo diplomático. En un discurso pronunciado en español, el Papa León XIV envió un mensaje contundente, afirmando que Dios “no puede ser profanado por la voluntad de dominio”. Esta declaración resonó con especial significado en un contexto donde el presidente Teodoro Obiang Nguema Mbasogo ostenta casi 50 años en el poder, siendo el jefe de Estado no monárquico con más tiempo al frente de un país a nivel global. Durante su prolongado mandato, diversas organizaciones internacionales han documentado reiteradas denuncias de graves abusos a los derechos humanos. Ante este panorama, el Papa instó a los líderes a atreverse a aplicar políticas “que vayan a contracorriente, centradas en el bien común”, llamando a una gobernanza que priorice la dignidad humana y la justicia social sobre el poder y el control.
Al finalizar el encuentro protocolario con las autoridades de Guinea Ecuatorial, el Santo Padre dejó su rúbrica y un mensaje significativo en el Libro de Honor. En sus palabras, evocó la rica historia cristiana de la nación y subrayó la vital importancia del Evangelio como pilar fundamental para la construcción de una sociedad justa y pacífica. “Que la luz del Evangelio, llegada hace 170 años a Guinea Ecuatorial, guíe siempre el camino de su pueblo en la justicia y la paz”, escribió el Papa León, reafirmando la presencia y el impacto transformador de la fe cristiana en el devenir de la nación africana. Un detalle que no pasó desapercibido fue la forma en que el Pontífice preparó su mensaje: antes de firmar, solicitó a su secretario personal, el Padre Edgar Rimaycuna, que le acercara la tarjeta donde había redactado previamente el texto. Tras una breve revisión, León XIV lo transcribió cuidadosamente en el Libro de Honor, un gesto que evidencia su atención al detalle y la trascendencia de cada una de sus palabras.
La agenda del Papa León XIV también incluyó un vibrante encuentro con los estudiantes de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE). Ante una audiencia joven y expectante, el Santo Padre hizo un llamado enérgico a seguir apostando por la formación de las nuevas generaciones, describiendo esta tarea como “tan exigente como noble, que consiste en buscar la verdad y poner el conocimiento al servicio del bien común”. Advirtió a los universitarios sobre el peligro de desviar el propósito del conocimiento, transformándolo en una herramienta para manipular la realidad en lugar de comprenderla. El Pontífice enfatizó el riesgo de “plegarla a la propia medida, juzgándola según la conveniencia de quien pretende conocer”, en lugar de reconocer que “la verdad se ofrece como una realidad que precede al hombre, lo interpela y lo llama a salir de sí mismo, y por eso puede ser buscada con confianza”. Con estas palabras, el Papa León XIV animó a los jóvenes a ser agentes de cambio y a construir un futuro basado en la integridad intelectual y moral.
La visita del Papa León XIV a Guinea Ecuatorial no solo sirvió para consolidar los lazos entre la Santa Sede y la Iglesia local, sino que también proyectó un mensaje global de esperanza, justicia y respeto por la dignidad humana. Sus palabras, impregnadas de un profundo significado espiritual y social, resuenan en un continente africano que mira al futuro con desafíos, pero también con una fe inquebrantable.




