La Iglesia Católica en Guatemala conmemoró el cuadragésimo octavo aniversario del asesinato del Padre Hermógenes López Coarchita, figura venerada y actualmente reconocido como Siervo de Dios. Durante una emotiva Misa celebrada el pasado 28 de junio en la parroquia de San José Pinula, el Arzobispo Metropolitano de Guatemala, Monseñor Gonzalo de Villa y Vásquez, resaltó el inquebrantable testimonio de fe y servicio del sacerdote como un faro y modelo a seguir para las nuevas generaciones de clérigos y seminaristas en el país.
El Padre Hermógenes López, quien dedicó doce años de su ministerio pastoral a la comunidad de San José Pinula, dejó una huella profunda en quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo. Monseñor De Villa y Vásquez, en su homilía, compartió cómo el sacerdote es recordado por su entrega total a la feligresía, su firmeza en la fe y su incansable labor evangelizadora. “Era un sacerdote entregado, fiel y evangelizador, profundamente preocupado por su gente”, afirmó el arzobispo, evocando la memoria de un pastor que encarnó el espíritu de servicio y cercanía con su pueblo.
El Arzobispo de Guatemala hizo un llamado enfático al clero actual y a los jóvenes en formación sacerdotal para que la vida del Padre Hermógenes sea asumida como un verdadero paradigma. Instó a emular su “camino de entrega, de servicio, de austeridad, de un amor profundo por Dios y un gran amor manifestado a través de su pastoreo”. Esta invitación subraya la relevancia perenne del legado del Padre López en un contexto donde los desafíos pastorales son constantes y demandan una dedicación incondicional.
Durante los últimos años de su vida, el Padre Hermógenes no dudó en “asumir riesgos considerables” para ponerse al lado de las comunidades campesinas de San José Pinula. Su compromiso se materializó en una valiente defensa frente a un ambicioso proyecto que buscaba desviar recursos hídricos vitales de la región hacia la capital guatemalteca. Este acto de protección a los más vulnerables no solo demostró su profundo sentido de justicia social, sino que también puso de manifiesto su coraje para alzar la voz contra las injusticias, incluso cuando ello implicaba enfrentar poderes establecidos.
Monseñor De Villa y Vásquez subrayó la valentía del sacerdote, quien “con firmeza y sin temor, hablaba con la fuerza que, como se diría de San Pablo, lo hacía a tiempo y a destiempo”. Esta defensa enérgica de los derechos de los campesinos, desposeídos y marginados, inevitablemente generó fuertes tensiones y antagonismos. Lamentablemente, estas fricciones culminaron en una conspiración que buscaba silenciarlo de forma definitiva. El Padre Hermógenes fue brutalmente asesinado el 30 de junio de 1978, a la temprana edad de 49 años, convirtiéndose así en un mártir de la fe y la justicia social en Guatemala.
“Nos deja un gran ejemplo a lo largo de su vida, incluso antes de su muerte y aún antes de la causa final que condujo a su martirio”, enfatizó el arzobispo. Su sacrificio no solo marcó el fin de una vida dedicada al sacerdocio, sino que también sembró una semilla de inspiración que perdura hasta hoy.
Recordando que el Padre Hermógenes “derramó su sangre” en la misma tierra que cultivó espiritualmente con su ministerio, Monseñor De Villa instó a los fieles presentes a dejarse iluminar por este noble ejemplo. Asimismo, los exhortó a renovar su compromiso con el servicio cristiano y a vivir la fe con la misma entrega que caracterizó al sacerdote mártir. “Damos gracias a Dios por la memoria del Padre Hermógenes y le pedimos al Señor que esa memoria nos haga saber a todos que el camino de estar en la Iglesia, de ser seguidores del Señor, de ser servidores de los hermanos, es algo que nos compromete y en lo que la imagen y la estela del Padre Hermógenes nos ilumina a todos”, pronunció el prelado, reforzando la idea de una Iglesia comprometida y al servicio.
Finalmente, Monseñor De Villa y Vásquez informó a los asistentes sobre el estado actual de la causa de canonización del Padre Hermógenes López. El proceso, que busca su elevación a los altares, está siendo meticulosamente estudiado en el Dicasterio para las Causas de los Santos, la institución vaticana encargada de examinar las vidas y virtudes de aquellos propuestos para la santidad. Este paso subraya el reconocimiento de la Iglesia Universal a la vida ejemplar y el martirio del Padre Hermógenes, cuyo legado sigue vivo y desafiante en el corazón de la Iglesia guatemalteca.








