23 junio, 2026

Miami, Estados Unidos — En un llamado urgente a la acción legislativa, líderes de la Iglesia católica en Estados Unidos han elevado sus voces en defensa de los ciudadanos haitianos que residen en el país bajo el Estatus de Protección Temporal (TPS). A principios de febrero de 2026, vigilias con velas se realizaron en Miami para apoyar a esta comunidad, mientras la atención se centra en el Senado de EE. UU. para que apruebe una extensión de tres años de dicho programa migratorio.

El arzobispo de Miami, monseñor Thomas Wenski, junto con los obispos de Ohio, ha liderado esta iniciativa, destacando la necesidad crítica de mantener esta “línea de vida” para miles de haitianos que enfrentan la perspectiva de regresar a un país sumido en el caos. La Cámara de Representantes ya aprobó en abril la legislación H.R. 1689, que busca prorrogar el TPS por tres años adicionales, una medida que ahora aguarda la consideración del Senado.

El Estatus de Protección Temporal es un salvavidas migratorio concedido a extranjeros de naciones designadas como inseguras para el retorno, ya sea por conflictos armados, desastres naturales o condiciones extraordinarias. Sin embargo, en 2025, la entonces secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, decidió poner fin a la designación de TPS para migrantes de Haití, Siria y otros países, una decisión que la actual legislación busca revertir. De ser aprobada por el Senado, esta iniciativa proporcionaría alivio a más de 350.000 haitianos que hoy viven y trabajan legalmente en Estados Unidos.

Monseñor Wenski, en una columna para la Arquidiócesis de Miami, ha expresado su profunda preocupación por las repercusiones humanas de las políticas públicas. “Cada día, veo las consecuencias humanas de decisiones de política pública, muchas veces no intencionales, que generan incertidumbre crónica, miedo y la ruptura de familias y comunidades enteras”, afirmó el prelado. “Ahora le corresponde al Senado votar a favor de extender las protecciones TPS para los haitianos”.

El arzobispo subrayó la grave situación que persiste en Haití, un país que calificó de estar “al borde del colapso”. Detalló una realidad marcada por la “violencia generalizada de pandillas y secuestros, una epidemia rampante de cólera y una creciente inseguridad alimentaria”. La ausencia de instituciones estatales operativas ha precipitado “un colapso general de la seguridad, con ataques contra mujeres y niños que se han vuelto comunes”, añadió. En este contexto, el retorno forzado de familias haitianas sería, según Wenski, “un acto de crueldad absoluta” y agravaría aún más la crisis humanitaria en curso en la nación caribeña.

Además de las razones humanitarias, monseñor Wenski resaltó la contribución económica de la comunidad haitiana en Estados Unidos. “Los haitianos en Estados Unidos son trabajadores que ocupan empleos que, de no ser por ellos, quedarían vacantes”, indicó. La expulsión masiva de estos beneficiarios del TPS, advirtió, tendría “consecuencias devastadoras para la economía de nuestro país”.

Aunque el arzobispo reconoció que lo “temporal debe ser temporal”, enfatizó que, “sin otra alternativa viable, el TPS es lo que está disponible”. Consideró el programa como “una herramienta imperfecta” que no puede reemplazar la “difícil tarea de la reforma migratoria que el Congreso debe emprender tarde o temprano”. La aprobación de la H.R. 1689 en el Senado, agregó, ofrecería “un respiro a los haitianos” y daría tiempo a los legisladores para “explorar soluciones más duraderas y funcionales”.

Por su parte, los obispos de Ohio, a través de la Catholic Conference of Ohio, también manifestaron su “profunda aflicción” por la situación de sus “vecinos haitianos” y calificaron la problemática como un “fracaso moral y social”. En un comunicado emitido el 22 de junio, urgieron a la acción, recordando, de cara al 250 aniversario de Estados Unidos, los principios fundacionales del país. “Como ciudadanos orgullosos y fieles de Estados Unidos, debemos asumir la responsabilidad de apoyar el bien común de nuestro país y amar al prójimo como a nosotros mismos”, declararon.

Los obispos de Ohio testificaron sobre las “vidas ejemplares que las familias haitianas han construido” en su estado, describiéndolos como personas trabajadoras que sostienen a sus familias, practican su fe y buscan vivir en paz. Su futuro, sin embargo, pende de un hilo, a la espera de una decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos. Este tribunal está revisando el intento de la administración de Donald Trump de poner fin al TPS para haitianos y sirios, después de que tribunales inferiores bloquearan la terminación al considerar ilegal el proceso administrativo. Los argumentos orales se escucharon en abril y se espera un veredicto en los próximos meses.

Los obispos no encontraron “justificación moral para terminar su [TPS] sin una alternativa para ajustar su estatus migratorio”. Aunque afirmaron “el derecho y la responsabilidad de la nación de regular la inmigración y proteger sus fronteras”, señalaron que Estados Unidos “ha fallado continuamente en sus intentos de lograr una reforma migratoria integral”. Concluyeron su llamado instando a los católicos de Ohio y a todas las personas de buena voluntad “a rezar por Estados Unidos en sus 250 años y a reflexionar sobre nuestra responsabilidad como ciudadanos y seguidores de Jesucristo”, buscando establecer y mantener un proceso migratorio ordenado que ofrezca un lugar seguro a quienes huyen de la violencia o las graves dificultades económicas.

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