Desde el venerable Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, epicentro de la fe en Cuba, el padre Rogelio Deán Puerta, rector del recinto, ha emitido un sentido llamado a la oración, la reflexión y el entendimiento mutuo. En el marco de la Solemnidad de la Santísima Trinidad, el sacerdote subrayó la imperiosa necesidad de que los cubanos forjen un diálogo sincero y constructivo, manteniendo inquebrantable la confianza en Jesucristo, especialmente en la compleja situación que atraviesa la nación caribeña.
La homilía del padre Deán Puerta resonó con una profunda preocupación por las fracturas históricas y actuales en la sociedad cubana. “Uno de los grandes problemas en nuestra historia nacional cubana precisamente ha sido, desde hace mucho tiempo, las grandes diferencias entre los cubanos”, enfatizó el rector. Desde el santuario, símbolo de unidad y esperanza para millones de cubanos dentro y fuera de la isla, el padre Deán Puerta lamentó cómo esta persistente desunión y la “exaltación de la soberbia” han conducido al país a un sufrimiento prolongado y a un estancamiento en su desarrollo humano y espiritual.
El padre Deán Puerta profundizó en la peligrosa senda que el afán de “justicia” puede tomar si no está cimentado en principios superiores. Advirtió que, en ocasiones, el sentimiento de justicia a lo largo de la historia ha derivado en “un enfrentamiento estéril que no conduce precisamente a una renovación, a un futuro anclado en el amor y en la paz”. Claramente, el sacerdote articuló que “la justicia, si no nos lleva al amor y a la paz, nunca será una auténtica justicia”, ofreciendo una perspectiva cristiana que trasciende la mera retribución para enfocarse en la reconciliación y la construcción de un futuro más armónico.
El reconocimiento de una “tristeza” generalizada, motivada por la ausencia de horizontes claros para muchos en Cuba, fue otro punto central de su mensaje. Sin embargo, el padre Deán Puerta instó a la comunidad cristiana a cultivar una alegría que no dependa de las circunstancias efímeras, sino que esté “anclada en la fe”. Esta alegría, explicó, es una virtud teologal que otorga fortaleza y perseverancia, diferenciándola de una emoción volátil. Para ilustrar su punto, el rector evocó la imagen de los santos que, a pesar de las adversidades e incluso frente al martirio, “iban alegres”, demostrando que la disposición interior y la fe pueden transformar la percepción de las dificultades.
El mensaje del padre Deán Puerta también hizo hincapié en la responsabilidad personal ante las circunstancias externas. “Las circunstancias influyen y mucho, pero ciertamente en mi vida mando yo, en mi interior decido yo. El nivel de fe, de vida en el espíritu, lo decido yo dentro de mí. Y evidentemente, yo también soy dueño de mis esperanzas”, afirmó. Esta declaración subraya la importancia de la agencia individual y la soberanía del espíritu en la conformación de la propia esperanza y fe, incluso cuando el entorno parece desalentador.
La esperanza, según el rector, debe ser depositada exclusivamente en Cristo. El sacerdote enfatizó que creer en Él es posible incluso en los momentos más aciagos, representando un verdadero “reto cuando yo decido creer a pesar que las circunstancias” sugieran lo contrario. Rememorando las palabras evangélicas, el padre Deán Puerta recordó que “en el Evangelio Jesús es muy claro, si crees en Él hay salvación, hay cambio, hay novedad, hay felicidad, hay alegría; no crees en Él, entonces hay condena”. Esta dicotomía recalca la urgencia de la decisión personal en la vida espiritual y su impacto en la existencia terrenal y eterna.
Finalmente, el sacerdote lanzó una advertencia sobre la sutil pero destructiva naturaleza del odio. Exhortó a la vigilancia, ya que “el odio es sutil y va causando mella. Nos va enfrentando los unos a los otros, y nos va alejando de esa comunión que es el estilo de Dios, que es lo que quiere Dios para nosotros”. Ante esta amenaza, el padre Deán Puerta animó fervientemente a la continuidad de la oración “por la unidad de todos los cubanos. Por el amor entre los cubanos. Para que desaparezca la soberbia, las autosuficiencias, los deseos de poder que nos hieren, y que podamos dialogar y entendernos”.
El padre Rogelio Deán Puerta concluyó su llamado enfatizando la inmediatez del entendimiento mutuo para el bienestar de la nación. “Necesitamos entendernos. El entendimiento a veces no puede ser dilatado. El entendimiento urge, para que de verdad podamos ser felices viviendo en comunión”, expresó. Como es tradición en el Santuario del Cobre, elevó una petición a la Patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad, para que “siga intercediendo, para que de verdad podamos vivir el don de la comunión” entre todos los hijos de la isla. El mensaje, cargado de fe y un profundo amor por Cuba, resuena como un faro de esperanza en tiempos de incertidumbre.








