La juventud católica mexicana se prepara activamente para uno de los eventos más significativos de la Iglesia a nivel global: la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que en 2027 tendrá como sede la vibrante ciudad de Seúl, Corea del Sur. Como un paso crucial en este camino preparatorio, Monterrey, en el estado de Nuevo León, se convertirá en el epicentro de la fe juvenil con la realización de la Jornada Nacional de la Juventud (JNJ). Este magno encuentro, programado para el 15 y 16 de agosto, espera congregar a más de 10.000 jóvenes provenientes de diversas diócesis de todo el país, consolidándose como un espacio fundamental de formación y espiritualidad.
Durante una rueda de prensa llevada a cabo el pasado 15 de junio, los organizadores ofrecieron detalles de esta iniciativa. El lema que guiará las actividades será “Ustedes también dan testimonio porque están conmigo”, una invitación directa a los participantes a vivir y compartir su fe. El programa diseñado incluye momentos de intensa oración, enriquecedoras conferencias y una variedad de actividades pastorales, todas ellas articuladas alrededor de la celebración central de la Eucaristía, corazón de la vida católica. La JNJ no solo busca ser un preámbulo para la experiencia internacional en Seúl, sino también un poderoso motor de evangelización y cohesión para la juventud mexicana.
Esta no será la primera ocasión en que México organiza una Jornada Nacional de la Juventud. El país cuenta con una valiosa experiencia en la preparación de estos encuentros, demostrando el compromiso de su Iglesia con las nuevas generaciones. La primera edición de la JNJ tuvo lugar en 2018, en la Ciudad de México, sirviendo como antesala para la Jornada Mundial de la Juventud de Panamá en 2019, y teniendo como sede la icónica Basílica de Guadalupe. Posteriormente, en 2022, la Arquidiócesis de Guadalajara acogió la segunda edición, que precedió a la JMJ de Lisboa, Portugal. Estas ediciones previas han sentado las bases para la magnitud y la logística del evento de Monterrey, garantizando una experiencia significativa para los miles de jóvenes asistentes.
Teresa Ramos, secretaria ejecutiva de la Dimensión Episcopal Mexicana de Pastoral de Adolescentes y Jóvenes (DEMPAJ), enfatizó la trascendencia de la próxima JNJ, describiéndola como una auténtica “fiesta de encuentro, testimonio, solidaridad e impulso misionero”. Su visión subraya la naturaleza transformadora del evento, donde los jóvenes no solo recibirán, sino que también compartirán su entusiasmo y su compromiso con la fe, fortaleciendo los lazos comunitarios y reafirmando su vocación cristiana.
El contexto en el que se desarrolla esta Jornada Nacional es de particular relevancia. Durante la presentación, Mons. Juan Armando Pérez Talamantes, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Monterrey y asesor de la Pastoral Juvenil, compartió una perspectiva crítica sobre la situación actual de la juventud. Según el prelado, muchos jóvenes hoy se sienten “quebrados”, una realidad que los sacerdotes que los acompañan en su día a día confirman. Esta vulnerabilidad se atribuye a “las realidades que hay en las familias, por las realidades que hay en la sociedad, en la cuestión de desintegración familiar, desintegración social”.
En este escenario, Mons. Pérez Talamantes subrayó que la JNJ de Monterrey no pretende ser un evento “triunfalista”. Por el contrario, su objetivo fundamental es crear un espacio donde se pueda “tocar el corazón del joven” y “sembrar la esperanza en muchos”. Este enfoque sensible y empático resuena con la pastoral juvenil impulsada por el Papa León XIV, quien constantemente llama a la Iglesia a acercarse a las periferias existenciales y a escuchar con atención las voces de los más vulnerables, ofreciendo acompañamiento y consuelo.
La relevancia de estos encuentros va más allá de los días de celebración. Areli Guzmán, coordinadora local de la organización de la jornada, hizo un llamado a los participantes a no quedarse “solamente en esta jornada nacional”. Instó a que el “sentimiento de conocer un Cristo vivo debe ser un testimonio de saber que no estamos solos”. Esta visión a largo plazo es crucial, ya que el acompañamiento pastoral se extiende más allá del evento a través de la red de coordinadores diocesanos, sacerdotes asesores y obispos que orientan el camino espiritual de los jóvenes. Además, Areli Guzmán destacó la importancia de “la compañía de otros hermanos que te saben acompañar y que te hacen sentir que no caminamos solos, siempre juntos”, reforzando el sentido de comunidad y apoyo mutuo.
La Jornada Nacional de la Juventud en Monterrey se perfila como una experiencia pivotal para los jóvenes católicos de México. Es un momento para reavivar la fe, encontrar respuestas a los desafíos contemporáneos y prepararse con entusiasmo para la cita mundial en Seúl 2027. La Iglesia en México, en sintonía con las directrices del Papa León XIV y su constante preocupación por el futuro de la fe, reafirma su compromiso con la juventud, ofreciendo espacios de esperanza, encuentro y formación integral en un mundo que demanda líderes y testigos de un Cristo vivo.








