La pequeña localidad de Yaroun, ubicada en la conflictiva región del sur del Líbano, ha captado la atención internacional tras la divulgación de imágenes y videos que, según denuncias, muestran la demolición de un monasterio y una escuela católica. Estos edificios, pertenecientes a la congregación de las Hermanas Salvatorianas, habrían sido arrasados presuntamente por fuerzas israelíes, generando una fuerte condena por parte de las autoridades locales y religiosas.
Adib Ajaka, el alcalde de Yaroun, ha refutado categóricamente las afirmaciones del ejército israelí, que alegaba desconocimiento sobre la naturaleza religiosa de las edificaciones. El Consejo de Obispos Católicos Griegos Melquitas en el Líbano se ha sumado a estas denuncias, exhortando al gobierno libanés y a las Naciones Unidas a “proteger la propiedad de los civiles y de las instituciones religiosas”, con un énfasis particular en lo sucedido en Yaroun, según reportes de Associated Press.
En declaraciones a ACI MENA, la agencia de noticias en árabe de EWTN News, Ajaka aclaró que algunas publicaciones mediáticas han recirculado imágenes de una iglesia destruida como si correspondieran al incidente más reciente. Sin embargo, el alcalde subrayó que la iglesia ya había sido blanco de múltiples ataques desde 2024, y que la destrucción actual se enfoca específicamente en el monasterio y la escuela adyacente.
Las declaraciones israelíes, que sugerían la falta de “indicios de que se tratara de un edificio religioso”, fueron desestimadas por Ajaka. El alcalde argumentó que el sitio era inconfundiblemente religioso, con elementos visibles como una cruz y una estatua de la Virgen María que lo identificaban claramente. Recordó, además, que la iglesia de la localidad ya había sido agredida previamente, y existen registros gráficos de 2024 que evidencian la destrucción deliberada de una estatua de San Jorge.
Ajaka también señaló que ciertas imágenes difundidas por Israel, que mostraban una diócesis y una clínica cercanas, fueron utilizadas para insinuar que el monasterio no había sido dañado. No obstante, estas fotografías, explicó, corresponden a un edificio diferente que alberga una clínica gestionada por la Orden de Malta. La presencia de la bandera de esta organización, sugirió el alcalde, podría haber contribuido a que ese inmueble se salvara de la destrucción hasta el momento.
Las operaciones de demolición, que utilizaron bulldozers, tuvieron lugar una vez que el alto el fuego entró en vigor, un detalle que añade una capa de controversia al incidente. Inicialmente, los residentes de Yaroun no comprendieron la magnitud de lo que estaba sucediendo. Manteniéndose en contacto con aldeas vecinas como Rmeish y Ain Ebel, donde no se reportaban ataques aéreos ni bombardeos desde Yaroun, se generó la falsa impresión de que la aldea no había sido blanco directo. Sin embargo, la realidad que emergió fue mucho más devastadora: no se trató de bombardeos, sino de una demolición generalizada de propiedades residenciales.
Yaroun, hogar de aproximadamente 60 familias católicas melquitas, vio a todos sus habitantes huir al inicio del conflicto en 2024. Diecisiete de estas familias lograron regresar durante la fase inicial del alto el fuego, pero muchas otras no pudieron hacerlo debido a la completa devastación de sus hogares. Hoy, la mayoría de los residentes permanecen desplazados, dispersos en alojamientos de alquiler, monasterios o casas de familiares, mientras que algunos han buscado refugio en otras aldeas cristianas del sur.
El alcalde Ajaka ha hecho hincapié en que la asistencia a los residentes ha sido hasta ahora limitada, destacando la necesidad urgente de apoyo financiero directo para cubrir gastos esenciales como el alquiler. Al mismo tiempo, expresó su profunda gratitud por el respaldo ofrecido por el Vaticano y por los esfuerzos continuos del nuncio apostólico, el arzobispo Paolo Borgia, quien ha realizado visitas regulares y monitoreado de cerca la crítica situación de las familias desplazadas.
Este dramático contexto se conecta con un evento de esperanza ocurrido en diciembre de 2025, cuando durante la visita del Papa León XIV al Líbano, se le obsequió una piedra histórica de la iglesia de Yaroun. Esta reliquia, que data de 1872 y está grabada con una imagen de San Jorge, fue entregada al Pontífice con la expectativa de atraer la atención internacional sobre Yaroun y su gente. Hoy, el destino de esta preciada piedra es incierto, al igual que el de la iglesia de la que provino, ahora destruida, y sus residentes sin poder regresar para evaluar lo que queda de su patrimonio. Ajaka remarcó que las viviendas católicas destruidas en la aldea tenían más de un siglo de antigüedad, siendo propiedades puramente civiles.
Las presuntas demoliciones en Yaroun se enmarcan en una serie de incidentes de vandalismo contra iglesias en todo el Líbano, evidenciando un patrón de ataques y daños deliberados a lugares de culto. Entre estos episodios, destacan el asalto y vandalismo de la iglesia de Mar Shalita en Qobeiyat y el ataque a la iglesia de Nuestra Señora en Ajaltoun, donde intrusos robaron objetos, destruyeron mobiliario y dejaron balas esparcidas por el suelo. En conjunto, estos incidentes reflejan una creciente presión sobre la comunidad cristiana libanesa, que enfrenta diversas formas de intimidación y agresión por parte de múltiples actores en un panorama regional volátil.








