La afición panameña, vibrante y apasionada, se enfrenta a la desilusión tras la confirmación de la eliminación de su selección nacional de la Copa del Mundo de la FIFA. Después de una segunda derrota consecutiva, esta vez por la mínima ante Croacia (1-0), la escuadra canalera ha quedado sin posibilidades de avanzar a la siguiente fase, a pesar de tener un partido restante contra Inglaterra. En este contexto de pesar, pero también de reflexión, Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, Arzobispo Metropolitano de Panamá, ha elevado un mensaje de aliento y esperanza que resuena profundamente en el corazón de la nación.
A través de una comunicación compartida poco después del decisivo encuentro, el prelado reconoció el sentir popular, lamentando que el marcador final no fuera el “que todos anhelábamos”. Sin embargo, con un tono paternal y de profundo orgullo nacional, el Arzobispo Ulloa Mendieta dirigió sus palabras a los jugadores, asegurándoles que, a pesar de la adversidad deportiva, el pueblo panameño “seguimos orgullosos de ustedes”. Su mensaje buscó trascender la frustración del resultado, enfocándose en el valor del esfuerzo y la entrega mostrados por los deportistas.
En su intervención, Mons. Ulloa Mendieta no solo se limitó a consolar, sino que aprovechó la plataforma para trazar un paralelismo entre el fútbol y los desafíos inherentes a la vida cotidiana. “La vida se construye partido a partido, esfuerzo tras esfuerzo, aprendizaje tras aprendizaje”, afirmó el Arzobispo, invitando a la población a adoptar una perspectiva resiliente y constructiva frente a las dificultades. Destacó la incuestionable “entrega, el sacrificio y el amor” con que los futbolistas defendieron la camiseta de Panamá, reconociendo la valentía con la que lucharon y cómo llevaron “en el pecho los sueños de todo un país”. Estas palabras no solo honran a los atletas, sino que también actúan como un llamado a la unidad y la perseverancia en otros ámbitos de la vida nacional.
La participación de Panamá en esta Copa del Mundo marca apenas la segunda ocasión en la historia en que la selección nacional ha logrado clasificarse para el prestigioso torneo. Su debut absoluto tuvo lugar en Rusia 2018, una gesta que, si bien no culminó con el avance de la fase de grupos, sí quedó grabada en la memoria colectiva por el histórico primer gol de Panamá en una Copa del Mundo. Este hito, cargado de simbolismo, sigue siendo un referente de la capacidad del país para alcanzar metas que antes parecían inalcanzables. La experiencia de 2018, sumada a la actual, subraya la trayectoria de un fútbol que, aunque joven en la élite mundialista, demuestra un espíritu indomable.
La cruda realidad matemática ha sellado el destino de la selección panameña en el presente certamen. A pesar de la aún pendiente confrontación con Inglaterra y la ampliación del nuevo formato mundialista que otorga ocho cupos a los mejores terceros lugares, el conjunto centroamericano se encuentra condenado irremediablemente a la cuarta posición de su grupo. Esta situación se debe a un criterio de desempate crucial implementado por la FIFA: el duelo directo. Incluso si Panamá lograra una victoria en la última fecha, sumando tres puntos más, Croacia, que ya venció a los panameños en la segunda jornada, mantendría una ventaja insuperable por este reglamento específico, dejando a los canaleros sin opciones de clasificación.
Frente a este escenario de adversidad, el Arzobispo Ulloa Mendieta enfatizó una verdad fundamental sobre la verdadera grandeza. “Los grandes equipos no se definen únicamente por sus victorias, sino por su capacidad de levantarse, mantenerse unidos y seguir creyendo cuando las circunstancias son adversas”, sentenció. Este poderoso mensaje invita no solo a los jugadores, sino a toda la sociedad panameña, a encontrar fuerza en la unidad y en la fe, incluso cuando el camino se torna cuesta arriba. La capacidad de resiliencia y la cohesión social son presentadas como pilares esenciales para superar cualquier revés.
El líder eclesiástico instó a los futbolistas a “no bajar la cabeza”, recordándoles que el partido que aún les resta contra Inglaterra no es un mero trámite, sino una oportunidad para reafirmar su compromiso y su espíritu combativo. Subrayó que “mientras exista la posibilidad de seguir adelante, también existe la esperanza”, transformando el último encuentro en una lección de perseverancia y fe inquebrantable. Este enfoque busca infundir ánimo y propósito, demostrando que la verdadera victoria reside en la actitud y en la determinación de nunca rendirse.
Para concluir su emotivo mensaje, Mons. José Domingo Ulloa Mendieta extendió una bendición al combinado nacional, encomendándolos a la protección y guía de Santa María la Antigua, la venerada patrona de Panamá. La invocación a la patrona busca brindar consuelo espiritual y fortaleza a los jugadores, deseándoles que “los acompañe en cada paso” de su trayectoria, tanto dentro como fuera de los terrenos de juego. En un momento de desilusión deportiva, la Iglesia de Panamá, a través de su Arzobispo, ofrece un faro de esperanza y orgullo, recordando a la nación que el verdadero triunfo reside en el espíritu inquebrantable y la unidad.








