Madrid se prepara para recibir al Papa León XIV en un significativo encuentro con el mundo de la cultura, el arte, la economía y el deporte. Entre los participantes que ofrecerán su testimonio y talento, destaca José Ríos, un seminarista de la Archidiócesis de Madrid con un singular pasado como guitarrista flamenco, quien subirá al escenario para interpretar su arte ante el Sumo Pontífice. Este evento, programado para la tarde del domingo 7 de junio en el pabellón Movistar Arena bajo el lema “Tejer redes”, promete ser un diálogo enriquecedor entre la fe y diversas expresiones humanas.
José Ríos cursa el tercer año en el Seminario Conciliar de la capital española, un camino vocacional que ha abrazado tras una vida dedicada a la música. Antes de iniciar sus estudios eclesiásticos, este joven madrileño se formó profundamente en la guitarra flamenca. Perfeccionó su técnica en el conservatorio y forjó su destreza en los vibrantes tablaos, acompañando al cantaor Rafael Jiménez. También colaboró en las clases impartidas por Jiménez en la prestigiosa escuela Amor de Dios, reconocida como “el epicentro del flamenco en Madrid”, un lugar donde el arte jondo respira con intensidad.
Su proceso de discernimiento espiritual fue profundo y reflexivo. En un momento, José consideró la posibilidad de ingresar a la Abadía de San Isidro de Dueñas, un lugar de gran relevancia espiritual por ser el sitio donde vivió y murió San Rafael Arnaiz. Sin embargo, tras una cuidada meditación y superando un desafío de salud –un problema cardíaco que, afortunadamente, se resolvió satisfactoriamente–, José finalmente respondió a la llamada al sacerdocio diocesano en Madrid. Esta decisión marcó un giro en su vida, pero no significó el abandono total de su pasión por la música.
Para este encuentro con el Papa León XIV, José Ríos ha sido invitado a compartir su experiencia y su arte. “Me van a hacer unas preguntas y voy a tocar un poco la guitarra, porque yo antes de ser seminarista me dedicaba sobre todo al tema de la música”, explicó José con una sencillez que contrasta con la profundidad de su historia personal, durante una conversación desde el espacio conocido como “la huerta” en el seminario, con un medio de prensa.
La entrada de José al seminario implicó un cese en su carrera musical. “No estaba consolidado, estaba metiéndome en el mundo. Lo que pasa es que luego entré en el seminario y corté con eso”, relata. Como muestra de su desprendimiento, donó su guitarra profesional para que otro músico pudiera aprovecharla. Sin embargo, para esta especial ocasión papal, su antiguo compañero de escenario, el cantaor Rafael Jiménez, le ha prestado una guitarra con más de 60 años de antigüedad. José ha dedicado horas extra en las últimas semanas para recuperar la agilidad en sus dedos, un entrenamiento esencial para las exigencias del flamenco, donde la técnica no se olvida, pero la destreza digital requiere práctica constante.
En el flamenco, explicó José, “lo que sueles componer mucho son falsetas, que son como fragmentos musicales que luego, en función de que tengas que acompañar a alguien que baila, a alguien que canta, pues vas intercalando. O, cuando tocas solo, las juntas y cada uno va desarrollando un poco su estilo”. Para la actuación ante el Papa León, interpretará “algunas cosas que eran las que solía tocar, porque aquí en el seminario no hay tiempo para componer”. Su vida en el seminario está marcada por la convivencia fraterna, las actividades pastorales –como la que realiza en la parroquia de San Jorge– y, por supuesto, sus intensos estudios teológicos y filosóficos.
**La música como puente hacia la fe**
La música ha sido, y sigue siendo, una compañera esencial en la vida de José Ríos, no solo en su trayectoria secular, sino también en su profundo recorrido espiritual. “La música me ayuda a vivir la fe de distintas maneras”, confiesa el seminarista.
En primer lugar, la música facilita el encuentro con la belleza trascendente: “Te da un criterio estético que al final remite a Dios. Siempre remite a Dios”. Desde una perspectiva humana, este arte permite reconocer “algo que trasciende a la propia cultura porque la belleza te llega. Al final, eso que unifica a todos los hombres, también remite a algo más grande, que nos unifica a todos, que es Dios”. La armonía, la melodía y el ritmo se convierten en vías para percibir una dimensión superior.
Asimismo, José valora la rigurosa disciplina que la música exige. “La música tiene mucha disciplina”, afirma, enseñando a “hacer las cosas bien”. Este arte, en su opinión, “requiere mucha dedicación y entonces reconoces la diferencia entre algo aceptable o algo bien hecho. Te da mucho sentido del hacer las cosas bien, con delicadeza, con cuidado”. Esta ética del esfuerzo y la perfección se traslada a su vida espiritual y a su preparación sacerdotal.
Finalmente, el futuro presbítero destaca el papel de la música en la vida del seminario. “En el seminario hay mucha música”, explica, recordando la enseñanza atribuida a San Agustín de Hipona: “quien canta, ora dos veces”. Para José, cantar “te permite en la oración relacionarte con el Señor”. Subraya que la liturgia de las horas cantada es “un momento muy bonito de relación con el Señor”, fortaleciendo su vínculo con la divinidad.
Está firmemente convencido del potencial de su arte musical en el apostolado. “Cuando tocas, y tocas bien, y a alguien le gusta, se establece una comunión muy grande”, asegura. Esta conexión va más allá de los actos religiosos. “La música, es verdad, mueve el corazón. Yo sí tengo experiencia de tocar y que alguien se de repente se te acerque (…). Ahí se establece una relación. Al final, la fe se comunica por relación, no por programas”.
**La visita de León XIV: un bien para la Iglesia**
Mientras equilibra sus exámenes académicos con el entrenamiento de sus dedos en la guitarra, José espera con gran alegría la llegada del Papa León XIV. Rememora con gratitud el encuentro previo: “Tuvimos la oportunidad de conocer al Papa Francisco hace dos años y el encuentro con el Santo Padre siempre es muy enriquecedor”. Sin embargo, la próxima visita de León, el actual Pontífice, reviste una importancia particular.
“También es un momento de ser confirmado en la fe, más allá de una experiencia particular”, enfatiza José Ríos. La oportunidad de estar cerca del sucesor de Pedro es, para él, una bendición. Concluye con la firme convicción de que el encuentro con el Papa León “va a ser un bien enorme para la Iglesia de España y del mundo”, un evento que fortalecerá la fe de muchos y abrirá nuevos caminos de diálogo y esperanza.








