26 agosto, 2026

El Papa León XIV puso punto final a su intensa visita apostólica a España este viernes 12 de junio, eligiendo la isla de Tenerife como escenario de su última jornada. En un día cargado de significado, el Pontífice centró su mensaje en la irrenunciable dignidad humana de los migrantes y en la vital importancia de una cultura del encuentro que trascienda fronteras y prejuicios.

La agenda de León XIV en la mayor de las islas Canarias comenzó con un emotivo encuentro en el centro de acogida Las Raíces, uno de los más grandes de la región, donde residen numerosas personas migrantes. Allí, el Pontífice se reunió con ellos y con los agentes de pastoral dedicados a su acompañamiento. Escuchó atentamente los testimonios de hombres y mujeres que, con valentía, compartieron con él sus profundos dolores y sus inextinguibles esperanzas. En un discurso pronunciado en francés, el Santo Padre extendió una invitación universal a buscar refugio en Dios, enfatizando que su amor “no conoce fronteras, no hace distinciones, se da a todos y nos congrega en la unidad”. Los presentes fueron testigos de la notable facilidad del Papa León para transitar sin esfuerzo entre el español, el francés y el inglés, demostrando una habilidad comunicativa excepcional.

En su mensaje, el Papa León XIV subrayó que es la fe la que “nos ayuda a sanar las heridas y a ser caritativos con los que sufren”. Para ilustrar su punto, el Pontífice recordó la figura del Santo Hermano Pedro y de San José de Anchieta, ambos venerados santos canarios que partieron hacia América para llevar el Evangelio, encarnando el espíritu de servicio y la trascendencia de las fronteras. La presencia de reliquias de estos dos santos durante la celebración añadió un simbolismo especial al acto.

Más tarde, el Pontífice se dirigió a la histórica Plaza del Cristo de La Laguna para participar en un encuentro con diversas realidades y organizaciones dedicadas a la integración de migrantes. Fue en este marco donde pronunció uno de los mensajes más contundentes de su visita. Ante una audiencia diversa, y dirigiéndose directamente a aquellos que se benefician del sufrimiento ajeno, el Papa León lanzó un firme y resonante llamado: “Deténganse. Conviértanse”. Con estas palabras, el Santo Padre advirtió con gravedad que “la última palabra no puede tenerla el miedo, la indiferencia ni la violencia de quienes comercian con la vida humana”. Lamentó que las “barreras más difíciles de derribar” no siempre sean físicas, sino aquellas que se erigen “en la mirada, o en el miedo o en la indiferencia” de las personas. En este contexto, expresó su profunda gratitud por la labor silenciosa y perseverante de todos aquellos que dedican su vida al acompañamiento y la atención de las personas migrantes, un trabajo esencial para construir puentes en lugar de muros.

La última actividad pública del Papa León XIV en territorio español fue la solemne Misa del mediodía, celebrada en el pintoresco puerto de Santa Cruz, con el vasto océano Atlántico sirviendo de majestuoso telón de fondo. En su homilía, el Pontífice reiteró con fuerza un mensaje central de su pontificado: “ningún ser humano es una isla”, pues las personas “hemos nacido para el encuentro”. El Papa León enfatizó que solo “hay vida cuando se da vida. De otro modo, se gira en el vacío (…) Quien se sumerge en Él ya no vive para sí mismo”. Culminó su reflexión con una poderosa exhortación: “¡Abran a todos este mar de amor!”, concluyendo así su última celebración en Tenerife antes de su despedida oficial de España.

Sin embargo, el viaje de regreso a Roma tuvo un giro inesperado. Estaba previsto que el Papa León XIV partiera del aeropuerto internacional de Tenerife a las 15:00 horas (tiempo local) para regresar esa misma noche. No obstante, la salida del Pontífice sufrió un retraso considerable debido a un desperfecto técnico detectado en la aeronave papal.

El capitán de la aeronave informó a los pasajeros sobre la situación, explicando que el equipo de mantenimiento “sugiere remolcar el avión, darle la vuelta para ponerlo cara al viento e intentar una nueva puesta en marcha del motor, ya que el fallo se ha podido producir por viento en cola”. Aproximadamente 20 minutos después, el capitán volvió a dirigirse a los ocupantes para actualizar la situación, señalando que “nuestro equipo de mantenimiento está tratando de resolver la avería pero van a tardar bastante hasta que esté completamente solucionado. Por esta razón estamos coordinando el desembarque del avión”. Finalmente, gracias a la pronta intervención del Rey Felipe VI, quien puso a su disposición su propio avión Falcon, el Santo Padre pudo emprender el viaje de regreso a la Ciudad Eterna, cerrando así una visita apostólica a España que dejó un profundo calado en la defensa de los más vulnerables.

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