La Iglesia Católica en Cuba ha recibido un significativo apoyo internacional para asegurar la celebración de la Eucaristía, tras enfrentar dificultades en la producción de hostias en la isla. Ante la escasez crítica, las iglesias de Panamá y Puerto Rico coordinaron el envío de 35.000 y 300.000 formas, respectivamente, sumando un total de 335.000 unidades que permitirán a los fieles cubanos participar plenamente del sacramento central de su fe.
Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, Arzobispo de Panamá, comunicó oficialmente este gesto de fraternidad. Explicó que esta iniciativa surge como una respuesta directa a las apremiantes necesidades de varias diócesis cubanas para garantizar el suministro de hostias, consideradas un elemento indispensable para la liturgia, la cual representa la fuente y cumbre de la vida cristiana. La carencia de estas formas ha puesto en riesgo la regularidad de las celebraciones eucarísticas, generando preocupación en la comunidad católica cubana.
En Puerto Rico, la coordinación de este esfuerzo solidario estuvo a cargo de Monseñor Roberto O. González Nieves, Arzobispo de San Juan. El periódico oficial de la Iglesia Católica en Puerto Rico, *El Visitante*, detalló los pormenores de la operación, destacando el compromiso de la arquidiócesis para hacer llegar la ayuda a sus hermanos en la fe. Esta acción subraya la profunda conexión y el sentido de responsabilidad mutua entre las iglesias particulares del Caribe y el resto del continente.
La causa principal de la interrupción en la producción de hostias en Cuba radica en los constantes cortes de energía eléctrica que afectan el Monasterio de Santa Teresa y San José. Este convento, hogar de la comunidad de las Carmelitas Descalzas, es el principal, y en ocasiones único, centro de elaboración de hostias para toda la nación. La fabricación de estas formas requiere tiempo, maquinaria específica y un suministro eléctrico estable, condiciones que se han vuelto inconsistentes en el contexto energético cubano.
El fraile George Payano, sacerdote dominico, amplió en declaraciones a AFP sobre los desafíos técnicos. “Las horas de corriente [eléctrica] son muy limitadas”, explicó, lo que impacta directamente la capacidad de producción del monasterio. Esta situación ha llevado a una reducción considerable en la cantidad de hostias disponibles, obligando a los sacerdotes y obispos cubanos a racionar su entrega y distribución entre las parroquias, un hecho doloroso para las comunidades católicas.
Monseñor Ulloa Mendieta enfatizó que el valor de este envío trasciende lo material. En su comunicado, destacó que la donación es “un signo concreto de la comunión que une a la Iglesia más allá de las fronteras”. La Eucaristía, en su esencia, es “el sacramento de la unidad”, un espacio donde los fieles se reconocen como hermanos y miembros de un mismo Cuerpo de Cristo. Esta perspectiva subraya la necesidad de solidaridad cuando una comunidad se encuentra privada de lo esencial para celebrar este misterio. “Por eso, cuando una comunidad carece de lo necesario para celebrar este misterio, sentimos el deber evangélico de tender la mano y acompañarla”, expresó el Arzobispo de Panamá.
De manera análoga, Monseñor González Nieves, a través de *El Visitante*, calificó la iniciativa como “un signo visible de comunión entre las Iglesias particulares del Caribe y una expresión concreta de la unidad que nace de la Eucaristía”. La publicación puertorriqueña extendió el mensaje, invitando a la comunidad católica global a “mantener viva la oración por el pueblo cubano, por sus pastores y fieles, para que, fortalecidos por la gracia de Dios, continúen anunciando el Evangelio y celebrando con alegría los misterios de nuestra fe”.
La logística detrás de estos envíos también merece mención. Las hostias donadas por Panamá fueron elaboradas por las Hermanas del Monasterio de la Visitación y transportadas sin costo por Copa Airlines, facilitando así el acceso humanitario. En Puerto Rico, la producción contó con la colaboración de las Hermanas Dominicas de Clausura del Monasterio Madre de Dios, quienes con dedicación prepararon las formas. Adicionalmente, numerosos fieles contribuyeron con donativos económicos, haciendo posible esta muestra de solidaridad cristiana que busca fortalecer la fe y la esperanza en Cuba.








