Madrid, España — El Papa León XIV concluyó su esperada visita apostólica a España el pasado 8 de junio de 2026, dejando un mensaje claro y un balance positivo en las palabras de monseñor Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Tras despedir al Santo Padre en el aeropuerto, monseñor Argüello compartió con los medios de comunicación las impresiones de la Iglesia española y el encargo directo recibido del Pontífice: “Ahora os toca a vosotros trabajar”.
El encuentro con el presidente de la CEE se dio en dos momentos clave durante los últimos días de la estancia del Pontífice: una conversación privada previa a la partida desde Tenerife y otra el día anterior, durante el traslado entre las islas de Gran Canaria y Tenerife. Esta proximidad permitió a monseñor Argüello recoger de primera mano el sentir del obispo de Roma y su visión sobre la semana de encuentros y celebraciones en Madrid, Barcelona y las Islas Canarias.
La indicación de León XIV a los obispos españoles no fue una mera despedida, sino un claro impulso, según la interpretación de monseñor Argüello. “Para que lo vivido en estos días pueda ser acompañado, pueda ser continuado”, explicó el prelado, enfatizando la necesidad de que la intensa emoción experimentada por miles de fieles y ciudadanos se transforme en “virtud” y “trabajo” duradero. El objetivo es que el eco de la visita pontificia resuene profundamente, tanto en la comunidad eclesial como en el conjunto de la sociedad española. Este mensaje subraya la importancia de dar continuidad a la gracia y la inspiración recibidas, traduciéndolas en acciones concretas y un compromiso renovado con la fe y la misión evangelizadora.
El presidente de la CEE también transmitió que el Papa León se marchó “contento” de España, una satisfacción que el Pontífice, al parecer, asoció en parte a sus experiencias previas en Perú. Según monseñor Argüello, la calidez de la acogida, la familiaridad con la lengua española y la vibrante expresión de las aclamaciones populares recordaron al Santo Padre aspectos de su estancia en el país andino, lo que añadió un matiz personal y afectivo a su viaje por la península y el archipiélago.
Para el líder de los obispos españoles, la semana de encuentros con León XIV reveló la presencia de tres protagonistas esenciales que marcaron profundamente el significado de esta peregrinación apostólica. En primer lugar, destacó la figura del propio Papa León XIV. Según monseñor Argüello, el obispo de Roma mostró en este viaje una faceta quizás menos conocida para el público general, caracterizada por una “fuerza” y una “capacidad para ofrecer un pensamiento católico, es decir, integral”. Ante la complejidad de los desafíos contemporáneos, León XIV presentó una perspectiva que entrelaza y relaciona diversos asuntos, ofreciendo una visión holística que busca iluminar las encrucijadas de nuestro mundo. Su capacidad para conectar diferentes aspectos de la vida social, ética y espiritual fue, sin duda, un elemento central de su mensaje.
En segundo lugar, monseñor Argüello resaltó el papel del “pueblo católico y al pueblo español” en las diferentes etapas del viaje: Madrid, Cataluña y Canarias. La respuesta ciudadana fue calificada de “singular”, manifestándose tanto en la masiva asistencia a los actos litúrgicos, pastorales y protocolarios, como en las calles. Miles de personas salieron a recibir al Papa León, expresando un profundo “deseo de poder saludar al Papa, de presentar niños recién nacidos para ser bendecidos”. Esta expresión espontánea de “alegría y de comunión”, acompañada de lo que el presidente de la CEE describió como una “sed de luz”, evidenció el anhelo espiritual de la sociedad española y su capacidad de acogida. El Pontífice, a su vez, “ha ofrecido esa luz que surge de la cruz”, un bálsamo para esa sed.
Finalmente, el tercer protagonista, el más fundamental, fue Jesucristo. Monseñor Argüello recordó el himno del viaje apostólico, que resonó en cada acto: “Alza la mirada. Alza la mirada, mis ojos en Jesús; alzo la mirada, clavado en la cruz”. Subrayó que “Jesucristo, y Jesucristo crucificado con su cruz encendida en luz, ha sido como el gran protagonista”. El Santo Padre, a lo largo de su visita, no eludió acercarse a las “cruces de nuestro mundo”: desde la realidad de los inmigrantes hasta las prisiones, pasando por la atención a diversas personas vulnerables. Se sumergió en las “preguntas del corazón humano” formuladas por los jóvenes en las vigilias de Madrid y Barcelona. Desde esta inmersión en las “heridas” y “cruces del mundo contemporáneo”, el Pontífice ofreció una luz que, en última instancia, emerge de la cruz, el símbolo central de la fe cristiana y de la esperanza para un mundo necesitado de dirección y consuelo.
La visita de León XIV a España no solo reforzó los lazos entre la Sede Apostólica y la Iglesia española, sino que también dejó un llamamiento a la acción y una renovada inspiración para enfrentar los desafíos actuales con fe y compromiso. La tarea ahora, como bien indicó el Papa León, recae en la comunidad para transformar la emoción de estos días en una senda de trabajo y virtud continuada.








