25 junio, 2026

El Papa León XIV ha identificado la negación de la existencia de una verdad objetiva como la amenaza más insidiosa que enfrentan tanto la ciencia como la religión en la actualidad. Esta contundente advertencia fue pronunciada durante una audiencia concedida a los miembros de la Fundación del Observatorio Vaticano, una entidad estrechamente vinculada a la Specola Vaticana, el histórico observatorio astronómico ubicado en Castel Gandolfo.

En su discurso, el Pontífice subrayó que, aunque en el pasado la ciencia a menudo se presentaba como un rival de la fe, la coyuntura actual plantea un desafío diferente y potencialmente más profundo. “Hoy, sin embargo, la ciencia y la religión afrontan una amenaza diferente y quizá más insidiosa: quienes niegan la propia existencia de la verdad objetiva”, aseveró el Santo Padre, destacando la preocupación por la creciente tendencia a relativizar la realidad y el conocimiento.

León XIV recordó el contexto en el que su predecesor, el Papa León XIII, decidió refundar el Observatorio Vaticano en 1891. En aquella época, la Iglesia percibió la urgencia de contrarrestar la idea de que fe y ciencia eran irreconciliables enemigas. La iniciativa buscaba demostrar que la Iglesia Católica no teme a la investigación científica y que ambas esferas pueden complementarse en la búsqueda de la verdad. Un siglo después, el Pontífice actual enfatiza que el reto ha mutado, pasando de una supuesta rivalidad a la incredulidad en la existencia misma de principios universales y hechos demostrables.

Además de la crisis de la verdad objetiva, el Papa León XIV abordó otro desafío crucial: la explotación de los recursos naturales y sus repercusiones. Advirtió que, en el presente, un número significativo de personas “se niegan a reconocer lo que tanto la ciencia como la Iglesia enseñan con claridad: que tenemos una responsabilidad solemne en el cuidado de nuestro planeta y en el bienestar de quienes lo habitan”. Esta irresponsabilidad, enfatizó, pone en riesgo a las comunidades más vulnerables, cuyas vidas son directamente impactadas por la extracción desmedida de recursos y el uso indebido del mundo natural, así como la explotación humana. Ante este panorama, León subrayó la necesidad imperante de que la Iglesia mantenga su compromiso con una “ciencia rigurosa y honesta”, la cual no solo es valiosa sino “esencial” para afrontar estos problemas globales.

En este marco de reflexión, el Papa León destacó el papel excepcional que la astronomía desempeña dentro de esta misión. “Ocupa un lugar particular en esta misión”, afirmó, reconociendo cómo la observación de los astros tiene la capacidad de despertar en el ser humano tanto el asombro por la magnificencia de la creación como un “saludable sentido de la proporción” frente a las grandezas del cosmos. La contemplación del universo, explicó el Pontífice, invita a las personas a reevaluar sus propias preocupaciones, miedos y fracasos bajo la vasta perspectiva de la inmensidad divina, ofreciendo una vía para trascender lo mundano.

Sin embargo, el Santo Padre lamentó que este valioso “don” de la observación astronómica se encuentre actualmente amenazado por la contaminación lumínica. Recurriendo a una paráfrasis del Papa Benedicto en una homilía de 2012, León XIV explicó que “hemos llenado nuestros cielos de luz artificial que nos ciega ante las luces que Dios ha puesto en ellos, una imagen elocuente —sugería— del propio pecado”. Esta analogía resalta cómo la actividad humana, en su afán por iluminar lo terrenal, puede oscurecer la percepción de la creación divina y, en un sentido espiritual, entorpecer la capacidad de reconocer las señales trascendentes.

El Papa León XIV aprovechó la ocasión para expresar su profunda gratitud hacia todos los que sustentan la labor del Observatorio Vaticano. Dirigió un especial reconocimiento a los científicos y benefactores asociados a la Fundación, cuya dedicación hace posible la continuidad de esta importante institución. “Vuestra generosidad hace posible que el Observatorio Vaticano comparta el asombro de la astronomía con estudiantes de todo el mundo, y ofrezca talleres y cursos de verano a quienes trabajan en escuelas y parroquias católicas”, manifestó el Pontífice. Además, destacó que es la “dedicación” de estas personas la que garantiza que los telescopios y laboratorios del Observatorio sigan siendo fieles a su propósito original: ser “lugares donde la gloria de la creación de Dios se encuentra con reverencia, profundidad y alegría”.

Finalmente, el Pontífice exhortó a los presentes y a la comunidad científica en general a no desvincular su trabajo del fundamento teológico que lo inspira. Instó a “no perder nunca de vista la visión teológica que anima todo esto”, recordando que la exploración de los orígenes y el funcionamiento del universo es una vocación natural para personas de fe profunda. El deseo humano de comprender mejor la creación, concluyó el Papa León, no es más que un reflejo del “anhelo inquieto de Dios que habita en el corazón de todo ser humano”, subrayando la intrínseca conexión entre la búsqueda científica y la aspiración espiritual.

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